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Todología con bigote
Ideas Sueltas #23

Ciento treinta
Tener visitas al otro lado de Alemania justo tres días antes de irme de vacaciones es mi roca de Sísifo.

Ciento treinta y una
Respecto al post de ayer me hace mucha gracia (no) la cantidad de frases hechas cuando mueren los ricachos que se hacen ricachos a base de explotar convertir en pobres a mucha gente. Nuestra prensa cortesana siempre deja un retén de guardia para poner a parir a quienes critican que el muerto no fuese precisamente un santo. Y, curiosamente, la frase que más emplean es que el futuro alimento gusanil fue “un trabajador incansable” o cosas parecidas, para acto seguido indicar que los críticos “no dan un palo al agua” (esta frase es literal y muy socorrida, creo que ninguno de los lameculos oficiales del reino se ha olvidado de pronunciarla). Da bastante asco leerla a según qué personas, porque con esa frase quieren también implicar que ellos, los mamporreros, sí que son buenos y probos trabajadores. El razonamiento, por supuesto, les falla en varios sitios: uno, que se puede criticar al ricacho y trabajar como una mula torda. De hecho, los que critican lo hacen precisamente PORQUE trabajan como mulas tordas por un sueldo de mierda, pagado en muchas ocasiones por la empresa que el futuro abono de ranúnculos dirigía en vida. Otro, que la cortesanía periodística y escritorística raramente trabaja y se desloma como aquellos a los que desprecian. Antes bien se han ganado una posición cómoda a base de dar el masajito adecuado a la persona correcta. Y, por supuesto, de mantener el peloteo a niveles aceptables mientras les dure el chiringuito. Y otro más: que el muerto está muerto y no les va a hacer más favores. Y sus herederos podrán hacérselos o no, pero éstos suelen traerse su propio grupo de amigos, amantes y bufones. En suma: que podrían exhibir un poquito de dignidad, aunque sea para que dejemos de reírnos en su cara, gañanes.

Ciento treinta y dos
Y no, no todos los muertos merecen respeto.

Ciento treinta y tres
Dentro del irresistible ascenso del catetismo en Madrid (que empezó hace siglos y no parece que haya tocado techo), su ARCARDA acaba de ponerle a una plaza centriquísima el nombre de Margaret Thatcher. Es la primera vez que fuera de Gran Bretaña se nombra a una vía pública en honor de tan innoble individua. ¿Por qué? Vaya usted a saber, porque el neoliberalismo exacerbado de la —por suerte— ya difunta baronesa se mearía en la cara de quienes le han puesto la plaza como si se hubieran puesto una foto de la lacada británica en la carpetita del Santander que, seguro, llevan encima. Lo bueno es que se creen que lo hacen por ideología, cuando ni saben lo que es eso. En realidad ha sido algo así como “nos mola mucho y la vamos a poner para que la guapa del instituto nos deje llevarle los libros”. Véase un par de párrafos más arriba y procedan en consecuencia.
Que si es por poner nombres de cosas que nos molan, no sé por qué no le han puesto “plaza de las reputadas jugadoras de bridge”, o algo así. Yo le pondría “Plaza de Chewbacca”. O “Plaza del coño de la Bernarda”. O “Plaza de la tortilla de patatas con cebolla”, que ha hecho más por España y por Madrid que la dama de jierro oxidao.

Ciento treinta y cuatro
Me he reído mucho con esta columna de José Aguilar, que cuando quiere tiene mucha mala baba. El obispo de Córdoba ha pedido a sus feligreses que se den la paz de forma discreta durante la misa, que por lo visto aquello se había desmadrado tanto que parecía una tertulia de Sálvame, con la gente cruzándose de un lado a otro del plató de la iglesia para darse la mano, besarse, abrazarse, cerrar negocios y ratificar leyes orgánicas. Yo estoy a favor, pero más que nada por los niños. En el año y poco que estuve yendo a misa tras hacer la comunión, procuraba siempre sentarme lejos de las señoras, que te detectaban inmediatamente con ese radar que las señoras tienen y se empeñaban SIEMPRE durante la paz en darte un beso en vez de la mano. Y te dejaban la cara chorreando, claro. Con razón los críos se agobian tanto cuando les toca ir a misa. Aunque puede que no precisamente por lo de dar la paz, pero eh… no se lo vamos a poner todavía peor.

Ciento treinta y cinco
Por el culo te LA PAZ ESTÉ CON VOSOTROS.

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