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Todología con bigote
Gürtel en dos ráfagas

Lo que se sienta en el banquillo del caso Gürtel (y, por la tangente, del caso Black-Bankia) no es una panda de raterillos que aprovecharon una ocasión para llevarse dinero de lo público. No. Lo que en ese banquillo se sienta, y da igual las matizaciones que se hagan, es un partido político que actualmente ostenta (¿detenta? mejor me callo) el gobierno de España. Lo que se juzga es una forma de hacer política, de manejar los dineros y los instrumentos del Estado, en beneficio de un grupo de personas que llevan desde siempre considerando que el país es suyo y nadie tiene derecho a discutírselo. Ese partido, esos gobernantes, siguen en posiciones de poder. Los que están hoy delante de un juez eran (fueron, son, serán) miembros natos e ilustres de tan selecto grupo, amigos del alma, compañeros de colegio, conspiradores de una apropiación bastante indebida. Observen sus caras: hasta hace poco, todos ellos estaban en puestos importantes y responsables de las distintas administraciones públicas. Y recuerden, sobre todo, que quienes los colocaron allí hoy se esconden como cobardes que son.

Coda: teniendo en cuenta que la mayor parte de esos presuntos en el banquillo fueron cercanos al expresidente del gobierno, cabría plantearse acuñar un término equivalente a “borboneo” para aplicarlo a aquel señor con bigote fugado. Parece claro que la proximidad con Aznar acaba siendo peligrosa.

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