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Todología con bigote
El obispo-mopa

Regresando al tema de antier, y por si no pudiesen sus eminencias (un día habremos de averiguar a qué eminencia se le ocurrió tratar de eminencia a un cura) hacer un ridículo más espantoso, aparece hoy la fotito de los obispos de Graná haciendo la babosa sobre el mármol de la catedral —que, suponemos, fue convenientemente fregado y desinfectado antes, aunque no sabemos si también después— a modo de postración para pedir perdón por sus conscientes ignorancias. Una imagen patética a la vez que inservible, especialmente para víctimas y familiares.

Como el diablo está en los detalles, aquí se les escapó uno importante: la humillación se hizo en dirección al altar, es decir, ante el dios católico, pero no ante sus fieles, rebaño en la tierra y para los obispos mucho menos importantes, excepto a la hora de pasar el cepillo. Reconozco que no sé cómo se tomaron la cosa los que estaban sentados en los bancos de la iglesia pero, salvo que de repente se me haya olvidado cómo funciona la feligresía, sospecho que la mayor parte de ellos habrá considerado suficiente el detalle arzobispal y habrá proseguido impertérrita con el oficio eucarístico, recibiendo la comunión de manos de esos mismos curas, que a saber dónde las habrán metido antes. Pues el cristianismo es una religión de amor y perdón —ahora, porque hace unas cuantas décadas, telita—, cosa que resulta tremendamente conveniente cuando se hace circular en ambos sentidos. Y ahora es cuando se cobra el peaje, que a estos se lo lleva pagando el Estado desde que Fernando de Aragón iba en calzonas y niki.

El gesto hipócrita y fariseo, que nunca debería servir como sustituto de la responsabilidad ante el silencio de años y años, además de ridículo resultó escasito. Si hubiesen querido fustigarse de verdad, o al menos dar un espectáculo apropiado para salir en el prime time de la tele, tendrían que haber culebreado por el pasillo central de la catedral, salir por la puerta sin despegar la tripa del suelo (yo tengo dudas de que alguno haya podido hacerlo, en cualquier caso) y arrastrarse como lo que son hasta la puerta de la comisaría más próxima. Que la justicia divina estará muy bien pero suele llegar con más retraso todavía que la humana. Y ante la humana es donde deberían responder, no pegando la barbilla al piso, sino sentados en un banquillo y mirando de frente a aquellos a los que “por obra y omisión”, como dice su letanía, hicieron sufrir durante tanto tiempo.

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