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Todología con bigote
La Plaza de Georg Elser

La Historia nombra a veces héroes a ciertas personas por algo que estuvieron a punto de hacer, aunque no lo lograsen. Georg Elser es uno de estos héroes.

Carpintero de profesión, comunista militante y votante del KPD (aunque no miembro de este partido) hasta la supresión de la democracia en 1933, Elser fue opositor activo al gobierno nazi y en 1939 decidió acabar con Adolf Hitler plantándole una bomba en el Bürgerbräukeller en Múnich, donde acostumbraba a celebrar los actos del partido. Durante el verano y otoño de 1939, Elser planeó con gran cuidado y esfuerzo tanto la cantidad de explosivo que iba a necesitar —y cómo conseguirlo— como el momento apropiado para el atentado. La bomba estaría colocada en el pódium desde el que Hitler arengaba a los militantes y simpatizantes del NSDAP que allí se reunían. La idea era conseguir una gran explosión que también se llevase por delante a unos cuantos altos cargos de la dictadura y del NSDAP. La fecha: el 8 de noviembre, conmemoración del llamado putsch de la cervecería, considerado el día de la eclosión del nacionalsocialismo.

Entretanto, Alemania ya había invadido Polonia y se encontraba oficialmente en guerra con las potencias occidentales. Como el azar es así de cabrón, este hecho y las circunstancias que siguieron serían a la postre los responsables del fracaso del plan de Elser. Las preocupaciones de Hitler acerca de la inminente guerra con Francia ya implicaban cambios en su agenda política, habitualmente muy estricta. La noche del 8 de noviembre, Hitler decidió hacer un discurso más corto de lo que era costumbre, por lo que abandonó el Burgerbräukeller apenas unos minutos antes de la deflagración, que sí que acabó con la vida de algunos miembros prominentes del nazismo, pero dejó escapar al objetivo principal y, seguramente, un viraje de la Historia y de la guerra hacia destino desconocido. Elser fue detenido esa misma noche cuando estaba a punto de cruzar la frontera con Suiza. Llevaba encima demasiadas pistas que le relacionaban con el atentado y no pasaron muchos días antes de que hiciera una confesión completa.

Georg Elser fue internado, tras un año en los cuarteles berlineses de la Gestapo, en el campo de concentración de Sachsenhausen. Nunca pasó por juicio alguno, pero curiosamente tampoco se le condenó a muerte de inmediato, como si ocurrió en numerosas ocasiones con los opositores al régimen cuando la guerra estaba ya en su fase decisiva. En 1945 fue transferido a la prisión de Dachau, donde fue ejecutado el 9 de abril. Apenas 20 días después, Dachau fue liberada por los ejércitos aliados.

Donde la guerra no llegó a tiempo tuvo que llegar la Historia más tarde. Hoy Georg Elser es considerado un héroe, a pesar de su fallida proeza. Y por eso se le recuerda en calles y plazas de Alemania como aquel que podría haber cambiado el destino del Reich y, por ende, del mundo entero. Le faltaron sólo unos minutos.

Las fotos muestran la Plaza de Georg Elser en Múnich, junto a la Türkenstrasse, donde vivió.

Más información sobre Elser a partir de la Wikipedia en inglés y sus correspondientes enlaces.

Detalles del edificio al fondo de la plaza en mi galería de Flickr.

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