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Todología con bigote
De Madrid al suelo

El PSOE empezó a perder pie en España cuando perdió el gobierno de dos ayuntamientos y dos comunidades de mucho peso (por población y presupuesto) entre 1991 y 1995: Madrid y Valencia. Desde entonces, y a pesar de que en el resto del país ha habido distintos cambios de partido al frente de casi todas las instituciones, ambas regiones y sus correspondientes capitales se han mantenido feudos inexpugnables del Partido Popular y han funcionado como sustento principal de sus mayorías parlamentarias en el Congreso y en el Senado. Incluso en algún momento de apuro para el PP en la Comunidad de Madrid —las elecciones de 2003—, circunstancias “extrañas” impidieron un cambio de signo en la Asamblea madrileña1, que desde entonces permanece igual de hermética y monocolor.

En estos momentos ambos bastiones del PP se encuentran de nuevo en una situación límite para los de la gaviota, y por primera vez en muchos años se vislumbra una posible pérdida de sus mayorías absolutas tanto en los parlamentos regionales como en los consistorios principales. No sólo eso, sino que a la espera de que el partido gobernante elija a sus candidatos (y se prevén cambios en las posiciones de salida), hay suficientemente hartazgo entre los ciudadanos, incluso los votantes más irredentos, como para que no baste con poner un loro muerto para ganar las elecciones con la gorra. En estas circunstancias, uno puede pensar que hasta el PSOE, actualmente en modo Papandreu, todavía podría recuperar el poder en alguna de estas plazas; por supuesto coaligándose con uno o varios partidos de izquierda y suponiendo que éstos estuvieran dispuestos a ello.

Sin embargo, el historial del PSOE en ambas comunidades se ha caracterizado desde 1995 por hacer todo lo posible para que el PP consiguiera, afianzara e incluso aumentara espectacularmente su poder en las sucesivas convocatorias electorales desde entonces. Primero, porque las propias federaciones regionales llevan veinte años poniéndose zancadillas internamente para conseguir el sillón de Primer Irrelevante del partido. Esto no es nuevo, viene pasando incluso desde que el PSOE gobernaba y sus dirigentes pasaban más tiempo tratando de tocar pelo que de hacer política. Segundo, porque en ninguno de los dos sitios ha habido continuidad de candidaturas (especialmente en los ayuntamientos) y, cuando la ha habido, la labor de oposición ha sido “una o ninguna”. Por poner un ejemplo, de 1995 a 2015 inclusive, el PSOE habrá presentado un total de SEIS candidatos a la alcaldía madrileña; uno por cada legislatura. Fiándolo todo a la cara del candidato (en el caso de Morán, pobre, encima esa cara era la de un casi-muerto, si recuerdan los carteles), las elecciones municipales en la capital han sido una humillación tras otra del PP, que ha llegado a considerar los comicios a esta ciudad como un mero trámite organizativo. Y, para una vez que podrían presentar a un político más o menos serio que, además, sí que se ha chupado cuatro años opositando y estaba dispuesto a continuar la labor, ¡es el propio partido el que le deja de lado! En consecuencia, Jaime Lissavetzky ha optado por tirar la toalla y —supongo— mandar a la mierda a sus “compañeros” cordialmente.

Y en eso siguen, por cierto. En el momento más propicio para apartar al PP de sus cortijos mesetarios, el PSOE sigue empeñado en ponerles alfombra roja y abrillantarles el trono. Ahora con el apoyo total del partido en Madrid a un candidato cuñao y tertuliano, cuya vocación de servicio se basa en que se lo pidieron por la calle. Irónicamente podría conseguir con su populismo más votos, dependiendo de a quién presenten en la acera genovesa, pero mi sospecha es que le va a esperar un batacazo del mismo calibre que los anteriores, que dolerá todavía más porque pocas ocasiones habrá como esta de recuperar el espacio que ellos mismos entregaron. En el enlace que les pongo un par de líneas más arriba, el precandidato (a falta de primarias, si es que se celebran), suelta a las bravas esta respuesta:

P. ¿Pactaría con el PP?
R. No, eso nunca. Es el responsable en este último cuarto de siglo del abandono de Madrid.

Hombre, a medias. Si han dejado pasar veinticinco años, igual el PSOE tiene parte de culpa, al despreciar la importancia de recuperar la ciudad con su errática política de oposición. Y, desde luego, el comienzo de la carrera del precandidato ha sido… un tanto regulero:


Lo mismo hay que reconsiderar lo del loro muerto.


1 Y, a pesar del “tamayazo”, permítanme recordarles que la mayoría que en teoría iban a construir PSOE e IU habría sido ciertamente precaria, con lo que el presunto vuelco quedaba cogido con muchas pinzas.

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