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Todología con bigote
Ideas Sueltas #32

Ciento ochenta y seis
No me veo con fuerzas para leerme en detalle el informe del Senado estadounidense sobre las torturas de la CIA. Ya solamente los extractos que la prensa está dando resulta suficiente para provocarme arcadas, pero el asco se acentúa cuando leo declaraciones de los psicópatas que gobernaron en los años posteriores al 11-M, y de sus todavía acólitos recalcitrantes en los medios de comunicación de allí y también de aquí. La guerra eterna, la guerra sin fin que tan bien satirizó Verhoeven al adaptar las Tropas del Espacio de Heinlein. Se presentan, es inevitable, debates sobre un supuesto dilema ético, que se derivan en debates sobre si, efectivamente, estamos o no en guerra y, consecuentemente, las reglas del mundo civilizado se desmoronan mientras esa guerra dure. Por otra parte cabe preguntarse si existe dilema ético en absoluto. Incluso uno de los periodistas más conservadores del New York Times, Thomas Friedman, es incapaz de plantearlo, bajo la premisa de que los Estados Unidos están, o deben estar, muy por encima de eso. Y cita él mismo al senador republicano John McCain, de lo que queda del ala moderada de ese partido y uno de los ponentes del informe: “These methods, […] were neither in the best interests of justice nor our security nor the ideals we have sacrificed so much blood and treasure to defend. We are always Americans, and different, stronger, and better than those who would destroy us.” Es una postura extrañamente idealista, claro, conociendo como conoce la Historia de su propio país, pero representa muy bien una forma de pensar que parece perdida para siempre dentro de la política norteamericana. Y, por extensión, se está difuminando en una sociedad cada vez más polarizada.

Ciento ochenta y siete
La nota de ayer se me quedó cortísima, pero la idea es ancha: básicamente la quiebra de la Justicia en España, como concepto y como administración. Es un agrietamiento, lento y constante, que se produce por presión consciente de quienes tienen los medios y el poder para sujetarla, y bien que hacen uso de estos. Vienen ahora las reformas que obligan a recortar plazos pero no aportan dinero, ni medios, ni más jueces, ni más personal, ni un impulso serio a la agilización de los procesos y las sentencias. Sólo tiene la intención espuria de echar el cerrojo a aquellos casos que ponen en peligro la supervivencia de los de arriba (los que mandan y los que les mandan) y, a la larga —o quizá a la muy corta— la del sistema que les protege.

Ciento ochenta y ocho
La multa es más efectiva que la cárcel para la gente que exige sus derechos en la calle. Por eso el viernes se aprueba la ley mordaza. En concreto, la mordaza de tu cuenta corriente.

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