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Todología con bigote
Encueste lo que cueste

Empiezo pidiendo perdón por el título, pero la tontería ha sido más rápida que yo. Y ahora, hablemos de Pablemos, del CIS y de las cocinas de palacio (de la Moncloa). Habrán notado que la noticia del día no son las elecciones de mitad de mandato al Congreso de los EE.UU., que se han saldado con una clamorosa derrota para el Partido Demócrata y la perspectiva de dos años de bloqueo en la política norteamericana, sino la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre intención de voto.

¿La han visto? Porque da unos datos realmente revoltosos: por un lado está la intención directa de voto, que básicamente es que te preguntan por quién votarías mañana si hubiera elecciones. Que vete a saber, hoy puedes decir una cosa, luego por la tarde cenas picante, pasas la noche del loro y al día siguiente te vas al colegio electoral, donde no habrá urnas porque mañana NO hay elecciones, y del cabreo mismo acabas votando a la Falange Auténtica, o Antigua, o Antígona, o Antígena… bueno, a una de las que hay. Y hala, a tomar por culo la encuesta; pasado mañana un todólogo dirá que vaya manera de cagarla, señor Metroscopia.

Pero estoy divagando… el caso es que en intención directa de voto, una mayoría de encuestados ha dicho que Podemos mola; luego ya detrás viene er Sánshe, quesmuguapo, y detrás del todo, así como pasado El Garrobo, aparece el señor de barba que sale por la tele; no, el de la coleta no, el teleñeco de los chuches.

Y ahora viene un truco de magia: como la intención de voto directa, lógicamente, no puede usarse como resultado porque más te vale no imaginar en qué sitios de mala muerte habrás estado preguntando, que seguro que en ninguno de ellos hay un fostersjoligu desos. Así que hay que aplicar correcciones que se derivan de veinte mil cosas diferentes: el recuerdo de voto de elecciones anteriores, la estratificación de la muestra y la asunción de un “voto oculto”, porque ahora mismo decirle a un extraño que votas a según qué partidos te da como cosica y, o bien dices que notacuerdas, o te lo inventas miserablemente, sabiendo que en las próximas elecciones vas a volver a dar tu papeleta al Real Madrid o al Calavera CF. Aplicar todas esas correcciones se llama “cocina”; principalmente porque lo que de allí sale te quema si te lo comes muy deprisa.

Ocurre que en este caso la cocina ha salido como la del Topchef un día de salmonelosis, y te encuentras con la pintoresca estimación de que al Partido Popular, tercero en el voto directo declarado con apenas un 11,7% de encuestados, le duplican el porcentaje, le añaden la propina en B, y lo colocan el primero con una estimación del 27% de votos, seguido de Sánshe, al que pasan del 14,3 al 23,9%, y tercero Pablemos con el 22,5 estimado desde una intención directa del 15%. ¿Es posible? Es posible.

Abundando en lo que dije ayer en un suelto (en una idea suelta, no que me pasase con el picante), las encuestas son sólo encuestas; reflejan tendencias que dependen de un momento y unas circunstancias concretas, y esas tendencias se asientan cuando dichas circunstancias se mantienen estables en el tiempo durante un período más o menos largo. En este caso, ese período es la crisis y las circunstancias son “lo jartible” de quienes la están gestionando. A eso se le suma el éxito reciente de Pablemos en unas elecciones, que siempre sirve de combustible para impulsar a un partido hacia objetivos más ambiciosos, así como la base sistemática de votos que los partidos tradicionales, por lo general, usan de colchón. Luego habría que recoger datos sobre la simpatía que se tiene por un partido concreto o la valoración personal que se hace de un candidato potencial, incluyendo preguntar si se le conoce o no. Eso sólo por nombrar unos cuantos factores, pero sigamos con la complicación: no tienen por qué entrar todos los elementos en la cocina; es más, lo habitual es que se generen varios modelos de estimación que cuenten sólo una parte de esos factores y después los corrijan con otros. O que contextualicen de manera diferente los datos recogidos en crudo. A partir de aquí, es fácil comprender que el trabajo estadístico es complicado y más denso de lo que parece. Es casi como el de un árbitro de fútbol: no importa el cuidado que le pongas, que al final siempre va a haber alguien que se cague en tu padre, con perdón.

Por eso las cocinas estadísticas son importantes (más que las de algunos chefs estrella, en cualquier caso) y, sobre todo, las oleadas periódicas de las encuestas son necesarias, pues aportan estabilidad y solidez la tendencia de opinión del universo que se desea investigar, más allá de vaivenes coyunturales. Por ello se entiende mucho menos el resultado de cocina de la última encuesta… pero en mi caso concreto, es que no lo entiendo ni por arriba ni por abajo, es decir, no sólo me choca ese salto brutal que ha dado Pablemos hasta el 22% de voto estimado, sino que el gaviotero popular, a pesar de la diferencia sustancial en la intención directa que tiene con sus competidores, escala hasta la primera posición (incluso con margen) en una situación donde lo normal es que estuviera más que hundido en los sondeos, con cocina o sin ella. Incluso con la mosca tras la oreja, un empate con Sánshe me habría resultado más convincente. Como el CIS no publica la metodología usada para el cálculo de estimaciones (indicando, por otro lado, que otros modelos pueden dar otros resultados), mis preguntas a sus responsables son igualmentes directas y claras: ¿Qué modelo se ha usado? ¿Han calculado modelos alternativos? ¿Qué resultados dieron? ¿Por qué se aplican esas correcciones tan abruptas?

Y la pregunta más importante: si se utilizaron varios tipos de modelos, ¿de quién fue la decisión final de emplear uno y no otro? Y más importante aún: ¿Se trasteó en los resultados incluso después de elegir el modelo? Son preguntas sin respuesta, claro: desconozco los métodos del CIS (¿algún lector que pueda aportarnos luz?), si realmente se calculan varias estimaciones bajo patrones distintos, o cuáles son los criterios de fecha y condiciones de publicación de los resultados finales. Pero se ven suficientes indicios como para arrugar la nariz (no lo haga, que te pones feísimo) y cuestionar, una vez más, una información muy susceptible de manipularse como propaganda. No sería la primera vez que se hace, incluso sin trampear las encuestas; ya en varias ocasiones se decidió eliminar las preguntas políticas y de voto de la encuesta, tan pronto pintaban bastos para el gobierno. Ahora los trucos son más sutiles pero igual de catastróficos.

Dicho todo esto, mi mayor escepticismo vuelve a estar en los resultados de Pablemos; no porque no piense que, efectivamente, pueden darle un vuelco al panorama electoral español. Quedan seis meses para las municipales y no parece que hayan perdido esa fuerza que les llevó a su espléndido resultado en las elecciones europeas (y a que, desde entonces, se estén subiendo al carro incluso gente que no hace mucho se dedicaba a ponerles palos en las ruedas), pero también es cierto que en el camino hacia las urnas mucha gente se piensa dos, tres, mil veces el voto y, al final, suele ser más conservadora eligiendo al alcalde de su pueglo que mandando a un muchacho a hacerse el Erasmus en Bruselas. No hay duda de que los resultados, cocinados y con socarrat, están ya generando reaciones de todo tipo; entre los partidos y la prensa tradicionales, casi ninguna buena (hoy mismo, el enésimo intento de vincularles con ETA), así que parece que Pablemos está poniendo nerviosa a mucha gente que no había estado nerviosa antes. Pero, si me permiten un tópico bastante odiable, por una vez estoy de acuerdo con que “la verdadera encuesta es la que hacen las urnas”. En concreto, las urnas de las municipales y autonómicas de mayo, donde podremos comprobar con mayor y mejor base si las perspectivas de Podemos de cambiar las cosas son ciertas o no; esas elecciones serán una encuesta muy sólida de cara a las generales de noviembre. Y esto sí que no es exagerado: el vuelco en las primeras suele traducirse en uno similar en las siguientes… y el batacazo también

Así que no descorchen el champán todavía, pero pónganlo en un sitio fresco, por si acaso. Vayan a votar en cuanto toque, observen los resultados… y a partir de ahí ustedes decidirán cómo quieren intentar que sea el país durante los siguientes cuatro años; que para eso, suponemos, no va a haber cocina que valga.


PS: Alberto Sicilia nos da un par de pistas sobre el funcionamiento de una cocina estadística. Cortito pero ilustrativo.

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