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Todología con bigote
Hipocondria

Después de veintisiete visitas al médico de cabecera en un mes, el doctor me diagnosticó hipocondria, me recetó unas pastillas que me ayudarían a superarla y me rogó encarecidamente que no volviese a poner un pie en su consulta o a quinientos metros de ella. Me fui a la farmacia a por las pastillas, cincuenta euros, a euro la pastilla. Los hipocondríacos somos negocio.

Llegué a casa y me comencé a sentir mal, con dolores en el vientre. Pensando que era cáncer de colon, me tomé la primera pastilla. Algo me calmó, pero como el agua con que me la tomé estaba tan fría, comenzó a picarme la garganta y, temiéndome unas anginas, me tomé rápidamente la segunda pastilla. Tan rápidamente que la mordí y, de lo dura que estaba, me empezaron a doler las muelas. Ante el terror de tener que ir al dentista a que me pusieran una corona en la que, seguro, me habría partido, me tragué la tercera pastilla e inmediatamente tuve que ir al baño a orinar, con tanta agua. El olor del pis me pareció tan raro que decidí que mis riñones no filtraban bien y pronto necesitaría un trasplante, de modo que antes de llamar al 112 agarré con fuerza el bote para sacar la cuarta pastilla, pero de lo brusco del intento, saltaron tres o cuatro tabletas al suelo y, al agacharme para recogerlas, me dio una punzada en las lumbares. Ya está, me he roto algo en las vértebras y como me mueva mucho más me voy a quedar en el sitio. La quinta pastilla, pues, me la tomé directamente en seco, sentado en el piso. Un poco más calmado, me volví a levantar, tan rápidamente que comenzó a dolerme la cabeza… ¡tumor cerebral! ¡Alerta! ¡Alarma! ¡Código rojo! ¡Sexta pastilla! De los mismos nervios me la tragué malamente y empecé a toser de tal modo que creí que me asfixiaba. Aire, aire, aire…

Tras ese sustaco ya no me atrevía a tragar más, pero las necesitaba para superar mi trauma, así que me decidí por lo drástico, cogí las cuarenta y cuatro pastillas que quedaban y las pasé por el molinillo de café; luego las disolví en agua y me las bebí todas de un trago. Ahora me siento bien, realmente bien, y ya no hay síntoma ni enfermedad que me preocupe. El problema es que con tanta pastilla en el cuerpo, seguro que me sube el azúcar.

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