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Todología con bigote
Zidane

Si la prensa española representa el paradigma del cinismo, la prensa deportiva es la que sienta las bases para ello. Por eso mueve a risa perpleja que los mismos que estaban jubilando a Zidane en este su último año en el Real Madrid, ahora le suplican que “por el bien del fútbol” (sic) permanezca un año más en activo. De repente, es como si la última temporada de “Zizou” no hubiese existido, como si el magnífico mundial que está haciendo, y que le va a situar entre las leyendas de la Historia del Fútbol, tuviera la capacidad de borrar una liga desastrosa para él y para su equipo. Mi ex-compañero de piso, más madridista que la Cibeles, se lamentaba habitualmente de que el francés daba siempre con su selección el cien por cien, pero que en el Real Madrid racaneaba mucho esfuerzo. La liga es más larga que un mundial, desde luego.

Hace muchas décadas, cuando el fútbol era más deporte y menos negocio, eran los grandes jugadores y no los patrocinios quienes decidían el final de su ciclo, y no pocos orquestaban su retirada a partir de los treinta años, en muchas ocasiones en momentos álgidos de su carrera deportiva. Uno de los casos más famosos fue el del mítico portero Ricardo Zamora, quien ya había decidido su retirada del fútbol en 1936, año en que completó la temporada dando al Madrid el título de liga, casi como en las películas malas: con una espectacular parada en los últimos minutos frente al “eterno rival”. Según se cuenta en una de sus biografías (o así lo recuerdo del extracto que leí hace muchos años), Zamora había tomado esa decisión porque prefería irse motu proprio por la puerta grande a que poco después lo echaran si ya no valía (“entonces no te irás tú; te echarán”, era la frase).

Zidane ha llegado a ese punto en el que puede permitirse decidir cómo quiere acabar su carrera de futbolista: ha llevado a su selección, por la que nadie daba un duro hace tres semanas, a estar entre las cuatro mejores del mundo, superando escollos nada fáciles como España y Brasil, contribuyendo a un juego tan preciosista como efectivo (ése que se ha echado de menos en otras selecciones “favoritas”) con detalles de calidad y una elegancia que, al menos a mí, me han hecho reconciliarme temporalmente con éste deporte, porque hacía tiempo que no veía jugar así a alguien. Detalles aparte, “Zizou” tiene todas las papeletas para rematar la faena con, incluso, un título, el último de su carrera y posiblemente el que mejor sabor de boca le deje.

Por eso creo que Zidane sí debe retirarse, pero creo además que lo va a hacer sin dudarlo. Ya tiene allanado el camino para despedirse con fanfarrias y seguro que no quiere terminar arrastrándose penosamente por el césped como hizo, por ejemplo, Maradona. El patetismo y la compasión no van con este atípico francés que, al menos con su selección nacional, siempre ha tenido muy claro cuál es el terreno que quiere pisar. El del camino que le lleva, irremediablemente, a la categoría de mito.

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