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Todología con bigote
El fúmbol es asín...

... Francia perdió la final, aunque ocasiones tuvo de sobra para ganarla. Y Zidane se despidió de la peor manera posible: expulsado, y además con toda justicia. El árbitro, un diez.

Ganó la Copa una Italia que fue capaz de la máxima belleza en semifinales, pero que volvió a la racanería en el último partido. Y la ganó igual que perdió la del 94, a los penaltis. Al menos en esta ocasión se vio un fútbol mejor.

Y, en cualquier caso, cuatro selecciones, Italia, Francia, Alemania y Portugal, que hicieron de este deporte lo que de él se esperaba: espectáculo, épica, anécdotas, estrellas e, incluso, el camino del cielo al pozo en menos de dos horas (ay, Zinedine, qué mal lo hiciste, ay). Que demostraron que los partidos no se ganan sin bajarse del autobús, y que no basta sólo tener estrellas para alzar la copa, sino que es un equipo el que trabaja los partidos hasta alcanzar el premio gordo, el que hoy ha conseguido la mítica “squadra azzurra”, veinticuatro años después de aquella final en el Bernabéu con Sandro Pertini celebrando los goles en el palco.

Y ya está. La próxima, dentro de cuatro años, nada menos que en Sudáfrica. Al menos no habrá que madrugar.

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