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Todología con bigote
Paseítos: Landsberg am Lech

Landsberg am Lech

Landsberg am Lech es un pequeño municipio al suroeste de Múnich que conserva con bastante mimo sus tesoros urbanos, incluyendo ciertas curiosas tradiciones. Por ejemplo, que los números de sus casas siguen un orden correlativo creciente en todo el pueblo y no empiezan desde el 1 en cada calle. Pero esta anécdota es sólo una de muchas que sazonan la historia de la ciudad, surcada y rodeada por murallas que proceden de distintos siglos y edades y sobre las cuáles se fue edificando hasta que parte de ellas quedaron ocultas casi por completo.

Landsberg am Lech

Landsberg am LechY el uso de “sazonar” está bien escogido, puesto que Landsberg fue, desde el siglo XIV, paso aduanero en las rutas de la sal que provenían de fuentes como Bad Reichenhall. En Landsberg se les forzaba por ley a parar durante tres días, en los cuáles los caballos de tiro descansaban, los proveedores pagaban un impuesto de almacenaje y, además, estaban obligados a vender sal a los ciudadanos que la necesitaran, para evitar que el pueblo se quedase sin aprovisionamiento. Hoy día se conservan aún parte de los almacenes con su aspecto externo; por dentro han sido remodelados y albergan viviendas, pero aún pueden verse en las galerías parte de las grúas utilizadas para elevar los depósitos hasta el almacén correspondiente.

Aun sin ser un gran núcleo de población, la vida cultural en Landsberg es relativamente amplia y la ciudad se ha convertido en reserva y alojamiento de artistas, que ocupan preciosas viviendas al borde del canal que atraviesa el casco antiguo. Ya de antiguo se conocía a la parte más alta como “Barrio de las Brujas”, aunque realmente quienes allí habitaban no eran estas practicantes de la magia negra, sino hechiceros del pincel y el lienzo. A una pintora pelirroja que allí residía se le atribuye la denominación de este barrio desde el siglo XIX, puesto que tradicionalmente el pelo rojo se asociaba con la brujería. Pero Landsberg también fue contenedor de múltiples oficios: panaderos, curtidores y teñidores, por ejemplo, dan nombre a puntos clave del Altstadt. Y uno de los más importantes constructores y estucadores del siglo XVIII, Dominikus Zimmermann es responsable de dos de las joyas del barroco bávaro: la Johanniskirche y la fachada del antiguo Rathaus.

Landsberg am Lech

Igualmente, sus eventos anuales levantan mucha expectación en la zona, tanto la fiesta municipal, que se celebra este mismo fin de semana (nosotros la visitamos un día demasiado pronto), como la competición de coches de época, la semana pasada o el mercado de Navidad, que atrae también a mucho visitante de la metrópolis muniquesa. Pero cualquier época es buena para echarle un vistazo a este lugar y extasiarse con sus estrechas calles pobladas de esquinas que albergan minijardines en casas particulares, las murallas visibles e invisibles, flanqueadas por majestuosos portones con elevadísimas torres que atestiguan el paso de los siglos y las constantes guerras entre bávaros y suabos que se concentraban en este área, límite entre ambas regiones. Todavía hoy, aún con los descendientes de los dos pueblos integrados en el mismo estado federado, los piques entre la Baviera y la Suabia (incluyendo chistes de bastante mala baba) forman parte del folklore de la Alemania del Sur.

Landsberg am LechLandsberg am Lech

Pero sin duda, lo más característico de Landsberg es el paso del río Lech, que completa el topónimo, con su mayestático salto de cuatro escalones, utilizado tanto como defensa ante las crecidas como para generar energía; antiguamente para mover los molinos de harina, ubicados en el canal que mencionábamos antes, y hoy día como fuente hidroeléctrica. No sólo la vista del río cayendo en cascada múltiple es espectacular, sino que el fenómeno acústico ya está integrado en la banda sonora natural de la vida cotidiana del pueblo.

Landsberg am Lech

Y, como es inevitable en este país, Landsberg también tiene un pasado reciente muy turbio: en su cárcel residió durante 1924 Adolf Hitler, cumpliendo parte de su (ridículamente corta) pena por el llamado “Putsch de la cervecería” (el abortado golpe de Estado nazi de 1923) y fue allí donde escribió la obra de referencia de su desgraciada religión política, Mein Kampf. Posteriormente, ya con el NSDAP en el poder, Landsberg se usó como punto oficial de encuentro para las juventudes hitlerianas. Y durante la guerra Landsberg albergó un inmenso campo de concentración —el mayor de todo el Reich— desde el que se enviaban a las cámaras de gas de Auschwitz a aquellos judíos que no llegaban a morir en las durísimas condiciones de vida, de trabajo y sanitarias que el de Landsberg exhibía.

Ya en tiempos más actuales queda como anécdota para cerrar este texto (y el paseo) la entrada a los túneles que llevan hasta los aparcamientos públicos. Construidos en el interior de la ladera que gobierna Landsberg por el Este, su función principal es otra bastante pintoresca: estas galerías están destinadas a servir de refugio en caso de ataque con armas nucleares. Lo que provoca que, cuando te lo cuentan mientras vas a buscar el coche, te entre una risita nerviosa.

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(Más fotos de Landsberg am Lech aquí)

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