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Todología con bigote
Las edades del día

Me encuentro ahora mismo en un viaje en el que he tenido que tomar trenes a distintas horas del mismo día.

El primero, bien temprano, estuvo precedido por un corto trayecto en metro. A esa hora hay más pares de ojos cerrados que abiertos. Los que sí lo estan miran hacia el infinito, esperando quizá la larga marcha de la jornada. Hay ojos de ocupación y otros de preocupación. Hay ojos cansados de haber dormido poco y otros remolones de querer haber dormido otro poquito más. Hay ojos que ya están despiertos desde hace un rato y escudriñan a viajeros y estaciones; suben rápido y bajan igual de veloces. Cuando cambio al tren, los viajeros van vestidos para cosas superimportantes que deberán realizar con superdiligencia. Ya no miran; están demasiado ocupados.

Llego a mi destino a mediodía y por delante de mí pasa toda la gama de rostros que ya se han tomado su estimulante mañanero y les han brotado los colores. Con el sol en lo alto, sus caras también exudan vida. Ya están en el meollo, la pausa para comer se aproxima y lo que queda es contar las horas.

Por la tarde tomo el suburbano hasta el hotel. No es la hora punta cuando lo cojo, pero se va aproximando. Mi recorrido incluye un par de zonas empresariales y en el tren también vienen visitantes de alguna de las múltiples ferias profesionales que aquí se celebran. Aún portan en sus ojos y en sus manos los últimos estertores de la energía que han gastado con sus jefes, con sus clientes, con sus colegas, con los curiosos y, probablemente, con ellos mismos. Esta sensación se agudiza después, cuando en otro suburbano voy a ver a unos amigos y, esta vez sí, coincide con el final de la hora de la huida.

Son las diez de la noche y regreso de mi visita. Los viajeros a esta hora son escasos y están agotados. Ya no se hace nada para disimularlo, ya no importa. En sus caras sólo se refleja un deseo: llegar a casa. Descansar. Terminar por hoy. Hay derrota, pero también hay anhelo, hay esperanza. Mañana, ya veremos.

Las horas del día, reflejos de las edades del ser humano.

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