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Todología con bigote
Mixtificaciones de las primarias socialistas

NOTA: si quieren contextualizar la opinión que sigue, estos dos textos que escribí sobre elecciones primarias pueden serles de ayuda: Aquí uno y aquí el otro.

Llegaron y se fueron las primarias del PSOE. Igual es cosa de quien esto escribe, pero el bajo nivel de los candidatos ha provocado que me desinterese completamente por la campaña, casi hasta el punto de que me enteré un par de días antes de la fecha en la que se celebraban. El ganador, ya lo saben, ha sido el presunto renovador Pedro Sánchez, un hombre que cuenta con el apoyo de un buen cacho del aparato (inserte su chiste aquí) y, ante todo, el de la que corta el bacalao en este momento, Susana Díaz.

Sólo en parte resulta sorprendente la elección de Sánchez: surgió, según dicen, a instancias de Díaz para oponerse frontalmente al rubalcabismo saliente y al delfín simpatizado por don Alfredo, Eduardo Madina. Rápidamente contó con el favor de casi todos los medios de comunicación, con una sospechosa unanimidad entre los de izquierda derecha, los de más derecha y los de mucha más derecha sobre su idoneidad. Con la inmediata sospecha por mi parte de que no lo consideran buen candidato, sino simplemente inofensivo y que no se saldrá de la cuadrícula. Su juventud, su buena presencia y un discurso ideológicamente vacío, más cercano al de un comercial de inmobiliaria dispuesto a halagarte el oído con tal de que le compres la casa, lo convierten en el yerno perfecto de la monarquía bananera. Y, con todo, no ha conseguido superar el 49% de los votos, para una participación del 67% de la militancia. Hay que decir que sus oponentes no estaban tampoco como para tirar cohetes: Madina, que ha obtenido el 36% de sufragios, arrastraba el peso del delfín y, consecuentemente, un pasado excesivamente cercano al último gobierno socialista. Los resultados en el País Vasco, su federación de origen, mostraban que tampoco debía de caer demasiado bien en lo pirenaico. Y por otro lado su discurso integrador, pero igualmente flojo de ideas, difícilmente iba a atraer al votante socialista necesitado de caras nuevas. El tercero en discordia, José Antonio Pérez-Tapias, decidió presentarse para, en sus propias palabras, devolver al partido a la izquierda. Ligeramente ilusionante y con bastante más fondo ideológico, creo que ni él mismo se creía que pudiese ganar y, desde luego, poco apoyo mediático ha tenido; los que podían darle difusión lo dejaron por desahuciado desde el principio. Aun así, ha conseguido el 15% de los votos y está por ver si se convertirá en una voz discordante o colaboradora en la ejecutiva que salga tras el Congreso.

El proceso parece que ha sido limpio (al menos ninguno de los candidatos se ha quejado), la participación alta y el resultado justo e inapelable. Personalmente creo que el PSOE se va a suicidar con la elección que ha hecho, que no parece más que un lavado de cara al “más de lo mismo” pero sin entrar a renovar lo esencial, y desconozco cómo funcionará Pedro Sánchez en las peleas que se avecinan a cara de perro con el gobierno, por un lado, y con los partidos a su izquierda (cada vez más numerosos), por el otro. Mi primera impresión es de que se lo van a comer con patatas, pero ya digo que ahora mismo es una incógnita. Hay quien afirma que el partido va a estar gobernado en la sombra por su mentora andaluza, pero qué quieren que les diga… esto es política y esto es poder, y la historia nos enseña (sobre todo la reciente, porque la tenemos más fresca) que hasta la persona aparentemente más inocua aprende bien rápido a poner zancadillas, a trepar hasta la cumbre y, sobre todo, a no dejar prisioneros por el camino.

En cualquier caso extraigo, como siempre, algo muy positivo de esto: se ha vuelto a poner en marcha un proceso de primarias, con sus candidatos, su campaña, sus debates públicos (¡ojo!), que ha concluido con éxito y que muestra que es posible la democracia directa dentro de los partidos, incluyendo el derecho a equivocarse al elegir y a criticar abiertamente la elección hecha. Esto, que debería ser lo normal, todavía hoy lo consideramos como algo extraordinario. Así que lo mismo el problema no está en las primarias del PSOE.

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