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Todología con bigote
Celtiberia con bigote: Y de postre, castañas

Reconozco que esta sección no sería lo mismo sin La Voz de Galicia y sus sabrosos titulares. Si no fuera por ellos (y, en general, por la gallega idiosincrasia que construye la parte celta de estas notas) probablemente las historias de las que aquí nos hacemos eco provocarían menor levantamiento de cejas y, con seguridad, mucho menos asombro. La frase “pero qué me estás contando” es la que más se me viene a la cabeza cada vez que leo las secciones locales de dicho diario.

En esta ocasión ha sido un suceso del año 2008 en A Coruña, cuando un escritor sufrió las iras de un hostelero por exigirle que ajustara lo servido al plato anunciado en la carta:


Denuncia que un hostelero le agredió tras recriminarle que los espaguetis llevaban poco bonito


14/8/2008

Xavier Vila-Coia, uno de los escritores invitados a la feria del libro, ha denunciado ante el juzgado de guardia por agresiones al propietario de la pizzería Pepe, acusándolo de generarle varias lesiones. Según Vila-Coia, tras ser atendido de urgencia en el Hospital Teresa Herrera, le diagnosticaron un traumatismo cráneo-encefálico, una contusión retiniana y sinéresis vítrea en el ojo derecho. Esta última conlleva, tal y como explica el denunciante, una deficiencia crónica que afectará a su visión de por vida.

Los hechos denunciados ocurrieron el pasado domingo, a las 0.30 de la noche. El agredido, que se hospedaba en un hostal próximo, acudió a la pizzería, situada en el número 122 de la ronda de Outeiro, para cenar. «Pedí unos espagueti con bonito —detalla Vila-Coia— y cuando me los sirvieron vi que no tenían suficiente bonito, que prácticamente solo tenían tomate. Le dije al dueño que aquello no era lo que yo había pedido y él me dijo que sí que tenía, mostrándome alguna migaja. Decidí no tomarlo, ya que no se ajustaba a lo que anunciaban en la carta. Aún así, me lo cobraron igual».

«Entonces, le solicité el libro de reclamaciones —recuerda—. Al principio, no me lo quiso dar, decía que no lo encontraba. Luego, apareció y me lo dio, pero no quería sellar la reclamación. Insistí y finalmente lo hizo».

Una vez logró hacer su queja, Xabier Vila-Coia comenta que se dirigió a la calle. «Vi como estaba el ambiente y pensé que lo mejor era irme y ya cenaría en otro lado». Sin embargo, explica que el propietario del establecimiento salió tras él, vociferando insultos y amenazándolo, hasta empezar a golpes con él. «Me cogió en la esquina —se refiere a la intersección entre la calle Capitán Juan Varela y la ronda de Outeiro— y me dio un puñetazo que me tiró al suelo. A partir de ahí, me empezó a patear».
[…]
Esta redacción ha intentado ponerse en contacto con el denunciado durante todo el día de ayer. El local permaneció cerrado toda la jornada y el teléfono no fue contestado.

No quiero imaginarme cómo deben ser los repartos a domicilio si el cliente se queja porque le llegue la pizza fría.


La noticia original, aquí. En esta ocasión tengo que agradecer a doña Mirto, que ha puesto hoy un tuit con el enlace y a Herr Pozuelo, que con su retuit me puso sobre aviso. Gracias a ambos, pues.

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