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Todología con bigote
¿Generación Qué?

Es muy probable que estemos asistiendo a un cambio generacional en la política española, pero esta vez en serio. En los últimos cuarenta años habíamos presenciado solamente cambios parciales que, normalmente, se daban sólo en la oposición como paso previo a tomar el gobierno: González sucedió a Suárez, diez años mayor que él, y dejó en el banquillo a Fraga. Éste dejó paso a Aznar, once años más joven que el socialista y que, a su vez, cedió el sillón ante Zapatero, nacido siete años más tarde. La excepción, dentro de una serie de circunstancias igualmente excepcionales, ha sido Mariano Rajoy, aunque somos conscientes desde hace tiempo de que el PP podría haber puesto igualmente al abuelo Simpson, que no habría habido diferencia en el resultado. En cualquier caso es interesante comprobar que con esa sola anomalía, la sangre nueva ocupó el poder que dejaba la vieja, pero siempre con la generación del aspirante al cargo agarrada de la mano de la generación titular y arrastrando parte del bagaje de ésta. Y eso es lo que parece que está a punto de cambiar.

La noticia política de hoy ha sido la renuncia de Cayo Lara a presentarse a las primarias de IU que determinarán el candidato a la presidencia del gobierno en 2015. Es una pieza del dominó presente que cae, y que deja el camino aparentemente libre (salvo que los cainismos habituales vuelvan a asomar la cabeza) para que personas como Alberto Garzón y otros de su quinta aspiren al liderazgo de la coalición de izquierdas. La irrupción de Podemos (he perdido la cuenta de las veces que he usado esta frase ya) viene cargada de gente joven y en su mayoría ajena a la historia política española reciente. La elección de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE tuvo como primer efecto el cambio completo del equipo dirigente por afines al nuevo jefe. UPyD sigue manteniendo a Rosa Díez como líder aparentemente indiscutible, pero igual por eso le empiezan a comer terreno otras formaciones como Ciudadanos, que pertenecen también a tiempos distintos al de la vasca. Incluso en esa anomalía que sigue gobernando podría producirse un cambio si Rajoy decide no presentarse a las elecciones o si dichos comicios le sacan de la Moncloa, directamente o vía pactos (incluyendo la aún no descartable “gran coalición” con el PSOE), dejando en cualquier caso el mando en manos de Soraya SdS, que con seguridad también colocará a su gente en los puestos que aún ocupan viejas glorias del aznarismo.

Éste es un fenómeno que tiene visos de extenderse a otras palancas de poder en comunidades autónomas y ayuntamientos. Si las previsiones de las encuestas se cumplen mínimamente, partidos en general y barandas en particular que llevan décadas sacando brillo a(costa de)l presupuesto pueden estar ya concediendo o pagando sus últimos favores antes de actualizar la libreta de ahorros suiza. Y los que vienen detrás, aparte de ser de partidos distintos, también asoman con unas cuantas arrugas menos, aunque en algunos casos sigan teniendo telarañas en el nervio moral. Por hacer una analogía balompédica, esto podría parecerse al día después del mundial de 1970, cuando toda una generación de jugadores, selecciones e incluso el propio trofeo hicieron mutis por el lateral para dejar el proscenio a nuevos talentos y formas de jugar al fútbol. La analogía termina ahí, por supuesto: ya quisieran tener nuestros políticos la inteligencia y la maña del Brasil de 1970 o la RFA y Holanda en 1974.

Aún sin despertar entusiasmo, o sólo muy limitado, me parece una situación muy interesante de presenciar y que, con seguridad, acabará siendo materia de estudio dentro de unos cuantos lustros. Si, como espero, se consuma dentro de un año con varios candidatos de nueva planta para las generales, incluyendo a la del Partido Popular, asistiremos a una pelea curiosa entre políticos que tendrán poco pasado que reprocharse (exceptuando a quien venga del gobierno), ideas hasta ahora bastante vagas y, sobre todo, necesidad de marcar diferencias respecto de la generación precedente. A ver, no es que espere de esta gente grandes cosas, ni siquiera cosas medianitas, pero sí que tengo mucha curiosidad por ver qué pasa cuando las discusiones políticas ya no puedan acudir a “herencias recibidas” o muertos en las cunetas para establecer un argumento; eso sin contar con que se va mandar a casa (o al consejo de administración más cercano) a una buena carretada de zánganos que llevan ya años “diputando” por inercia. Y todo de una vez, a poco que la gente siga así de cabreada en los próximos doce meses.

Asistiremos, pues, a un cambio importante. Nadie dice que lo que venga vaya a ser bueno, claro. Pero precisamente por eso es necesario formar parte de él y no limitarse a observarlo desde la sombra. No vaya a ser que tengamos que esperar como mínimo otros cuarenta años para el próximo.

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