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Todología con bigote
Reseña: The Negotiator, de Gershon Baskin

Durante la última ofensiva israelí en Gaza, llamada “Margen Protector”, empecé a seguir en tuiter varias cuentas que explicaban lo que allí veían y vivían, tanto en Gaza como en Israel. Hubo corresponsales, periodistas de la zona, activistas (gazatíes, israelíes y extranjeros) y, entre ellos, un tal Gershon Baskin. Baskin es un reconocido pacifista israelí de origen estadounidense, fundador del IPCRI (Centro Israel-Palestina para la Investigación e Información, más tarde Iniciativa Creativa Regional Israel-Palestina) y firme defensor de la solución de dos estados para la zona.

Baskin fue mediador no oficial entre Israel y Hamas durante el secuestro de Gilad Schalit (2006-2011), primero a iniciativa propia y sin autorización de ninguna de las partes, y, en su fase final, con el plácet del gobierno de Netanyahu. Durante esos cinco años y medio estableció contacto con el viceministro de exteriores de Gaza, Dr. Ghazi Hamad, quien fue su enlace con los mandos militares y políticos de Hamas. Estos dos estamentos funcionan de forma paralela y, según el libro, con escaso poder de decisión sobre las acciones del otro. Schalit estaba prisionero de la rama militar, liderada por Ahmed Jaabri; Baskin pasó primero por sucesivos e infructuosos intentos de conseguir un canal secreto de comunicación con los captores a través de la rama política (personificada en Khaled Mashal, líder de Hamas), y sólo mucho más tarde se concentró en convencer a Jaabri de la necesidad de un acuerdo. Las relaciones de Baskin con los designados del gobierno israelí para la gestión de la liberación de Schalit no eran mucho mejores: el primero de ellos, Ofer Dekel (nombrado por Ehud Olmert) acabó hartando tanto al autor como a la familia del soldado por sus constantes promesas que se convertían en dilaciones. Dekel, además, despreciaba el intento del peacenik por establecer comunicación directa con Hamas. Su sucesor, Hagai Hadas, nombrado por Netanyahu tras las elecciones, decidió prescindir de su mediación en favor del enviado alemán Gerhard Conrad, quien empezó con buen pie en sus comunicaciones a través de los egipcios pero cuya gestión terminó en desastre por no saber elaborar un plan medianamente flexible. Hadas renunció a su puesto y fue sustituido por David Meidan, esta vez con un claro mandato del primer ministro de alcanzar un acuerdo. Baskin conectó bien con Meidan desde el principio y aprovechó este cambio para reconducir su tarea mediadora junto con el Dr. Hamad, estableciendo por fin el deseado canal secreto de negociación que permitiera a ambas partes alcanzar un acuerdo. Schalit fue liberado el 18 de octubre de 2011, a cambio de la liberación de 1.027 presos palestinos, de diferente condición, en varias fases.

El negociador es el relato de Baskin de este largo proceso y de los esfuerzos que supuso para tanta gente, desde su iniciativa de 2006 por contactar con Hamas hasta el momento de la liberación de Schalit. A través de las cartas, correos electrónicos, mensajes de texto, chats y conversaciones telefónicas (dentro de lo que Baskin puede contar), asistimos a incontables niveles de esperanza, frustración, optimismo, ira y desánimo. Buena parte del libro, especialmente toda la primera parte negociadora hasta el fracaso absoluto del alemán Conrad, resulta a partes iguales irritante y desesperante; como me imagino que debe ser un proceso de negociación, por otro lado. Baskin es muy insistente, y por ello sus comunicaciones con Hamad se basan sobre todo en repetir y repetir puntos clave y frases hechas como parte de los intentos mutuos de convencer al contrario, de presionar para obtener resultados. Recordemos que ninguno de los dos tenía poder de decisión y, en cambio, riesgo constante de romper el hilo, a veces muy débil, que les unía con quienes sí podían decidir. Si el lector consigue sobreponerse a esto encontrará que los entresijos negociadores son extremadamente interesantes, especialmente al comprobar que actores principales en la mediación (Egipto sobre todo) no podían desacoplar sus propios intereses de los acuerdos a los que intentaban llegar con las partes1. O cómo se avanza desde lo abstracto en las peticiones a lo concreto en las distintas propuestas y contrapropuestas que se intercambiaron. Y, sobre todo, en la descripción de cómo “se construye desde la confianza”. Una confianza que se fue desarrollando entre Baskin y Hamad durante ese lustro, gracias a la cuál los que tomaban las decisiones pudieron hacer uso de ambos mediadores para dar salida al acuerdo final.

El capítulo final del libro cierra varios flecos, el primero de los cuáles es una entrevista del autor a su colega árabe, que era lo que se echaba de menos durante todo el texto; esto es, la visión del proceso desde los ojos del Dr. Hamad, ya que él mismo había sido prisionero israelí durante varios años y en Gaza (y en Hamas) representa un movimiento moderado que intenta ganar poder al estamento militar; sin demasiado éxito por el momento. La entrevista es muy reveladora y añade importante información a lo que ya se ha leído, aunque se queda uno todavía con necesidad de saber mucho más. Pasa lo mismo con el encuentro de Baskin con Schalit, pero en este caso por deseo expreso del autor, que renuncia a presionarle para conocer de primera mano su experiencia.

No hay duda de que la lectura, especialmente tras “Margen Protector”, se hace amarga. La misma desesperación que Baskin relata en su libro la mostró durante los bombardeos israelíes de la franja y sus críticas a Hamas, pero especialmente a Netayahu y su gobierno, se han recrudecido desde entonces. Por eso, el optimismo y la esperanza que muestra al final (y de la que sigue dando destellos en su cuenta de twitter, así como en sus columnas para el Jerusalem Post) acerca de una paz basada en dos estados, se vuelven gélidos para el lector. El propio Baskin es fuertemente criticado —insultado, incluso— en Israel por su activismo pacifista y su papel en la liberación de Schalit despreciado por la derecha israelí, por el precio que supuso. Por otra parte, saber que hay personas dispuestas a buscar como sea una salida a lo que cada día parece más difícil de resolver, arroja un poquito de luz, aunque sea mínima, a la negra sombra de la guerra y la muerte en Palestina.


1 Es política oficial, tanto de Israel como de Hamas, no contactar directamente entre sí; esta fue y es la mayor dificultad en que ambos lados lleguen a cualquier tipo de acuerdo y la razón por la que la mediación de gente como Baskin acabó siendo tan importante. El canal no oficial tenía que ser secreto para no violar este principio.

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