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Todología con bigote
¿Pero tiene el ticket?

Por reportajes como éste es por lo que estoy suscrito a medios como *Eldiario.es”. Un desglose pormenorizado de los gastos que los jetas de las tarjetas gastaron a cuenta de la casa (donde “la casa” somos todos, no se olviden) para darse sus caprichos o pagarse el bocata de mortadela con langostinos. Compras en el Continglé y el Carrefúls, hoteles, restaurantes, tiendas de ropa, gasolineras, IKEA (?!?), más hoteles, más restaurantes, “salas de fiestas”… ehm, un momento… aquí hay una sucesión de gastos que me llevan a pensar que ciertas reuniones de empresa no tenían lugar precisamente en la meeting room de la planta doce de la torre izquierda de la Plaza de Castilla, sino en un prosMÁGENES QUE ESTAMOS VIENDO PERTENECEN AL AULA MAGNA.

Desde luego, el dossier es como para leerlo sin material inflamable a mano, porque al final de su lectura uno puede estar tentado a hacer cosas que probablemente violen la mitad del articulado del código penal y seguramente varios manuales de instrucciones de electrodomésticos. Ya no es solo la certeza de que los 86 miembros de la cueva de Alí Babá trocada en torres torcidas se fundieron las tarjetas como si no hubiera un mañana (literalmente: algunos continuaron con el “tátopagao” apenas un par de días antes de la intervención de Bankia), sino que el retrato “troppo vero” de la España estafadora de altos vuelos es tan minucioso que de la indignación se pasa a la repugnancia y se regresa a la indignación cual péndulo frenético impulsado por la desfachatez de esa casta de bienpagaos a los que no les bastaba su inmerecido y enorme sueldo, sino que querían más; querían exprimir los recursos hasta el límite antes de llegar el momento —que sabían que llegaría— de abrir la caja y comprobar que estaba vacía.

El programa La Sexta Columna de hoy (pinchen en el enlace si lo quieren ver; no se arrepentirán) hace un resumen muy explicativo del caso incluyendo opiniones de los periodistas que han estado investigando y analizando el caso, así como de algunos de los implicados, unos con bastante más desparpajo y bastante menos vergüenza que otros. En este reportaje se repasa el top 14 de los tarjeteros de hormigón “armao”, donde se ve claramente que la codicia no conoce siglas y pasa por encima de las ideologías. Además de requerir una conveniente dosis de cinismo, como puede verse por las declaraciones de gente que pegaría más haciendo del mafioso que explota en una película de Scorsese que tomando decisiones en una caja de ahorros con obra social.

Y, sin embargo, así es el retrato de la España estraperlista y saqueadora, de la cuál tenemos constantes y lamentables ejemplos a lo largo de nuestra Historia, lo que ya no sé es si tan bien documentados y tan flagrantes como el que nos ocupa. Que, para colmo —ya lo hemos dicho alguna otra vez—, dejan la sensación casi cierta de que no es el único ni necesariamente el peor. Pero claro, viendo los esfuerzos para destapar lo que después parece tan notorio (y sorprendiéndome, a pesar de que no debería, de lo bien que se lleva un pacto de silencio entre casi un centenar de personas, a cuál de ellas más cainita), y que para llegar a ellos un juez ha sido acusado y condenado por prevaricación, un grupo de periodistas valientes se ha dejado las pestañas para que durante bastante tiempo ni les hicieran caso, y que todavía hay presuntos chupatintas que intentan justificar este robo con escalo… pues se queda uno agotado, exhausto, y con las antorchas por encender.

Eso sí, yo no dejaría cerillas cerca.

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