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Todología con bigote
Lentejas

Si el gobierno de Aznar se caracterizaba, sobre todo en su primera legislatura, por lanzar numerosos globos sonda y retirarlos o confirmarlos según la reacción de la opinión pública y publicada, el de Rajoy es todo lo contrario: normalmente cuando uno piensa que no serán capaces de ejecutar una burrada mayor que la anterior, van y lo hacen. Por eso, la insinuación de Mariano de hace un par de días de que pretende cambiar la ley electoral para permitir la elección directa de alcaldes, lejos de tomármela como otro globo sonda, prefiero recibirla como una realidad en ciernes, aunque también sirva para distraer de otros temas igualmente importantes.

Pero ¿es tan raro o tan malo que el alcalde se elija directamente? Pues no, no tiene por qué ser ninguna de las dos cosas. En Alemania se vota a los alcaldes independientemente de los concejales, como expliqué aquí, y se incluye una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados si ninguno ha obtenido la mayoría absoluta de los sufragios emitidos. Es una opción válida que separa al alcalde o alcaldesa, Bürgermeister/-in, del consejo municipal o Stadtrat, que es el que forman los concejales y donde la mayoría puede ser otra, incluso con pactos. Mientras la separación de competencias entre ambos esté bien definida y haya formas de ejercer oposición y posibilidades de revocación del mandato1, no debería de haber nada que objetar.

Sin embargo, existen otros modelos bastante menos democráticos en su forma. Uno de ellos, que se aplica sobre todo en países anglosajones, es el llamado winner takes it all (el ganador arrambla con todo), que puede ser a dos vueltas para cualificar la mayoría o bien “a capón”; esto es, el que saque más votos se lleva todo el premio, aunque sea con un 20% de los votos, simplemente porque el resto de partidos no ha pasado del 19%. Y, a partir de ahí, aglutina todo el poder ejecutivo y puede gobernar sin cortapisas. El “casi” es que normalmente existe la posibilidad de convocar un referendo revocatorio con una recogida de firmas, y que hay otros mecanismos de contrapeso mediante la participación directa del ciudadano.

En principio, ambas opciones son complicadas de implementar en España, pues supondrían cambiar de forma más o menos profunda al menos dos leyes (la de Bases de Régimen Local y la ley orgánica del Régimen Electoral General), tanto para redefinir competencias del gobierno municipal como para modificar el sistema para elegirlo. Eso sin contar con una posible inconstitucionalidad en el caso del segundo sistema, aunque cómo determinar esto es algo que se escapa a mis escasos conocimientos. Es verdad, por otro lado, que esos cambios no son difíciles de aprobar, pues incluso en el caso más difícil, una ley orgánica, sólo se requiere mayoría absoluta en el Congreso. Pero creo que nunca se ha hecho una reforma tan radical de las reglas del juego sin un amplio consenso entre los partidos. Aunque qué quieres que te diga, maripuri…

La razón que el presidente del gobierno daba en su discurso era, más o menos, que había que facilitar que el alcalde fuese el “elegido por el pueblo” y no una coalición de varios partidos “que han perdido las elecciones” (las comillas son mías, pero casi). Dejando aparte el conocido anumerismo2 funcional de Rajoy, como se trata de un tipo que lleva viviendo de la política más de treinta años voy a suponer que esa monumental idiotez la dijo conscientemente, en vez de pensar de que sigue sin entender lo que significa el concepto de democracia representativa. En ambos casos, sin embargo, la idea que subyace en Mariano y en su partido está bien clara: quieren que se le otorgue al partido más votado, independientemente de su porcentaje de votos, una representación ampliada que las urnas no le han otorgado. Es algo que ya han mencionado dirigentes del PP en diversas ocasiones, casi siempre cuando la falta de una mayoría suficiente les ha impedido gobernar en algún sitio (el último y más ostensible caso, en las autonómicas andaluzas de 2012). Con esto, y ante la posibilidad cierta de que puedan perder miles de ayuntamientos y alguna que otra Comunidad el próximo mayo, pretenderían asegurarse el conservar buena parte de las potenciales pérdidas, con el bonus de que gobernarían en ellas como si tuviesen mayoría absoluta. Es decir, una vez has votado y aunque ningún partido tenga mayoría de votos, el que más saca te ofrecerá cuatro años de lentejas. Y, con el PP, ya saben lo que eso significa.3


1 Si saben alemán, en este enlace se explican las condiciones para revocar el mandato de un alcalde en Alemania, dependiendo de cómo fuese elegido (el procedimiento no es el mismo en todos los Estados Federados).

2 Equivalente numérico del analfabetismo. [Nota del bigote]

3 Y en el PSOE ya hay más de uno dispuesto a subirse al carro.

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