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Todología con bigote
Disquisición poco uniforme

Hoy esta noticia ha pasado casi sin pena ni gloria, y sin embargo me parece importante:


Las jugadoras de balonmano playa podrán elegir su equipación en competiciones nacionales

El plante de la Federación Vasca de Balonmano ante la normativa europea que obliga a los equipos femeninos a competir con top y braguita está dando resultados. El primero, la reunión del Consejo General de Deportes con la Federación Española, que tenía previsto aplicar la norma el próximo año. Tras el encuentro ambas partes han informado de que las jugadoras podrán elegir la equipación que prefieran en competiciones nacionales.[…]

Las normas de juego de la Federación internacional, asumidas desde 2010 por la Federación Española, exigen que el uniforme de las chicas “deje el estómago al aire”, que el bikini inferior no tenga en su parte más ancha más de 10 centímetros, mientras que el de los chicos señala que el pantalón puede ser holgado y largo, aunque 10 cmts. desde la rótula, como máximo. El CSD, a través de Ana Muñoz, ha explicado que las jugadoras tendrán libertad de elección en competiciones nacionales.

Desde la Federación Vasca de Balonmano, la primera que expresó su malestar y se planteó no competir en torneos nacionales, consideran este gesto como “un primer paso” para avanzar en este sentido y conseguir revocar la norma de carácter internacional.[…]

(La noticia completa, aquí)

La eclosión de popularidad del voley playa, especialmente el femenino, se produjo en los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996). Las estrellas de entonces fueron los dúos brasileños, que mostraron el potencial televisivo de este deporte, convirtiéndolo en espectáculo visual y sexual y consiguiendo mucho dinero por ello. A raíz de ahí aparecieron otros deportes playeros con una filosofía parecida que unía al deporte la exhibición del cuerpo de los y las atletas; sobre todo de ellas. De ahí a considerar que la única forma de impulsar el interés por deportes femeninos y minoritarios (dos componentes que las televisiones que viven de los datos de audiencia consideran altamente venenosos) iba solo un paso. Y ello se extendió a otros deportes que ya no se disputaban sobre canchas artificiales de arena. Por ejemplo, el voleibol de toda la vida, el que se juega en sala, también acabó sucumbiendo a los uniformes escuetos y ajustados. En el baloncesto femenino ya saltó una polémica hace un par de años, con diversidad de opiniones, aunque la mayoritaria parece que se inclinaba por la visión machista de la competición. Y, si se han fijado en los uniformes de este mundial, no pocas selecciones llevan las camisolas tan repegadas que se podía hacer un “une los puntos” con los pezones de los futbolistas mientras cantaban el himno.

En el caso del balonmano playa del que habla la noticia (y debo decir, para mi descrédito, que desconocía por completo que hubiese una versión arenera de este deporte), la polémica no está tanto en los uniformes como en la obligatoriedad de llevarlos según las escasas medidas de la federación internacional (que, sospecho, no debe de estar plagada de mujeres en su directiva) y, por otra parte, en que dichas obligaciones no se les
exigen a sus colegas masculinos, o se les exigen con bastante más holgura, en todos los sentidos. Sospecho que el componente fálico implícito redunda en la incomodidad de los federativos a la hora de solicitar la exposición universal de las carnes. Ya ven, los remilgos están muy mal repartidos.

NOTA: Me pasan este post de Nuria Varela con la lista de perpetradores en la Federación Española. Gracias a Ana Bueno por la pista.

Al final parece que en la federación española, al menos, se ha decidido ignorar la norma internacional y permitir a las jugadoras que se vistan como crean conveniente en las competiciones nacionales. Es un primer paso (que, todo hay que decirlo, ya es triste que estemos hablando de “primeros pasos” en esto en pleno siglo XXI) y, sin duda, habrá una nueva discusión y —esperamos— polémica cuando toque pelear con la federación europea. Que no es una cuestión sencilla de ganar, aunque debería serlo: como decíamos arriba, el concepto ahora es el deporte como espectáculo y orientado a ganar dinero. Un dinero que pasa primero por las federaciones, las cuáles buscarán todos los medios para maximizar los ingresos. Y está claro, porque eso sigue sin cambiar, que la principal fuente de parné audiovisual pasa por el sexo. Más que de una cosificación estaríamos hablando de una cachocarnificación. Y el objetivo a combatir, según lo veo, es la obligatoriedad de ésta.

Porque una vez resuelta la discusión como debiera, esto es, con las jugadoras y los jugadores utilizando ropa de la talla que les dé la gana y enseñando sólo el cacho que les parezca bien enseñar, yo tampoco descartaría que fueran ellas mismas las que decidieran, individualmente, que a lo mejor prefieren jugar con el bikini o con ropa ajustada. O con traje de chaqueta. O con equipación pintada al gotelé. Por las razones que fuesen, aunque la única a considerar es “porque les sale del coño”, mayormente.

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