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Todología con bigote
Ideas Sueltas #22

Ciento veinticuatro
En diez días se celebra el referéndum por la independencia de Escocia y está todo el mundo muy alterado con el tema. ¿Por qué? Porque las últimas encuestas dan una posibilidad sólida de que triunfe el “sí” y, en ese caso, si el gobierno de David Cameron hace honor a su compromiso, Escocia será independiente tras un proceso de negociación de las condiciones. Incluso si triunfa el “no” ya se ha prometido un considerable incremento de los poderes autónomos del país. Por supuesto, los medios de comunicación ingleses —que no británicos—, notables personalidades de la cultura, la política, la ciencia o el arte, así como la propia reina Isabel (lógicamente) están haciendo campaña intensísima a favor del “no”. Y, paradójicamente, pueden ser las propias políticas del gobierno conservador las que estén decidiendo a más ciudadanos a votar afirmativamente. En cualquier caso, parece que el resultado será bastante ajustado el día 18. Pero, sea el que sea, históricamente es un hito por cómo se produce y por dónde se produce. Y, sobre todo, por lo civilizado que parece que está siendo el proceso.

Ciento veinticinco
Por supuesto, las reacciones igualmente nerviosas que se están produciendo en el extranjero, particularmente en la Unión Europea, muestran que la posible independencia escocesa no es un asunto trivial ni mucho menos frívolo. Una declaración de independencia dentro de la isla de Gran Bretaña provocaría un terremoto político de grandes dimensiones. El impacto sería mucho mayor que con la independencia y posterior división de Irlanda por lo de simbólico que tiene que el Reino Unido, paradigma de solidez nacional (al menos aparente), se dividiera de ese modo. Pero puede pasar y, si pasa, lo que viene detrás es completamente imprevisible, más allá de amenazas más o menos veladas y predicciones apocalípticas.

Ciento veintiséis
En España, por su parte, siguen navegando entre vendepatrias convergentes que le están viendo las orejas al lobo y son capaces de sustituir consulta por elecciones (ojito, que cada vez hay menos margen), mientras desde el gobierno central siguen haciendo todos los esfuerzos posibles para que en Catalunya les apetezca todavía menos quedarse. Y en realidad no es nuevo: aprovechemos la serpiente gibraltareña que siempre sacan cuando van a meternos algo doblado por el ojete y preguntémonos, por hacer un símil, por qué Gibraltar en los últimos tres siglos no ha querido ser jamás parte de España. Por el tabaco sólo no va a ser.
Y volvemos (otra vez) a Escocia: en el momento en el que se celebre el referéndum y no se muera nadie por haber votado, la gente empezará a preguntarse en serio por qué en Estepaís se niega incluso la posibilidad de hacer la consulta. La única respuesta que se me ocurre es que en el Gobierno no tienen un plan B para el día después, ni les apetece ponerse a pensarlo… eso sería gobernar, y ya saben que no es su fuerte.

Ciento veintisiete
Me pone la piel de gallina el ISIS. Me acojona todavía más el resurgimiento de la Guerra Fría que está promoviendo Putin, y del que no se habla tanto.

Ciento veintiocho
En Vigo hay una cruz que levantaron los falangistas en los años 60 en memoria de los caídos (de su bando, claro) durante la guerra civil. En 1981 se decidió en el ayuntamiento, ya democrático, conservar la cruz, eliminando cualquier referencia a la guerra y a la dictadura. Sin embargo, la ARMH pidió que se cumpliese la ley y se derribara la cruz, puesto que el motivo de su colocación no era religioso sino conmemorativo. Ante la negativa del alcalde Abel Caballero (PSOE), un tribunal ha dictaminado que el ayuntamiento debe cumplir la ley. Caballero ha recurrido la sentencia.
Dos cosas: una, el empeño de este alcalde por preservar un elemento que carece incluso de valor histórico o estético es como para darle unas cuantas collejas. Y dos: realmente no es este elemento, esta cruz, la peor herencia que deja el franquismo en la ciudad de Vigo, sino la espantosa arquitectura desarrollista de aquella época (busquen en Google el edificio del ayuntamiento o la isla de Toralla y verán de lo que hablo) que se cargó el paisaje y la costa de una ciudad que podría ser mucho más hermosa y habitable. Ahora, que eso sí que no hay huevos de derribarlo ni ley de Memoria Histórica que obligue a ello. Si es que cuando las voluntades vienen cojas…

Ciento veintinueve
Tienen que leer el Orgullo y Satisfacción de septiembre. En serio.

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