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Todología con bigote
Ideas sueltas #18

Ciento una
Qué bajonazo lo de Álex Angulo y qué sorprendente comprobar la unanimidad sobre la calidad de su trabajo. Sé que me van a sacudir por decir esto, pero lamentablemente no hay demasiados actores buenos en España, aunque desconozco el motivo. Álex Angulo poseía una naturalidad pasmosa, tal que incluso sus personajes más marcianos, como el padre Berriartúa de El Día de la Bestia, se antojaban perfectamente reales. Mi personaje favorito fue ese agobiadísimo y “apenao” Blas Castellote de la serie Periodistas, quizá el único realmente creíble de todo el reparto por la normalidad que representaba. Se lo llevó un accidente de tráfico, y ahora siento que la profesión de actor en España se ha quedado cojísima.

Ciento dos
El asedio a Gaza es también la guerra de la propaganda, como siempre pasa; pero hay una foto que me ha llamado la atención hoy. El diario El País, que lleva varios días publicando las excelentes crónicas de Juan Gómez, un corresponsal en mitad de Gaza al que, casi literalmente, le están cayendo bombas a los lados, modifica los titulares de Gómez y pone en su portada otros que poco o casi nada tienen que ver con la crónica, para darle el tono “israelí” a la noticia. En la de hace un rato, a pesar de que el artículo habla de otros cien muertos entre los palestinos, la fotografía (que no es del reportero sino de Getty Images) muestra a tres soldados israelíes llorando al enterarse de la muerte de trece compañeros suyos en los combates de hoy. Dejando aparte la manipulación, digo que me llamó la atención la foto porque se trata de tres jóvenes —tres chicas, aunque no es relevante— que, de repente, se han dado cuenta de lo que significa ir a una guerra. Y pienso que la mayoría de los soldados del ejército israelí que están siendo enviados a la Franja van a pasar por algo parecido: de la seguridad que les daba ser la potencia ocupante y apenas encontrar resistencia a sus desmanes, a la certeza de que pueden morir en cualquier momento. Algo a lo que los palestinos, desgraciadamente, llevan muchos años acostumbrándose. En casos excepcionales servirá para que algunos decidan no volver a participar en esto; en la mayoría de los casos, la consecuencia será el crecimiento interminable del odio. Una solución pacífica y satisfactoria para ambos bandos está cada vez más lejos y me temo que lo que hay detrás sólo es abismo.

Ciento tres
Si tienes que dedicar tanto dinero, recursos, personas y amenazas para convencer a los demás de tu postura, es muy posible que ésta sea equivocada.

Ciento cuatro
La pintoresca democracia española tiene “cosillas” como que el presidente de su Tribunal Constitucional sea militante declarado del partido en el gobierno; que haya asesorado a este partido en la elaboración de una devastadora reforma laboral y, para rematarlo, que ni siquiera se haya inhibido a la hora de decidir sobre un recurso contra dicha reforma ante el tribunal que preside. Abriendo la puerta, con ello, a un nuevo endurecimiento de las condiciones de los trabajadores. Pues ninguna reforma laboral, hasta la fecha, ha resultado en más derechos o mejores salarios para el currito. El modelo económico del Partido Popular, sin embargo, va más allá: convertir a España en un país competitivo a base de ponerle precios de saldo.

Ciento cinco
Otro año más en el que el Tour me importa una mierda absoluta. Y la culpa la tienen los propios ciclistas.

Ciento seis
Llego al final de la segunda temporada The Good Wife. Está bien, porque las series de abogados casi siempre están bien, aunque resulta algo anodina. Podría ser una La Ley de Los Ángeles rodada veinticinco años más tarde: tramas judiciales autoconclusivas, con una trama política y otra familiar en paralelo, sin abusar del continuará y sin profundizar demasiado en la mayoría de los personajes. Hay muy buena química entre los protagonistas y creo que entre éstos y el telespectador; al menos yo me iría a tomar cañas con cualquiera de ellos. Con algunas de ellas incluso más, ejem. Tiene tres temporadas más, pero creo que las dejaré para más adelante.

Ciento siete
En Múnich suele haber sólo un día al año de auténtico bochorno, de esos en los que la brisa está ausente, el calor se te pega y cuesta dormir. Hoy.

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