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Todología con bigote
¡ADIÓ, ARCARDA!

En internet se llama rickrolling a la broma de colgar un enlace afirmando que apunta a algún sitio de interés o de rabiosa actualidad y, al pinchar en él, aparece un video de Rick Astley cantando “Never Gonna Give You Up”. La expresión —y la broma— se ha generalizado para indicar un engaño en el que te encuentras con algo que no es precisamente lo que te esperabas… y lo peor es que se veía venir.

Pues eso es lo que ha hecho la alcaldesa de Madrí, Ana Botella, al anunciar hoy una rueda de prensa “urgente” que, en realidad, era una comparecencia sin preguntas. En la hora previa se extendió el rumor de que iba a presentar la dimisión, y quien esto escribe andaba muy escéptico con la idea, porque en ese partido para dimitir tienes que haberte comido a un niño rebozao mojándolo en alioli. Y en ese caso la dimisión se produciría porque el alioli no llevaba suficientemente ajo, no por otra cosa.

Efectivamente, el resultado fue un rickrolling. En la comparecencia, Ana Botella anunció que no se presentará como candidata a las elecciones de 2015, dejando el puesto abierto para que su partido coloque a quien estime oportuno (las apuestas andan a favor de Cristina Cifuentes); pero, eso sí, no dimite de su puesto y se mantendrá hasta los comicios como alcaldesa. Aunque se quiere presentar como una decisión motivada por la presión de los últimos acontecimientos en la Villa (huelga de basuras, estado de las calles, muertos por rama de árbol, descenso del turismo y, en general, Madrid como definición de desastre político) y meditada desde hace tiempo, es mucho más probable que Rajoy, tras comprobar que pintan bastos en las encuestas para su formación y ante la posibilidad cierta de perder su plaza fuerte, haya “invitado” a la señora de Aznar a abandonar el Palacio de Cibeles en cuanto le venza su contrato de edila.

Lo de “señora de Aznar” va, por supuesto, con toda la intención del mundo, puesto que alguien tan absolutamente inepto como Ana Botella sólo entró en las listas municipales (y en puesto de honor) primero por ser la mujer del ex-jefazo, cuando éste todavía tenía ascendiente en el partido, y después como pago de favores políticos de Gallardón a su antiguo mentor. Que el nepotismo en el PP no es cosa extraña, ojo; a base de concejalías y asesorías se rellenan varios cientos de libros de familia en ese partido a costa del erario, pero en ningún caso había hecho un pariente tantísimo mal a una ciudad como cuando Botella tomó las riendas de la capital del imperio. Al menos, no de forma tan notoria; Gallardón, por supuesto, dejó la ciudad económicamente hecha unos zorros e hipotecada por al menos medio siglo, pero incluso él en su etapa pre-ministerial gozaba de cierto sentido del ridículo.

Ana Botella se va, pero no se va. Si tuviera un mínimo de dignidad, esa de la que no ha sacado ni una mijita en su mandato como alcaldesa, ignorando las formas más elementales que se presuponen en el cargo, debería haber presentado la dimisión fulminante y dejar que otra persona llevase las riendas del Ayuntamiento hasta la disolución de la corporación municipal. Aunque esa otra persona se limitase a no hacer más daño, ya sería una mejora respecto de lo que había. Pero no, todavía le quedan nueve meses para terminar de romper cosas cada vez que salga de sus retiros en el balneario. Al final, seguirán sufriéndola los madrileños y, por vergüencita ajena, el resto de españoles.

Así que, con cierta decepción porque no se vaya de inmediato, pero aliviado como ex-residente de que mis amigos allí dejarán en breve de soportarla, sólo me queda decirle: ¡ADIÓS, ARCARDA! Váyase bien lejos y no vuelva por aquí. Nunca. Jamás.

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