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Todología con bigote
Referén, dum, dum, Referéndum-dum

Cada vez resulta más complicado interpretar los resultados de un referéndum: Del que se celebra hoy en la comunidad catalana vamos a tener tantas interpretaciones como políticos y periodistas existen en Estepaís, y estaremos oyendo opiniones sobre “lo que han decidido los catalanes” hasta la completa extenuación auricular (y quizá ventricular), olvidando que en ese referéndum hay votantes no catalanes, e incluso catalanes que no votan y, por tanto, no deciden nada más que irse al campo o a la playa en este soleado domingo.

El problema es que las preguntas en un referéndum son excesivamente minimalistas: sólo se puede contestar “SÍ” o “NO”. Si el votante quiere darse un homenaje, puede dejar la papeleta en blanco, ya que cualquier manifestación literaria o artística, del tipo “iros todos a hacer puñetas” será considerado voto nulo, aunque sea posiblemente el que mejor represente la opción de ese elector. Y lo peor de todo es que, vote lo que vote, siempre habrá un avezado contertulio dispuesto a escribir una tesis doctoral completa sobre lo que quiso decir con ese voto.

En esta consulta, además, esta afirmación se vuelve mucho más seria, por cuanto dos formaciones políticas diametralmente opuestas se van a encontrar con la paradoja de defender el mismo voto, el “NO”, aunque por razones completamente diferentes. ¿Cómo narices se interpretará ahora el porcentaje de votos negativos que saldrá de las urnas? Es más, si triunfase el NO, ¿a quién atribuimos el mérito? Nos encontraríamos con la terrible duda de si hay que retirar por completo el proyecto estatutario, o bien desarrollarlo mucho más, pidiendo en él incluso la independencia total. ¿Y bien?

En “El Cuaderno de Otis B. Driftwood”, siempre dispuestos a mejorar la esencia de nuestra democracia y, además, queriendo aliviar a los sufridos radiooyentes de un previsible monotema en las tertulias matutinas hasta las próximas elecciones catalanas, hemos decidido proponer un nuevo diseño de papeleta en el que el votante será capaz, por fin, de expresar diáfanamente su opinión sobre ese mamotreto de tropecientas páginas redactado con el propósito de que nadie se lo lea. Con mínimos cambios, la papeleta serviría para cualquier proyecto de reforma de los muchos que están por venir. Y, por supuesto, al final lo que contaría serían las respuestas de “SÍ” y “NO”. El resto de cuestiones serían meramente orientativas para que tanto políticos como todólogos sean capaces de hilvanar sus diatribas mañaneras con, al menos, cierta sustancia.

Aquí les dejo un primer modelo, para que se vayan acostumbrando a él. Si conseguimos hacerlo oficial, revolucionaremos el panorama político-mediático de Estepaís y de los que queden cuando se rompa a cachitos. Y si no, al menos intentaremos llevarnos unas cuantas comisioncitas por derechos de autor, que nunca vienen mal.

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