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Todología con bigote
304 espacios en blanco

Trescientos cuatro días, trescientas cuatro notas. No es verdad; son en realidad más, porque los días de microrreseñas siempre hay alrededor de cinco o seis. Pero dejemos la frase así, nivelada.

La nota de ayer tuvo mucho que ver con un día largo en una semana extraña, en la que pasan tantas cosas y se te cruzan por la cabeza tantas ideas que, incluso con todo lo que hay que hacer durante la jornada, tu mente aprovecha los tiempos muertos (y algunos robados a los vivos) para bocetar el post de la noche. Todo para que, cuando llega el momento de sentarte frente al recuadrito del gestor de contenidos, tu cabeza se vacíe de golpe como el wáter de un avión y te quedes totalmente en blanco. Y entonces hay que rebuscar en el suelo, recoger todas esas piedrecillas donde se incrustaron trozos de pensamiento e intentar montar un mosaico más o menos inteligible y que aguante durante cinco o seis párrafos, o los que salgan. A veces es simplemente colocar una foto, algo que refleje un momento del día en el que puedes ver a simple vista dónde va a caer el encuadre, o que haya salido exactamente como tú querías; y hasta para eso echas más tiempo del que pensabas recorriendo las miles y miles de imágenes que ese pozo sin fondo de la cámara contiene. En otras es una pregunta lanzada al aire; normalmente algo que te ha estado pinchando en la sien durante todo el día, pero en ocasiones no es más que un destello de inquietud que hay que poner en palabras y dejarlo madurar. No siempre sale de la vaina.

Las ideas sueltas son otra cuestión: en días como hoy, por ejemplo, hay muchísimos temas donde salta una opinión, un pensamiento o un exabrupto. Es por eso que aparecen numeradas y mezcladas, sin hilo ni relación entre sí, según las manos van tecleando. Es decir, que salen espontáneas, pero ni mucho menos en bruto; a veces, antes de darle al botón de publicar, hay que quitarles a algunas las astillas. No obstante, creo que ese estante desordenado del cuaderno es el que refleja más fielmente lo que pienso… al menos en ese preciso momento. Hay días en que esas ideas están tan enredadas en ellas mismas que lo que sale es una nota por la que se van escapando de cualquier manera. Como nunca supe dónde encuadrar esos textos, decidí llamar al conjunto filosofía del atasco, que es como una miscelánea a borbotones. Otras veces los colocaba en la sección de seres humanos o de mundo mundial, que vienen a ser casi lo mismo pero dan alguna concesión más a mi cuadriculamiento (¿cuadriculación?), para que esto no sea un completo caos. ¿A quién quiero engañar? Está todo absurdamente ordenadito.

Me fastidia no haber escrito más relatos, aunque por otra parte es verdad que llevaba tres años sin publicar ninguno. Quizá porque estoy en una época en la que leo bastante más de lo que escribo y prácticamente nada de ello es ficción, lo que atrofia bastante la parte soñadora del cerebro. O porque perdí la costumbre de sentarme a solas en una cafetería a pasar horas con un bolígrafo y una libreta. O porque me apetece menos. O porque la vida real ya da para bastante novelería y, consecuentemente, haya sido la política la responsable de una cuarta parte de las anotaciones en lo que llevamos de año (y la razón de que lleve casi dos semanas sin tocarla, ya puestos). Sea cual sea la razón, me fastidia. Es cierto que la ficción forma parte de otras etapas del blog, como los consultorios o los anuncios por palabras, pero ahí siempre va una muleta extraída de las noticias diarias, que da apoyo al resto de lo escrito; igual que en los papeles celtibéricos, que son una pequeña “trampa” para los días más áridos, en la que el propio absurdo del mundo real te ayuda a completar un recuadro y, de paso, a aprender algo más de la condición humana.

Estas son, a grandes rasgos, las fuentes de lo que ustedes llevan leyendo desde principios de año. Hoy, como final de mes, tocaba hacer otro balance parcial y quería contarles muy brevemente por qué una nota puesta en lo alto de una montaña rueda hacia un lado o hacia el contrario. Además, poco a poco se va acercando la conclusión de este proyecto y ya va siendo hora de ir cuadrando los libros, por lo que me pareció un buen momento para explicarles algunas cosillas más formales, sin dejar de lado las habituales reflexiones sobre motivación y dificultades para escribir. Dicho esto, hacemos otra muesca en la culata y empezamos la cuenta atrás. A ver si soy capaz de terminar con el mismo brío con el que comencé, y que a ustedes les apetezca seguir leyéndolo.

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