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Todología con bigote
Contra la vuelta al cole

Excepto un par de seres a los que conozco que nacieron ya con cincuenta y cinco años, la mayor parte de nosotros fuimos al colegio de pequeños, incluso de muy pequeños. Si ahora son progenitores de peques con edad de ir (yo no, pero me lo contó un amigo), seguramente ya habrán comprobado que, en el caso de la guardería, los críos suelen montar un pollo el primer día por no querer soltarse de sus padres. Y, en el caso del colegio, en general te ponen buena cara el día de la presentación y, a partir de ahí, hay que sacarles de la cama con aguarrás para que desayunen en condiciones y no lleguen tarde. La actitud suele ser más de arrastre que de impulso, no sé si me explico.

Y ahora pongan la tele; no importa la hora que sea, mientras estén leyendo esto en los primeros días de un septiembre cualquiera. Pongan la tele y esperen a los anuncios. Si tienen prisa por los anuncios, pongan cualquier canal de Antena3 o Mediaset.

La vuelta al cole.

¿Qué es esto?

¿Qué COJONES, perdón, qué ÓRGANOS REPRODUCTIVOS SIN ESPECIFICAR UN SEXO CONCRETO es esto?

Niños con expresión de überfelicidad —y posiblemente un par de litros de café en el cuerpo— que van correteando por todas partes, enarbolando carteras, libros y material escolar, sonriendo tan ampliamente que parece que se vayan a salir del molde, cantando a pleno pulmón y entrando con EXTREMA PRISA en su correspondiente centro escolar para pasárselo bien y divertirse a todo trapo. Ni Woodstock con excedentes de marihuana, oigan.

Este cuaderno se declara frontalmente contra la vuelta al cole, contra los anuncios del Corte Inglés que manipulan conscientemente la realidad y empujan a los tiernos infantes a creer que volver al colegio es el gran acontecimiento del año, que haber dejado atrás las vacaciones de playa, pelota, bici, videojuegos, libros, cine, acostarse tarde y hacer pis en el mar libremente y sin cortapisas es algo de lo que todo ser humano de bien debe alegrarse. Estamos en contra de que el nene o la nena que entran en el colegio cabizbajos y conscientes de la que se avecina sean considerados por esta corrupta sociedad como roñas e indeseables. ¡Insensatos! ¡Mírenlos! ¡Escúchenlos! ¡Comprendan lo que dicen! ¡Estos seres bajitos y aparentemente inadaptados son los portadores de la auténtica y terrible verdad de la TRAGEDIA que supone la vuelta al cole! Mañana será demasiado tarde y entonces ustedes pensarán, ya en vano, “¿Por qué, por qué, POR QUÉ NO LES HICE CASO?”

Pero ya no habrá nada que hacer. A partir de ahí vienen nueve meses de madrugones, de vasos de colacao a medio terminar, de tostadas que se han caído por el lado de la mermelada, de atascos en coche, de incontables capas de ropa, de zapatos destrozados, de discusiones nocturnas por la hora de acostarse. Y de deberes, muchos deberes, infinitos deberes que le pondrán a usted en el brete de tener que decirle a sus hijos que no tiene ni idea de lo que le están preguntando en el cuadernillo de sociales, o como quiera que se llame esa asignatura ahora para los modelnos.

Por todo esto y por muchas más razones establecemos aquí por escrito nuestro rechazo absoluto a la vuelta al cole, madre de todos los dramas anuales, rito iniciático que se descarga sobre impúberes, prepúberes y púberes como plantilla para negros tiempos venideros, mucho antes de que tengan siquiera edad para entenderlo, mucho menos para superarlo. ¡Actúen, madres, padres, tutores legales, actúen! Eliminen de las incorruptas mentes de sus vástagos la idea de una vuelta al cole sobre unicornios multicolores que surcan nubes rosas (por falsa, pero sobre todo por cursi y vomitiva) e interpreten correctamente sus berridos y rebeldías por lo que son: un grito desgarrado de auxilio que se resume en cinco palabras: ¡No quiero ir al colegio!

Quedan avisados.

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