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Todología con bigote
El Anamatogedón

El otro día les decía, hablando de lo de las tarjetas opacas, que este país andaba fuera de control. Lo que no me esperaba es que eso se hiciese patente hoy, y con tanta claridad que acojona.

Incluso poniéndonos en la situación más positiva del asunto éste del ébola, vamos a considerar algunos hechos o sucedidos de las últimas semanas:

1. Un sacerdote español, misionero en África en mitad de una epidemia de ébola que, según avisan, es el peor brote registrado desde que se conoce la enfermedad, se contagia por el contacto continuo con infectados a los que asiste.

2. El ministerio de Sanidad, por órdenes de Moncloa, activa un protocolo de repatriación contra el criterio (y la oposición frontal) de los profesionales de la cosa en España, contra las recomendaciones de la OMS y, en general, contra todo el sentido común posible.

3. El proceso de repatriación e ingreso es caótico y alejado de unas condiciones mínimamente sensatas de seguridad. Que incluyen desde trajes aislantes de dudosa eficiencia hasta alas de hospitales cerradas que se reabren a toda prisa para acondicionar el ingreso, pasando por un avión forrado como si fuera un libro de texto de primaria.

4. El sacerdote fallece tras unos días, mostrando a) la virulencia de la enfermedad y b) la inutilidad de los tratamientos, hasta ahora puramente paliativos o de eficacia no probada.

5. Una de las auxiliares que ha estado atendiendo al sacerdote decide tomarse unas vacaciones pero, antes de irse, avisa de que se encuentra mal y tiene fiebre por encima de los 38 grados. Teniendo en cuenta dónde ha estado trabajando y los riesgos implícitos en un virus que, recordemos, no es controlable, nadie, repito, NADIE, la obliga a quedarse donde está y guardar una cuarentena razonable mientras se determina si puede haberse contagiado. Algo que, por cierto, si hubiese sido un inmigrante negro africano, nadie habría dudado en imponer.

6. La auxiliar se marcha de vacaciones durante una semana completa; suponemos que en esas vacaciones no habrá estado envuelta en un plástico de cocina ni con los brazos en alto, sin tocar, besar, abrazar o, en general intercambiar fluidos y secreciones con nadie. Es decir, habrá ejercido de persona normal. A su vuelta le hacen las pruebas, que dan positivo.

7. La noticia, por supuesto, salta inmediatamente a los medios nacionales, primero, y a los internacionales después. En estos últimos es ya noticia de portada en los diarios y de apertura en los informativos. Y el titular es directo y brutal: “Primer caso de contagio de ébola en Europa… es en España”.

8. Naturalmente, dentro de esta noticia se hace referencia al hecho palmario de que si esto ha pasado es porque a alguna luminaria se le ha ocurrido traerse a un portador del virus al país.

9. Las cautelas necesarias saltan por los aires cuando la ministra de Sanidad, ausente durante todo el caso del sacerdote, da hoy una rueda de prensa con sus secretarios de Estado, en la que empiezan a saltar los datos que ya conocemos. Básicamente, que los protocolos de seguridad, antes y ahora, son poco menos que un desastre. El resultado es que la ministra y sus subalternos, en lugar de tranquilizar a la población, la hacen entrar en pánico. Especialmente cuando a varias de las preguntas, del tipo “dónde ha estado la auxiliar durante esta semana” o “hay alguien más que se haya podido contagiar” la respuesta ha sido un nada tranquilizador “no lo sabemos”.

10. El personal médico del centro desmiente las declaraciones de la ministra y afirma que no se les ha hecho prueba alguna.

11. Por supuesto, a estas alturas la ministra, responsable directa de todo este jaleo, ni ha dimitido ni parece que vaya a hacerlo. Sigue montada en su nube de fresa, con la edad que tiene ya, y llevando un ministerio que le viene grande, grandísimo, como si no fuera con ella. Ha pasado el nivel de incompetencia para alcanzar la inanidad pura y sin matices.

12. Y también a estas alturas seguimos sin tener ni puñetera idea de qué piensa hacer el ministerio, el gobierno en general, a partir de este punto.

Y, sobre todo, cómo va a tranquilizar a los ciudadanos después de haberlos acojonado ante la visión de una inepta al frente de la salud pública que, básicamente, está creando ella solita un foco de desconfianza y miedo que, ojo con esto, no se circunscribe a España solamente, sino que está en todos los noticiarios internacionales y que acaba de poner a nuestro país en el punto de mira ante la posibilidad (remota, vale, pero cuéntele eso a la nación cuñada) de una enfermedad incurable y contagiosa extendiéndose por el continente.

Y no será porque no se avisó desde mil sitios distintos, no.

Pero claro, esa es precisamente la diferencia entre unos ministros de sanidad que mantienen el sistema público y tratan de gestionarlo lo mejor posible, y otros cuyo único cometido es desmantelarlo y, si es posible, venderlo por piezas. Hablando en plata: gente como Lluch, García Vargas o Bernat Soria frente a nulidades como Villalobos o Mato.

Sólo espero que si alguien se topa con la ministra entrando en misa le sacuda aunque sea un algarrobazo, por imbécil.

POSTDATA: Esto me ha recordado el famoso incidente, allá por el año 2001 del aceite de orujo de oliva y los benzopirenos, con otra inútil de nombre Celia Villalobos al frente de Sanidad anunciando unos riesgos cancerígenos lejanísimos para este tipo de producto y poniendo en peligro, de un plumazo, las exportaciones de aceite de oliva de cualquier clase a Oriente Medio. Porque, como me explicó alguien que conoce muy bien ese mercado, en los países árabes decir que algo “puede” producir cáncer es poco menos que ponerle una fatwa encima. Los compradores potenciales huirán del producto como del demonio. Pues ahora imagínense la que se puede montar como España empiece a ser considerada “el foco del ébola en Europa”. Unas risas que nos vamos a echar, oigh.

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