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Todología con bigote
Códigos y preceptos

Lo que voy a contar creo que se ha contado mil veces, pero hoy me dio por reflexionar sobre ello.

Por razones de trabajo me he pasado seis horas metido en un tren, tres de ida y tres de vuelta. En ambos sentidos venía gente vestida de traje: ellos, chaqueta, corbata, zapatos impolutos, afeitado, presencia impecable; ellas, chaqueta, falda, medias, zapatos de tacón sin mácula, maquillaje, asimismo impecables. Tiranías de los trabajos que requieren trato con clientes o estar de cara al público, en algunos casos. En otros, simplemente un código de vestimenta que se impone, tácita o explícitamente, para ir a la oficina. No siempre cómodo (casi nunca lo es, aunque a primera hora de la mañana es fácil creerlo) y con tendencia a desastrarse conforme avanza el día. Recordé un viaje relámpago a Londres en el que aterrizamos en el aeropuerto de London City, en pleno centro del hervidero de negocios de la metrópoli y, por ello, transitado casi exclusivamente por trajeados de ambos sexos.

A la vuelta, estos infantes de la vida moderna, u otros distintos pero pertenecientes al mismo batallón de currantes, descansaban o dormían de la larga jornada, ya las camisas por fuera, ya los zapatos quitados. Esto por lo que respecta a ellos; ellas, las que pude observar, permanecían en la mayoría de los casos con el mismo aspecto —supuse— que por la mañana.

Al salir del tren entré en el metro y entre los pasajeros había una pareja de mujeres, creo que turcas (aunque tampoco estoy seguro), una más joven, la otra de más edad. Ambas llevaban hiyab que les tapaba la cabeza, dejando al descubierto el rostro. La mayor, imagino que la madre de la otra, llevaba un vestido amplio; la más joven, una sencilla camisa a cuadros y unos pantalones igualmente amplios. Sus rostros eran de cansancio, sin duda tras una jornada laboral tan larga como la del resto.

Estas mujeres vestían según los preceptos de una religión; sin embargo, de todas las personas que vi durante el día, no me pareció que fueran ellas las más “oprimidas”, a falta de un término mejor. No sé si me explico.

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