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Todología con bigote
Ideas sueltas #17

Noventa y tres
Hoy es San Fermín, día de toros, de encierros y de comentar los episodios de destete sucedidos durante el chupinazo del día 6. Vuelve la “polémica” sobre los tocamientos de pechos a las chicas que se desnudan en medio del fragor y del agobio de la multitud apelotonada en la plaza del Ayuntamiento pamplonés. Y pongo “polémica” entre comillas, porque no debería de haberla: que una mujer se quede con las tetas al aire no es invitación a nada, y mucho menos a sobárselas si ella no lo consiente. Nunca, bajo ninguna circunstancia, y sin atenuantes ni excusas. De lo que estoy leyendo, parece que poco a poco el personal (masculino y femenino, porque entre éste todavía abundan las del “algo habrá hecho”) va tomando conciencia del límite entre diversión y agresión sexual. Pero a pesar de esto, que debería a estas alturas del siglo XXI y en plena “vieja Europa” ser una obviedad, todavía proliferan seres de dos patas y con el cerebro de una ameba que siguen sin entender el significado del NO.

Noventa y cuatro
Las agresiones sexuales pueden ser explícitas, como en el caso mencionado arriba, o canalizarse a través de las distintas vertientes del machismo. Y es un aprendizaje continuo para reconocerlas, evitarlas y modificar (y alentar a modificar) hábitos que a simple vista no parecen machistas.
Es sobre el primer punto, el reconocimiento, de lo que quería hablar. A pesar de que no soy casi nada aficionado a los videojuegos, sí soy consciente de que desde siempre ha sido un mundo de hombres, poco permeable a la entrada de mujeres y altamente autodefensivo (léase: troglodita) cuando éstas alcanzan protagonismo dentro de la profesión. A pesar de que en la historia del videojuego ha habido programadoras desde por lo menos los años ochenta (escasas, pero las había), resulta sorprendente cómo su número crece a ritmo excesivamente lento, y no creo que sea por falta de profesionales dispuestas a ello. E, incluso así, me he quedado “choqueadísimo”1 al leer este detallado artículo de Alberto Mut centrado en el caso de Zoë Quinn, a quien en medio de una maraña de insultos le han llegado a decir que debe dejar de diseñar juegos, simplemente porque es mujer. Si crees que no hay sexismo en los videojuegos, mira de nuevo. El artículo es francamente bueno, porque derivado de ese caso pone sobre el tapete la existencia de la rape culture y los abusos sexuales (verbales y físicos) como norma cotidiana dentro de ese oficio. Les recomiendo que se preparen el estómago para leerlo, porque dan náuseas.

Noventa y cinco
Murió Alfredo Di Stéfano, que era una de esas personas tan incrustadas en la historia cultural de Estepaís (sí, el fútbol también es cultura, no se gasten) que te daba la sensación de que no podía morirse nunca, que era como si formara parte del paisaje. Pero estaba ya muy mayor y en un momento o dos el cuerpo le ha dicho que ya, que hay que dejarlo todo menos el recuerdo. Yo qué sé, yo no soy madridista, no tengo edad para haber visto jugar a La Saeta (entrenar sí, mi memoria me dice que al Madrid de los primeros 80 lo entrenó él) y la parodia que hacía Alfonso Arús en su programa de la tele tenía la misma gracia que un hierro al rojo metido por la fosa nasal. Pero Di Stéfano me inspiraba ternura, con una ingenuidad que se le notaba cuando comentaba (horrorosamente) partidos de la selección española en el mundial de 1990, donde siempre afirmaba que España jugaba como para hacerle cinco o seis goles al contrario. Hace años, en Canal Plus, se hizo una especie de encuesta para ver quién fue el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Había cuatro candidatos: Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona; uno por cada una de las décadas precedentes. Ganó Pelé sin discusión, con Maradona detrás, porque la historia es la que es y don Alfredo no tuvo ocasión ni de jugar un mundial. Pero, visto ahora con una perspectiva mayor que antes, creo que Di Stéfano tuvo algo de lo que sus tres “oponentes”, en mayor o menor medida, carecieron: seguramente caía bien a todo el mundo.

Noventa y seis
Lo de Gowex es un síntoma. Aunque, como decía Harry Burns poco antes de conocer a Sally Albright, “resulta que ese síntoma se está follando a mi mujer”. Dejemos por el momento lo que pueda haber detrás del whistleblower2 que sacó a la luz los cuatro años de cuentas falsas del ínclito e inicuo Jenaro y centrémonos en la estafa en sí, y en cómo la hiperactiva labia de semejante individuo no sólo consiguió engañar a tanta gente durante tanto tiempo, sino también en cómo se empeñó en mantener el engaño hasta el final inevitable, intentando convencer a sus empleados de que todo iba viento en popa, apenas dos días antes de que tuviera que reconocer públicamente su desmedida trola. Que yo no sé si es, pero tiene toda la pinta de ser un embustero patológico, en el sentido clínico del término. He conocido gente así, llevando en su cabeza los pájaros siempre hacia adelante, siempre hacia adelante, negándose a recular o a admitir una mentira y, en su lugar, sustituyéndola por otra mayor. El problema es que en este caso la mentira le va a costar dinero a mucha gente, incluyendo a los ciudadanos cuyos ayuntamientos tomaron parte en esa estafa. Quiero pensar que esa parte fue pasiva, pero a la vista de los datos yo ya no tengo tan claro que esto no sea uno de esos casos donde el “ser amigo de” pese más que la solvencia de un proyecto y de una empresa. Que, por desgracia, con este gobierno cada vez son más numerosos.

Noventa y siete
Porque no se engañen, esto no tiene nada que ver con la ideología. Ni derechas frente a izquierdas, ni conservadurismo frente a progresismo, ni siquiera liberalismo frente a estatalismo. La política del PP es, sencillamente, la del saqueo. Hasta que no quede nada.

Noventa y ocho
Y quien dice el PP, dice también aquel hombre de estado, y señora. Por qué se está hablando tan poco de los valors del clan Pujol (que parece que son valors más bien financieros antes que identitarios), es una de esas cosas que me maravillan de la política española. Todo consiste en tener los apellidos correctos y el linaje bien limpio, que luego la señora Ferrusola pasa el dedito por la repisa.

Noventa y nueve
El debate entre los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE: El marmolillo del aparato, el comercial de inmobiliaria y el único que de verdad podría renovar algo, pero ni él mismo cree que pueda ganar.
Y ya.

Cien
Y la número cien va para Salvem el Cabanyal y para los vecinos de ese barrio y su lucha continua desde hace años contra viento, marea y rinoceronta. Hoy tuvieron una buena noticia.


1 De shock, no de choco. [Nota del Bigote]

2 O sea, el que descubre el pastel. Algunos datos aquí [N. del B.]

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