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Todología con bigote
Cuando Gala llamó a la puerta

En los últimos Juegos Olímpicos, en Londres, la representación masculina española era casi un 50% mayor que la femenina; sin embargo, las mujeres consiguieron más medallas que los hombres. En los pasados campeonatos de Europa de natación, las nadadoras españolas consiguieron trece medallas; los nadadores, ninguna. Hace apenas unas semanas ha sido una mujer la primera persona de nuestro país en conseguir un campeonato del mundo de bádminton, un deporte minoritario en nuestro entorno y donde los países de Extremo Oriente dominan casi sin contestación. Yendo más atrás en la historia, quien verdaderamente abrió el camino a España como potencia mundial en tenis fue una chica de apenas dieciocho años, llamada Arantxa Sánchez-Vicario, al vencer en una memorable final de Roland Garros a la número uno del mundo, la hasta entonces imbatible Steffi Graf.1 Probablemente despertó más vocaciones en la raqueta que ningún otro colega de profesión.

No sé cómo será en otros países, pero en España, y a pesar de todos estos hitos y muchos más, el deporte femenino en general y el de competición en particular aparece constantemente relegado a un segundo plano. Más allá de citas cumbre, léanse Juegos Olímpicos o, excepcionalmente, mundiales de la disciplina que sea, es muy raro ver competición femenina en televisión o en las portadas de la prensa del ramo. La gimnasia, quizá, pero porque está ese cliché de que es un deporte primordialmente “de chicas”. Se dice que no hay demanda, pero lo cierto es que raramente hay oferta. Y, por supuesto, las mezclas de género en el ámbito deportivo son bichejos raros en Estepaís. Sólo recientemente se ha producido un aumento significativo de las profesionales de prensa deportiva, reporteras a pie de pista en su mayoría. Pero, si se fijan, raramente se les encarga tareas de primera línea, por ejemplo retransmitir un partido de fútbol. O arbitrarlo (hay casos, en categorías muy inferiores). No digamos ya si nos ponemos a buscar entrenadoras de equipos masculinos, que suelen alcanzar la categoría de anécdota en las secciones más ligeras de los informativos. En cambio, a nadie le parece raro ver a hombres entrenando a equipos de mujeres o comentando competiciones femeninas. En cierto modo, esto se parece mucho a lo que anteayer comentábamos sobre las tradiciones: hacer la cuña es muy complicado, e incluso al abrir el hueco la probabilidad de que se vuelva a cerrar, con más hermetismo si cabe, es muy alta.

El caso de Gala León, recientemente nombrada por la FET capitana del equipo español de Copa Davis (que viene a ser algo así como seleccionadora nacional, puesto que los tenistas tienen sus propios entrenadores), es el penúltimo ejemplo de esta actitud del establishment patrio, al que un cambio en sus parámetros, por mínimo que sea, provoca un ataque de histeria considerable. Con sus inevitables tintes machistas, naturalmente, como Toni Nadal, entrenador y tío de Rafael Nadal, ha tenido a bien demostrarnos al conocer la decisión, con declaraciones de palillo en boca que, a mi modo de ver, encierran más de ignorancia y atraso que de machismo per se. Casi me lo puedo imaginar rascándose la cabeza y sudando a chorros mientras intenta comprender qué le supone estar a las órdenes de una mujer en su mundo organizado y ejecutado por hombres. Y muy probablemente esta reacción sea muy parecida a la primera vez que en un oficio cualquiera, una empresa cualquiera, una oficina cualquiera, alguien decidió nombrar a una mujer como jefe de un equipo mayoritariamente (o exclusivamente) masculino. La evolución marcha a diversas velocidades, y en el deporte suele ser siempre de las más lentas.

Gala León es desde ya una de esas pioneras y acaba de ser confirmada por su presidente en el cargo, por encima de las presiones que ha recibido. Ella lo sabe, como sabe que va a pasar por un escrutinio feroz y detallado por el que ninguno de sus predecesores ha pasado, como tampoco lo pasaría una posible alternativa masculina. Ya es protagonista en las noticias tenísticas como centro de la polémica, sobre todo merced a las mencionadas declaraciones del Nadal entrenador, y más o menos se lo intenta tomar con filosofía, aunque lo que le espera venga cargadito de baches. Le deseo desde estas líneas que cumpla su labor con todo éxito y, sobre todo, con la mayor de las suertes, porque el mar embravecido en el que se acaba de meter no le va a dar respiro. Y por desgracia soy escéptico: ojalá que esta cuña sea efectiva y que Gala León no tenga que llamar a la puerta antes de entrar en el vestuario, que por algo es la capitana. Pero no se lo van a poner fácil.


1 Considero a sus predecesores en lo más alto (Santana, Orantes, Gimeno), con su evidente talento, momentos “sueltos” del palmarés español. No los minimizo, sólo digo que no marcaron de la misma forma que Arantxa.

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