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Todología con bigote
Firma Invitada: Fanshawe

Como llevo ya varios artículos sobre ciclismo, y siempre en sentido negativo, aprovecho hoy para colgar uno mucho más épico y positivo. Pero para eso prefiero que lo escriba mi hermano, apasionado de este deporte como pocos y que, cuando se pone, le salen mucho mejores artículos que a mí (es decir, casi siempre :-)
A mí me ha emocionado. Espero que a ustedes también.

El tour y yoFanshawe

El ciclismo es el deporte que más me gusta de todos. Más que el fútbol, más que el tenis, más que ningún otro. Los flipados del ciclismo somos aficionados absurdos, incomprendidos por los demás que nos observan alucinados cómo miramos sin pestañear un pelotón de ciclistas en la pantalla que se mueven con ritmo monocorde durante horas. Es un poco como lo de la Fórmula 1 cuando no te gustan los coches. Los que ahora lo ven por Alonso dejarán de verlo cuando éste se vaya. Los veteranos amantes de las cuatro ruedas siempre suspiran por Senna.

En el ciclismo es igual. Induráin congregó a centenares de miles de personas durante los mediodias de Julio durante cinco años. Mi buen amigo Juanito y yo siempre musitamos: “Ya, pero como Perico…”. Y los no-pirados como nosotros nos miran frunciendo el ceño, y no comprenden que nos levantemos emocionados y gritando con el Chaba demarrando después de lo que parecía una pájara o con Jalabert ganando a lo grande en los Lagos de Covadonga, mientras que cuando Induráin marcaba el mejor crono en Luxemburgo apenas esbozábamos una sonrisa.

Perico se marchó, Induráin pues nos tiraba por los colores, el Chaba cayó en depresión y murió, Pantani se perdió en un laberinto de drogas, Cubino se marchó cansado… quedaron las máquinas, Amstrong, Ullrich, a golpe de riñón, marcando ritmo, sin mover un músculo de la cara. Les veíamos ganar y nos quedábamos serios, aburridos, tristes. No por los colores, no. Los que amamos el ciclismo amamos, por encima de todo, al ciclista. La bandera ayuda, pero poco más.

Cuando las sospechas dejaron de ser sospechas para convertirse en realidades nos vinimos abajo. Cayó Millar, cayó Heras (también él), antes cayó Pantani, Virenque, Zülle, Santi Pérez, con la ilusión que nos hizo verle aparecer en aquella vuelta a España… surge Valverde y tenemos ganas de ilusionarnos, pero le miramos desconfiados, nadie nos quita la idea de “¿Y si él también…?”. Dan ganas de mandarlos al carajo, que se pudran, que revienten, que tomen el pelo a otros, que se den la vuelta al cuerpo y a la sangre y se revuelquen en su vergüenza, que exploten, que nos dejen en paz. Así que nos consolamos viendo carreras de segunda, o creyendo en los guerrilleros que se les ve con la lengua fuera y que, aunque nunca ganan nada, al menos lo intentan.

Cuando explotó el escándalo de la Operación Puerto los que amamos el ciclismo, al contrario de lo que se pueda pensar, vimos una brizna de esperanza. Fuera los tramposos, prohibido participar, todos y cada uno de los favoritos, un hermoso “¿ahora qué?”. Ahora queda un puñado de corredores que van a hacer lo que puedan en el deporte más exigente, duro, hijo de puta y hermoso de todos los que hay. Eso es lo que queremos ver. No super héroes, no máquinas que me impresionen por su precisión. Dejemos eso a Renault y Ferrari. Queremos ver a los hombres que pierden el aliento y abren la boca buscando aire y que sacan el alma para decir “los cojones, yo puedo”. Y a veces no puedes, oye, a veces te hundes, pero nadie, nadie te lo reprocha. Te aplauden, te animan, dale tío, fuerza, ánimo, otra pedalada más, queda poco, toma agua, coge el ritmo. Y tranquilo que aunque llegues con dos horas de retraso te juro que me arrodillo y te doy las gracias por intentarlo así y por tener el coraje de llegar a la meta.

Por eso cuando hoy he llegado al trabajo mi hermano Otis al verme conectado en Gmail ha entrado de inmediato para dirme emocionado, “tío, lo que cambian las cosas”. El americano, Landis, que ayer se quedó fundido por no comer bien, ha puesto el valor sobre la mesa y ha dicho eso de “lo mismo me da perder por 2 que por 20” y se ha largado en el km 60 de etapa a ver que pasa. Con todo. Y luego fallos tácticos, y lo que te dé la gana, pero en las dos horas siguientes mi hermano me ha hecho de cronista de lo que yo no podía ver, y yo hacía cábalas, y le preguntaba “¿cómo ves subir a Sastre?”, “¿cómo está bajando Landis?”, “¿tiene buena cara Pereiro”, y allí él que me iba contando, y yo haciendo cuentas y diciendo “si llega con dos minutos menos en la crono no le recupera”, y dos minutos después le decía “jope, con un minuto solo se los come”, y entonces decía él “sí, pero es una crono rompepiernas, no está tan claro que se la lleve Landis de calle”, y yo “claro, y además ahora cuenta la moral, y el Pereiro lo tiene en la mano”, y entonces Juanito me manda un mail con el Asunto “Transferencia”, porque me escribe desde el banco y no quiere que le descubran y me cuenta todo emocionado que me está echando de menos, y me da toques al teléfono desde España…

... y se termina la etapa. Y que bien nos lo hemos pasado, y como me alegro de que el americano haya echado ese valor y esas vísceras, y que Sastre lo haya intentado hasta el final, y que Pereiro haya aguantado como un campeón. Y sé que, en nuestro interior, mi hermano, Juanito y yo estamos abriendo otra cerveza y otro paquete de patatas y seguiríamos hablando de la etapa otras seis horas, en homenaje a esos hombres que me recuerdan que amo este deporte.

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