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Todología con bigote
El post del año

A punto de terminar, me gustaría hacer un pequeño repaso de mis notas preferidas a lo largo de este año de posts diarios. Es una revisión muy rápida y nada exhaustiva, puesto que recorriendo los archivos he tenido que entrar en más de alguno de ellos para recordar qué diantres escribí bajo un críptico título. Cada post tiene mil razones para haber sido escrito (o sólo una: es lo que salió de la cabeza en ese momento) y otras mil para incluirlo aquí, pero con seguridad los lectores habrán encontrado otros más interesantes que los que aparecen en esta pequeña lista. Si les apetece dejar sus preferencias, están los comentarios a su disposición.

Dos (o tres) escenarios republicanos que no te gustan surgió el día de la abdicación del rey, que detonó una bomba de peticiones de referéndum por parte de republicanos recalcitrantes que no parecían haberse dado cuenta de que tal iniciativa podría tener un efecto contrario al que deseaban. La intención de la nota fue explicar que la democracia siempre corre en varios sentidos, muchos de ellos opuestos entre sí pero igualmente posibles como resultado de un proceso plebiscitario (o unas elecciones de cualquier tipo), y que me da la sensación de que no siempre somos conscientes de esto, ni estamos dispuestos a aceptar un resultado contrario a nuestros intereses. He intentado volver varias veces, quizá no demasiado en profundidad, sobre este concepto, porque sospecho que hay que recordarlo de vez en cuando.

Cómo se vota en las elecciones municipales alemanas debe de ser el único post verdaderamente informativo que he escrito durante todo el año. Y su génesis, en realidad, fue muy sencilla: en cuanto vi la papeleta de más de un metro de largo y la multiplicidad de opciones para ejercer el voto que se ofrecen en esas elecciones, supe inmediatamente que debía escribir sobre ello. Por supuesto, no faltó la pulla final hacia la incompleta democracia española.

¡Que cese la tradición! pretendía ser una reflexión sobre esa tendencia humana a seguir haciendo ciertas cosas, por bárbaras e ilógicas que parezcan, “porque siempre se ha hecho así” como único argumento. Además, ya de entrada me tiraba a la piscina sin agua, calificando —lo sigo pensando— a toda tradición de mentira. También creo que es algo necesario de recordar de vez en cuando, pero en este caso sospecho que iba a ser predicar en el desierto todas las veces.

El año que inventamos el béisbol es una de esas notas que recuerdan la infancia, a las que he acudido con cierta frecuencia durante estos doce meses. Funcionan como una especie de diario que me decidí a escribir, aunque siempre dije que no contaría cosas excesivamente personales, porque pensé que era una buena forma de conservar recuerdos que la memoria ha tenido a bien dejarse en un rincón, antes de que el propio paso del tiempo los vuelva difusos. Creo que son los textos que mejor me salen, pero a éste en particular le tengo mucho cariño, igual que a la anécdota que narra.

Los muertos de tuiter es lo que yo llamo “post antropológico”, que quise cargar de sátira (no sé si lo conseguí) para contar cómo nos comportamos en las redes sociales cuando suceden hechos luctuosos, especialmente esa querencia que tenemos por contar las necrológicas antes que nadie, como nuestras abuelas leyendo las esquelas del ABC. Un pequeño análisis del homo twitteriensis que resultó sorprendentemente exacto.

Panchazos fue y es un cabreo sublime cada vez que oigo la puta palabreja “panchito” para referirse a un latinoamericano. Sirva como bofetada a los que la usan con tanta alegría y desdén.

Contra los desacentos. Creo que éste ha sido el post más popular, o uno de los más populares de todo el año. También es uno de los que más satisfecho me siento y del que me he acordado en particular durante estas semanas de sevillaneo con un toque de Galicia. Porque pocas cosas dicen más de nosotros que nuestra forma de hablar, y por eso conviene defenderla con uñas y dientes, en vez de esconderla con vergüenza por lo que vayan a decir los bienhablantes catetos.

Me he dejado unos cuantos, pero tampoco quería hacer una lista eterna. ¿Tiene usted, lector habitual u ocasional, o visitante que acaba de toparse con este cuaderno y se ha puesto a escarbar en los altillos, alguna nota que le haya gustado en concreto? O que no le haya gustado en absoluto. Cuéntemelo, si quiere.

Faltan dos días.

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