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Todología con bigote
Consultorio, 14 de agosto

Querido Mr. Driftwood, ¿puedo llamarle Mr. Driftwood? Le envío por mensajero esta consulta urgente porque mi familia y yo nos vamos de vacaciones mañana mismo y estamos muy preocupados. Verá usted, resulta que hemos leído en las noticias recientes que los selfies están matando gente. ¡Están matando gente! Realmente no teníamos ni idea de que hacerse un selfie fuese una afición tan arriesgada; nosotros andábamos ahí todo el día, dale que te pego con el instagram, que al principio nunca nos salía bien y siempre aparecían en las fotos personas que no conocíamos de nada, hasta que al final mi cuñao nos dijo que teníamos que comprarnos el Fánsung Vía Láctea Ese Siete o algo por el estilo y, sobre todo, pulsar el botón de darle la vuelta a la cámara. El caso es que encima del dinero que nos hemos gastado, si no podemos hacernos un selfie porque nos vamos a morir de una caída… joder, qué coraje tiene que dar eso, ¿no? En suma, Mr. Driftwood (espero que no le importe si le vuelvo a llamar Mr. Driftwood), que nos vamos a París mañana y a ver con qué amenizo yo luego las visitas de mis amistades, porque el proyector de diapositivas lo tiramos cuando España ganó el Mundial de petanca. ¿Qué hacemos? Muy suyo, Germelindo.

Estimado Germelindo: naturalmente que puede llamarme Mr. Driftwood, siempre y cuando pronuncie Mr. como se escribe, esto es “emeerrepunto”. Como supongo que no era esa su pregunta, sino la otra, le diré que sobre el tema de las autofotos se ha escrito mucho a lo largo de la Historia. Se sabe, por ejemplo, que el mariscal Rommel perdió la batalla de El Alamein porque se estaba haciendo una autofoto sosteniendo una palmera. De hecho, si se mira bien la foto, se puede ver al general Montgomery saludando con la manita al fondo. Es conocida también la famosa autofoto que Jackie Kennedy se hizo con su marido justo cuando la bala mágica pasaba por delante; lamentablemente dicha foto se veló irremisiblemente durante la autopsia. Así que ya ve, incluso a personajes de renombre les puede pasar: el exceso de amor a uno mismo tiene esas desventajas. No obstante, no deje que el miedo y la siempre apocalíptica prensa le estropeen sus bien merecidas vacaciones: Saque su cámara y utilícela libremente sin miedo a que un policía antidisturbios le sacuda con la porra. Eso sí, procure al hacerse las autofotos mirar un momento a su espalda, no vaya a ser que dicho policía esté dentro del cuadro; que esta gente es muy suya cuando de salir en una foto se trata, pero yo creo que es porque normalmente no van peinados. Por si las moscas, protéjase antes de empezar su viaje: suscriba un seguro de vida, por ejemplo (es una idea, pero una GRAN idea) poniendo a éste su servidor con bigote como beneficiario. Vaya siempre equipado con paracaídas y compruebe su estado mañana y noche. Evite las comidas copiosas: le harían caer más rápido. Beba mucho líquido, que nunca se sabe cuándo puede venir bien un pis a presión con efecto de retrocohete. Y, ante todo y sobre todo, deseche de una vez y para siempre la palabreja selfie, o si no le juro por lo más sagrado que hay en la Tierra (id est, la tortilla de patata con cebolla) que yo mismo me encargaré de hacerle rodar por las escaleras de la Torre Eiffel hasta que se le destroce el cerebelo.

Muy suyo de usted, Emeerrepunto Driftwood.

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