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Todología con bigote
Algunas consideraciones (más) sobre la República

AVISO: En esta nota hago alguna interpretación de la Constitución que no estoy seguro de que sea la correcta, aunque me lo parezca. Si algún experto en Derecho Constitucional lee esto y ve burradas que necesite corregir, por favor, siéntase libre de hacerlo en los comentarios.

¿Es más democrática una república que una monarquía?
En igualdad de condiciones (esto es, si no consideramos las monarquías o repúblicas en el mundo que son dictatoriales), la respuesta es . Y mis razones son claras: en nuestra monarquía parlamentaria el jefe del Estado es el único cargo representativo que no se elige de forma democrática; su cargo es vitalicio o hasta que le apetezca motu proprio abandonarlo; si se le quiere echar es virtualmente imposible; es constitucionalmente inviolable y exento de cualquier tipo de responsabilidad; cualquier modificación en su estatus, sus funciones o su tratamiento jurídico requiere una reforma constitucional tan compleja que, en la práctica, su cargo y su persona están blindados; y, lo más importante, una vez cesa en el cargo, le sucede de forma automática un pariente suyo por único derecho de sangre y herencia.
En suma, no hay régimen monárquico, por muy parlamentario que sea, que pueda ser más democrático que una república democrática. Se lo voy a poner de forma poética: la diferencia es sólo un ciudadano1, pero es una diferencia sustancial.

Pero esa monarquía existe porque así lo decidieron todos los españoles a través de la Constitución
Hay varias falacias en esta frase tan corta: Primera, la monarquía ya estaba presente antes de la Constitución. Segunda, las elecciones de 1977 no eran elecciones a cortes constituyentes y nunca lo fueron; la Constitución es una idea de Adolfo Suárez (a instancias o con la aquiescencia del Rey, que para el caso lo mismo da), pactada entre varias de las fuerzas políticas y elaborada con muchísimas limitaciones, la principal de las cuáles era la amenaza de las armas y de la vuelta al antiguo régimen (Franco sólo llevaba muerto tres años, que parece que se nos olvida). Tercera, el referéndum constitucional suponía votar a favor de un paquete completo (que incluía la monarquía, por supuesto) o rechazarlo y seguir como se estaba (es decir, con monarquía). JAMÁS se ha preguntado a los españoles qué sistema de gobierno preferían. Que yo no digo que se hubiese votado una república entonces; es más, es posible que no. Pero, desde luego, ni un sólo español “decidió” que existiese la monarquía por votar la Constitución. Sencillamente porque no se preguntó.

Bueno, pero el Rey se reivindicó en 1981 como demócrata, paró el tejerazo, no se mete en política, es un representante de todos, tiene función moderadora…
Vamos a dejar lo del 23-F de lado, no vaya a ser que, como está el patio, me metan a mí un purazo. Hay literatura de sobra (no, Victoria Prego no) para que ustedes mismos aten cabos y comprueben que “sí, pero no y a lo mejor lo contrario”.
Pero entremos en su labor representativa, si quieren, y hablemos de los viajecitos de su mahestá para cazar osos atados a árboles o elefantes en Bostwana; de sus gritos a mandatarios extranjeros (por mal que nos puedan caer) en mitad de una cumbre internacional; del meteórico ascenso de su fortuna personal, que no se explica por la asignación que recibe del Estado; de cómo sus asesores más cercanos, algunos de ellos amigos personales, han acabado en la cárcel; de su “excesiva” cercanía al empresariado, con o sin yates; de sus líos de faldas (que me importan nada) alojados en inmuebles pertenecientes al Estado (que sí que me importa mucho). Y, sobre todo, de tener los cojones tan cuadrados como para pensar que con una simple disculpa ante las cámaras (y porque le pillaron in fraganti) se iba a arreglar la cosa. Y lo peor es que tenía razón, porque ¿recuerdan? es inviolable y no sujeto a responsabilidad.

Bueno, pero seguro que Felipe no será así; es más de nuestra época, está preparadísimo, su mujer es plebeya y de mucho carácter…
Hablemos de Felipe cuando toque hablar de Felipe, pero déjenme decirles algo: los Borbones nunca se han caracterizado por su buen comportamiento, al menos en España. Lo digo por si quieren hablarme también de la tradición monárquica española, que ésa si tiene varios tomos escritos, casi ninguno tan complaciente como la prensa actual.

Vale, volvamos a la Constitución: si no nos gusta, se puede cambiar; ya se ha hecho otras veces
Concretamente dos, efectivamente, pero déjenme que les puntualice: en ambos casos se hizo para transponer órdenes europeas: la primera vez en 1992, para poder ajustarnos al tratado de Maastricht e incluir el sufragio activo de los ciudadanos de la UE en elecciones municipales. La segunda es más reciente: la modificación del artículo 135 para que la política económica tenga como prioridad controlar el déficit público (lo que por otro lado contradice otros artículos de la propia Constitución, pero no nos vamos a poner estupendos ahora, ¿verdad?). En el primer caso era necesario el cambio, en el segundo no (podía haberse hecho mediante leyes), y en ambos se tocaron títulos cuya modificación NO requería de referéndum, aunque la Constitución permite que se utilice para ratificar las reformas. Como ejercicio les dejo que se pregunten por qué no se hizo así.
Y, en un aparte: teniendo en cuenta que uno de los partidos (al menos) que la aprobó sí es partidario de esa modificación sin reservas, y que sin su concurso es imposible deshacerla, adivinen qué va a pasar si alguna vez se propone devolver el 135 a su estado original.

Ahora hablemos de cualquier título en la Constitución que modifique la forma de Estado, los derechos y deberes fundamentales o la Corona, entendida como su estatus jurídico y sus funciones. Me limito a copiarles el artículo 168, que describe las condiciones para reformar:

Artículo 168

1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.

Permítanme el exabrupto: fácil, mis cojones.
Pero ojo, que no me parece mal que determinados puntos estén suficientemente blindados, precisamente para que el Estado no degenere a un puñado de leyes que jamás se cumplan (er…). Lo que nunca entendí es por qué uno de esos puntos tenía que ser precisamente la Corona2. Vista la evolución de la especie borbónica y sus cuñaos, empiezo a comprenderlo muy bien. Y ahora, si hay algún “nomonárquicoperosíjuancarlista” que me lea, les ruego que se hagan esta pregunta, relacionada con el punto anterior sobre la figura del rey y con éste sobre la reforma constitucional: ¿nunca se han planteado que el rey lleva cuarenta años aprovechándose, y a manos llenas, del blindaje que nuestra amadísima Constitución le ofrece?

Pero si los partidos se ponen de acuerdo, se puede reformar igual… sólo tienen que quererlo
Me encantaría tener ese caudal de optimismo, en serio. Pero pensar de verdad que eso, en la coyuntura actual, es posible, es no haberse enterado de cómo funciona la política —y los políticos— de éste país desde la Transición. Basta tirar líneas entre la Casa Real, empresarios, políticos y, en general, todo el que pinta algo en España. Webs como, por ejemplo, Quien Manda se dedican precisamente a tirar esas líneas, y bastan un par de vistazos para comprender que ningún político se va a hacer el harakiri conscientemente. Pero hay más: busquen, miren y extraigan sus propias conclusiones.
En realidad hay una forma sencilla y poco costosa de averiguar qué se quiere hacer, y es preguntar de una vez por todas al ciudadano si quiere monarquía o república. Y para eso existe el referendo consultivo (cuyo resultado no es vinculante), como explica el artículo 92.1:

Artículo 92

1. Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos.

2. El referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados.

3. Una ley orgánica regulará las condiciones y el procedimiento de las distintas modalidades de referéndum previstas en esta Constitución.

Este referéndum se ha usado dos veces: en 1986 (permanencia en la OTAN) y en 2005 (para ratificar la Constitución Europea). En ambos casos, un voto mayoritariamente negativo no habría supuesto necesariamente la salida de la OTAN o el rechazo a la ley comunitaria. Pero su uso para preguntar por la forma de Estado daría una idea a sus señorías de qué quiere la ciudadanía de verdad (y vuelvo a lo mismo: sospecho que volvería a salir monarquía, aun por poco margen) y actuarían políticamente en consecuencia, en lugar de decidir, como hasta ahora, que los españoles son demasiado inmaduros para preguntarles nada. Es relativamente simple, pero tampoco lo hacen. Las razones sólo puedo sospecharlas y algunas las he hilvanado arriba.

¿Y si sale república, qué tipo de república queremos? ¿No habría que proponerlo antes?
En mi opinión, no es necesario; el sistema actual ya tiene unas cámaras legislativas y un poder ejecutivo encabezado por el presidente del Gobierno. Se puede transitar sin problemas a una república, pues las instituciones ya están disponibles, simplemente eliminando la figura del monarca como jefe del Estado y, después, convocar elecciones a cortes constituyentes y elaborar una constitución, o reformar la actual, a partir de —esta vez sí— un mandato popular. Lo repito para los del fondo: un mandato del pueblo, que es algo bien distinto a llamar al pueblo para decirle “esto es lo que hay”.

Mi escenario hipotético sería el siguiente:
1) Uso del artículo 92 para preguntar por la forma de Estado. Supongamos que gana la república.
2) Aunque el referéndum no sea vinculante, los partidos atienden al resultado y elaboran una reforma constitucional que elimine tanto el título II, como el artículo 1.3, como todas las referencias al rey y a la corona que aparecen en el actual texto (y que son principalmente inútiles, pues todos los actos del rey en esos casos se producen a propuesta del gobierno o de las Cortes). Es decir, se deja todo como está, pero sin rey ni Corona.
3) Se aprueba la reforma por el procedimiento del 168, se disuelven las cortes, se convocan cortes nuevas (que podrían ser mismamente constituyentes, si se quiere ahorrar tiempo y gastos) y, al final se ratifica (suponemos) en referéndum.
4) Se elabora una reforma constitucional que defina cómo será la nueva república. Obviamente para esto el consenso sería más necesario que nunca, lo que implica hacer concesiones de todas partes. Pero el resultado sería mucho más honesto y democrático que el del 78.

Como digo, es un escenario posible, y seguramente tan ideal que no va a suceder en la vida; al menos, no con estos partidos que ahora mismo pueblan las Cortes.

Pues si no te gusta, preséntate a las elecciones o vota a partidos que lo propongan
Exactamente. Esta es la única aseveración completamente cierta, y es lo que yo con mi voto (uno, no tengo más) pretendo hacer. Ese voto en las próximas elecciones será para aquel partido que garantice, de manera convincente, que propondrá, luchará y votará por la disolución de la monarquía y el cambio de España hacia una república. Será mi primera condición, aunque después vengan otras. Pero la “asignatura llave” de mi voto será esa.

Y, aunque he explicado mil razones para que así sea, la fundamental está en el primer párrafo de esta larguísima nota: ese único ciudadano que marca la diferencia.


1 En realidad es más de uno, técnicamente hablando, pero simplifiquemos así por el momento.

2 Para que se hagan una idea, solamente cambiar el orden de sucesión para que el varón no tenga forzosa precedencia frente a la mujer requeriría seguir todo ese follón de procedimiento. A pesar de que esa precedencia viola el principio de igualdad ante la Ley que la propia Constitución protege.

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