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Todología con bigote
Encefalomanías

Hace años participé en un precioso experimento literario llamado El Florido Byte, pergeñado por Jorge Portillo, que no sé si sigue leyendo este cuaderno, junto con un grupo de amigas y amigos que teníamos la mala costumbre de escribir en blogs. Si lo buscan en Google, todavía podrán encontrar la web y algunos de esos textos, que aparecían clasificados por categorías y donde el nombre de los autores se ocultaba para dejar campo abierto al contenido por encima del contingente (no hay errata). Todavía conservo alguno de los originales que escribí y aparecieron en la revista, y entre ellos hubo un conjunto de microcosas a las que di el nombre genérico de encefalomanías, la mayoría de las cuales se hilvanaron en tardes de largos cafés en la Pontstrasse de Aquisgrán. Aquí les dejo unas cuantas.


Referido a los colores.
Se podría escribir
un poema, una postal,
una carta de amor,
una canción de protesta,
una protesta sin canción,
una pintada en la puerta,
una narración muy corta,
unos versos sueltos,
un relato erótico,
un graffiti en la mejilla,
un libro de instrucciones
e incluso
tres tratados de botánica
con cada uno
de estos colores.

La hora del cerebro baldío
Lo difícil es pensar en qué pensar
para poder escribir que no se sabe qué escribir.
La mente, o el ingenio, es el peor enemigo de sí mismo. O misma.
Es un crítico nada constructivo que esgrime una lupa enorme, tras la que observa atentamente las más mínimas imperfecciones.
Luego saca una foto de éstas, pero con la lupa delante, magnificadas hasta el absurdo.
Paradójicamente, no asocia ese absurdo a la obra, sino que lo desplaza a su autor.

Adoquines
Las neuronas se parecen a los adoquines en que las tratamos a pisotones.
Los adoquines se diferencian de las neuronas en que, cuando se gastan, los podemos cambiar.
Es más, ciertos adoquines son reemplazados al gastarse por otros nuevos, aunque no sean necesarios, sino que incluso son más dañinos.
Lo terrible es que estos adoquines son los más numerosos.
Y, por supuesto, más numerosos que las neuronas.

Spiegel
No soy más que un oscuro reflejo
de algo que quiero ser, sin serlo
y que ni siquiera sé lo que es.

A medio hacer
No me siento cómodo rodeado de gente
y no me siento cómodo en soledad.
Quizá debería hacerme amigo solamente de seres incorpóreos,
como espíritus o ideas fijas.
Aunque quizá sea más sencillo llegar a ese término medio
rodeándome de mujeres desnudas.
Atengámonos, pues, a lo terrenal.

Erotualidades
Eros besó apasionadamente a Thánatos,
que tuvo un orgasmo mortal.

Para ser un buen Bartleby…
… es condición necesaria que no exista resquicio alguno para la posibilidad de volver a escribir.
Es decir, que previamente hay que morirse.
Es condición necesaria, aunque no suficiente.
Porque siempre pueden surgir los famosos
- y cansinos -
relatos inéditos.

69 vertical, cuatro letras.
Me gusta resolver los crucigramas con pluma. Les hace sentirse importantes.

Estadísticas
“Diversos estudios demuestran que…” Falso. Los estudios nunca demuestran nada. O bien reafirman lo indemostrable, o bien siembran dudas sobre lo ya demostrado.

Cinemascope urbano
Pensé que escribir en plena calle iba a bloquearme las ideas, por la distracción. Pero resulta que no, que lo que hace es que escriba textos con más movimiento. Éste incluido.

* * *

Veo pasar un descapotable negro con dos hombres en él. Completamente calvos y con gafas negras.
Perfecto para una moderna – y pretenciosa – novela de espías.

* * *

Ver entrar a los músicos a la sala de conciertos es como ver ponerle las pilas a un radiocasette.

Disuelto
Para escribir, lo último que necesito es estar concentrado.

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