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Todología con bigote
Máster en Imbécil

Y no quería seguir hablando del tema, pero se me hinchan las venas del cuello, oigan…

Hace unas semanas pasé apenas un día en Madrid. En la Plaza de Callao habían montado unas carpas con motivo de unas jornadas sobre el corazón y prevención de enfermedades cardíacas. Al lado, en otra carpa más pequeña, técnicos del SAMUR (hago un inciso: de estos profesionales puede depender su vida en cualquier momento; trátenlos y pidan que los traten bien) hacían demostraciones de RCP, resucitación cardiopulmonar. Esa técnica que han visto tantas veces en las películas por la cuál se intenta mantener el corazón latiendo en un paciente mientras llegan los servicios de urgencia. Como tenía tiempo, me quedé a ver una de ellas. La técnico nos explicó cómo había que agarrar al paciente, en qué posición colocarle y cómo practicarle la RCP correctamente. Incluso había un muñeco para hacer una minipráctica durante la demostración. Sobre todo, nos dijo, era muy importante llamar primero al 112 para que pudieran venir cuanto antes, y no parar el proceso hasta que llegaran y pudieran hacerse cargo.

Es una técnica relativamente sencilla de aprender, pero que necesita practicarse para que se queden todos los detalles grabados, especialmente las precauciones a tomar; como, por otra parte, sucede en casi cualquier cosa que implique un procedimiento estricto. Yo ni siquiera tuve ocasión de practicar con el moñeco, y si me preguntan ahora les diré que más o menos me acuerdo de cosas, pero se me han olvidado bastantes detalles, algunos importantes (¿las manos debajo de o sobre el esternón?).

Claro, cuando uno se entera de que a los sanitarios a los que, de repente, les ha caído encima tratar a un paciente con ébola por capricho del gobierno, les dan un cursillo acelerado sobre el uso del equipamiento, los trajes, las precauciones, los riesgos… todo en apenas treinta minutos, con equipos que son diferentes de los que luego han de usar, de los que no están todas las tallas, que ni siquiera son del nivel adecuado y con los que no tienen ni siquiera práctica —no digo costumbre, porque las emergencias son las que son—, pues se lleva (otra vez) las manos a la cabeza. Y cuando después oye al gilipollas que han nombrado consejero de Sanidad en la comunidad de Madrid decir mojones como que “no hace falta un máster para ponerse y quitarse un traje”, dan ganas de encontrártelo en una situación de urgencia y hacerle la RPC a algarrobazos.

Así que, señor consejero, cuando tenga que excretar por esa boca otra de sus ocurrencias, piense que usted ya ha ganado su máster cum laude. El título: Máster en Imbécil.



Gracias a Morgana Pendragon, que, sin querer, me dio la idea del post en un par de tuits:



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