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Todología con bigote
La hipocresía mediática del "caso Pujol"

Mientras ceno están dando por televisión un programa especial que recorre la biografía de Jordi Pujol y, a menor escala, la de su familia. El reportaje narra el ascenso del ex-honorable en política y la aglutinación del poder en Catalunya en su figura y en su partido político. La segunda mitad se centra en todos los escándalos que han implicado (“salpicado” es una palabra demasiado generosa) a Convergència y a los miembros del clan Pujol-Ferrusola. Una especie de “ascenso y caída del todopoderoso Jordi” contado de forma amena y con un montaje bastante efectista y efectivo.

El programa está bastante bien, hay que decirlo, pero es hipócrita. Forma parte, de hecho, de una gran hipocresía mediática que, en mi ingenuidad, esperaba que no fuera a producirse, pero que se ve que era inevitable. Toda la artillería política y mediática está descargando la munición tanto sobre el pujolismo (y, por extensión, sus herederos, léase Mas) como, de paso, sobre el proceso soberanista justo en el momento en que se están experimentando con pasos más arriesgados, como la cuasi mítica consulta. Que podría ser una casualidad, pero oigan, de casualidades salen muchos cadáveres políticos.

Vivimos saltando de escándalo en escándalo prácticamente desde el año 2009; no sólo con la pujolidad coleante, sino, en igual o mayor medida, con populares y socialistas a través de corrupciones urbanísticas, EREs de la abundancia (para algunos), financiación ilegal de partidos, sedes pagadas con dinero negro… muchos casos de latrocinio de dinero público al tiempo que se forjan políticas que recortan la inversión de ese mismo dinero. Ninguno de estos casos, algunos con indicios mucho más que razonables, está transitando hacia el hallazgo de culpables con la velocidad con la que lo están haciendo los Pujoltubbies. El foco mediático que estaba puesto sobre los casos Bárcenas y EREs se ha desplazado inmediatamente y casi de forma unánime a Barcelona y alrededores. Lo que antes daba titulares de cuatro columnas ahora se limitan a noticias de segunda portada con una tipografía de la mitad de tamaño que solía exhibir.. Todo esto mientras los Pujol explotan en la cara del lector que abra una web de noticias, todos los días, sin excepción, desde la ya famosa confesión del ex-president. Y eso jiede, no se imaginan de qué manera. Tal sincronía apesta a chotuno transicional (de Transición) y no, casual sospecho que tampoco es.

Antes de que me salten con que este es precisamente el argumento pujolero para desviar la responsabilidad del caso, permítanme que aclare: me parece cojonudo este seguimiento del caso. Me parece más cojonuda todavía la diligencia que están teniendo policía, jueces y fiscales en destapar todos los pormenores del caso (y filtrar lo interesante de forma muy conveniente), así como tener información diaria y actualizada de la auténtica podredumbre que asomaba tras el “oasis” catalán. Y me encantaría que esa eficiencia y velocidad se aplicaran también al resto de casos de corruptelas y choriceos, de similar o mayor envergadura, que implican directamente a los dos grandes partidos de Estepaís. Algunos de ellos, por cierto, también implicados colateralmente en los escándalos del pujolismo convergente. Que se mirase con el mismo ojo acusador, crítico e implacable a los Rajoy, Cascos, Rato, Chaves, Iglesias (Marcelino, no se me entusiasmen), Feijoo, Valcárcel, Aguirre, González y tantos otros. En definitiva, que el foco del tercer grado apuntase igual de bien a Madrid, Andalucía, Murcia o Valencia como apunta ahora a Catalunya.

Pero ¿saben qué? Estoy convencido de que esto último no va a pasar. Y por eso es hipócrita.

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