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Todología con bigote
El idioma se defiende 21

Cada vez estoy más convencido de que hay gente a la que se le deja demasiado tiempo libre y, para colmo, se le paga (o le pagamos) por ello. La mejor prueba hoy, veintinueve de noviembre, la tenemos en el Instituto de la Mujer, dependiente del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

Todo esto viene de una noticia que leo hoy en la web de la Cadena Ser donde nos cuentan que estas simpáticas ciudadanas pretenden arreglar el sexismo del idioma a base de cañonazos. Y el problema que hay, por cierto muy español, es que por querer ser demasiado puntilloso con ciertas cosas acabas cayendo en el mayor de los ridículos. O, dicho en lenguaje poético, “pa qué, pa cagal-la”.

Entiendo que a la hora de determinar el género de un grupo en el que se encuentran hombres y mujeres, en ocasiones es conveniente, necesario, justo e incluso de buen criterio, utilizar—siempre en lenguaje escrito—la barra inclinada para denotar que ambos sexos van incluidos en lo que se quiere expresar. Un buen ejemplo son las ofertas de trabajo: “Precisamos licenciados/as, jefes/as de obra, abogados/as”. Otro podrían ser los formularios: “El/la interesado/a”. A fin de cuentas, el lenguaje escrito permite, dentro de lo razonable y procurando la legibilidad del texto, que se empleen estos recursos en situaciones donde la concordancia del escrito con quien representa es deseable.

Lo que no se puede, no se debe, es pretender imponer en el lenguaje hablado el recurso a la incomodidad como pretendida prevención ante un “posible” sexismo. Y digo “posible” porque, en realidad, no creo en esa posibilidad… dudo seriamente de que alguien, cuando habla de sus estudios en la “Escuela de Arquitectos” (o de Ingenieros), esté pensando que en esa escuela solamente haya hombres, al igual que dudo de que su interlocutor piense eso al oír dicha expresión. Me recuerda a una anécdota que me contaron de un colegio del Opus Dei, en la que los curas les decían a las chicas que no cruzasen las piernas, porque con eso podían excitarse… cuando probablemente a la mayoría, hasta ese momento, ni siquiera se les había ocurrido tal posibilidad ligada a ese gesto. Y aquí pasa lo mismo: una cosa es luchar contra el sexismo y la otra ver fantasmas por todas partes.

Se ataca a la RAE porque, según el Instituto de la Mujer, esta institución se resiste a ir cambiando la gramática y el léxico español para evitar ese sexismo. La crítica es correcta en cuanto a su destinataria, pero está mal enfocada: la RAE no impone, sino que sanciona, como bien se comentaba en otro post de esta misma serie; pero sí es cierto que aún conserva en su diccionario los significados sexistas de ciertas palabras, que difieren diametralmente (y para mal) según se digan en masculino o femenino. Ejemplos:

fulano, na.
(Del ár. hisp. fulán, este del ár. clás. fulān, y este quizá del egipcio pw rn, este hombre).
1. m. y f. U. para aludir a alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar.
2. m. y f. Persona indeterminada o imaginaria.
3. m. y f. Con referencia a una persona determinada, u. en sent. despect.
4. m. y f. querido.
5. f. prostituta.

hombre público.
1. m. El que tiene presencia e influjo en la vida social.
mujer pública.
1. f. prostituta.

verdulero, ra.

1. m. y f. Persona que vende verduras.
2. f. coloq. Mujer descarada y ordinaria. [y menos mal que han puesto lo de coloquial]

Sin embargo, en vez de centrarse en esto y atacar por ese flanco, que sería lo más lógico y que a mí sí que me parece grave, se enfrascan en determinar el sexo de los ángeles (y ángelas) y salen ahora con que deberían imponerse por decreto palabras como “albañila”, “bedela”, “bachillera”, “archivera” (¿y por qué no “archivista”, que podría valer para ambos sexos?). Sin embargo, fíjense en la paradoja que esto supone… se pasaría de usar la letra “a”, representativa por principio del femenino, como sustituta de la “o” para el masculino… ¡a utilizar la “a” exclusivamente para el femenino, asumiendo que cualquier consonante pertenecería por principio al género masculino! Pues tres hurras para el Instituto de la Mujer, porque acaba de reducir al género femenino a una sola letra. Por cierto, ya puestos… ¿exigirán también, por el mismo razonamiento lógico, que se diga “periodisto”, “dentisto” o “taxisto”? Mis alumnos alemanes de español estarían encantados, les sería mucho más fácil aprenderse las profesiones.

Y hablando de Alemania y del alemán (¿qué les parece el inesperado giro argumental, eh, eh, eh?), veamos qué pasa en éste, donde los géneros en las profesiones están siempre bien diferenciados: en masculino se representan por el nombre de la profesión, tal cual; por ejemplo, Anwalt, “abogado”; Ärzt, “médico”, Architekt, “arquitecto”, Taxifahrer, “taxista” o, literalmente “conductor de taxis”. En femenino se añade el sufijo —in a la palabra: Anwaltin, Ärztin, Architektin, Taxifahrerin. El plural para este sufijo es —”innen”, como veremos un poco más abajo. Efectivamente, hay una diferenciación clara, aunque si nos ponemos estrictos es también discriminatoria, pues para formar el femenino siempre se parte del masculino, pero permite hacer esa diferenciación.

¿Qué pasa con el plural, entonces? Pues en este idioma, “der” es el artículo masculino, “die” el femenino, y el plural, independientemente del género es… “die” (¡sorpresa!). Es decir, die Architekte, los arquitectos; die Architektinnen, las arquitectas. En lenguaje escrito, para indicar un grupo de ambos sexos se pondría die ArchitektInnen (observen la I mayúscula). ¿Debo aclarar que nadie, ni hombres ni mujeres, se quejan en este punto? Quizá porque el hecho de que se use el artículo femenino para pluralizar nadie lo considera sexista… simplemente, por comodidad y por uso, la gente está acostumbrada a ello sin darle más vueltas al asunto.

Con el español pasa algo parecido. Para un plural genérico se utiliza tanto el artículo como el sufijo masculino, si procede. El hecho de que durante demasiado tiempo el empleo de ese plural nos provocara la imagen mayoritaria o exclusiva de un grupo compuesto por hombres no es culpa del idioma ni de la RAE, ni siquiera del Ministro del Ramo, sino de una circunstancias laborales y sociales que eran las que eran, fundamentalmente machistas, o si lo prefieren, con el hombre en el papel (muy) predominante. El lenguaje no es, en mi opinión, sexista, sino que es sexista el uso que se le da o que se le ha dado. Cuando sea moneda corriente (y lo será) el ver un grupo de ingenieros donde haya tantas mujeres como hombres, o incluso más, la expresión los ingenieros no evocará, y perdónenme la vulgaridad, “un campo de nabos”.

El uso de un plural genérico en lugar de emplear la duplicidad de, por ejemplo, los artículos, no obedece a motivos sexistas por más que el Instituto de la Mujer y sus pretendidas “expertas” se empeñen en ello. Obedece a la costumbre y, sobre todo, a la comodidad del uso, ya que los idiomas son prácticamente seres vivos que se mueven y respiran a través de quienes las hablan. Tratar de imponer una forma de hablar o de escribir con fines un tanto espurios (palabro del día, fresco lo tengo oigan) hace un flaco favor al objetivo que se persigue. Textos como los que aparecen en la web que les reseño al principio de este artículo, teniendo un fondo no desdeñable, acaban llevando a la carcajada por cómo están planteados, desde la perspectiva de una corrección política desmedida, que no tiene nada que ver con la lucha por la igualdad de sexos. Ninguna casa se puede empezar por el tejado y pretender que se aguante. Y el idioma, la Historia y su evolución lo demuestran, es siempre el tejado que corona cada etapa en el desarrollo de una sociedad.

Postdata: No sabía dónde encajar esto, pero si no lo digo reviento. Uno de los documentos que aparecen en el enlace es éste. Observen que es un pdf de unas treinta páginas con un tipo de letra enorme y dibujos que en ocasiones ocupan páginas completas, lo que nos acaba dejando un texto con muy poco contenido y plagado de lugares comunes. Y esto en un organismo oficial, y pagado por todos. Lo dicho, que hay gente con demasiado tiempo libre y no saben qué hacer con él, pero tienen que justificarse de alguna forma.

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