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Todología con bigote
Ligeti

De ciertos genios casi desconocidos se acuerda uno sólo en el momento de su muerte, cuando un obituario sorpresa en el diario de mayor tirada te recuerda que aún existían. Por eso me sorprendí de la muerte de György Ligeti, compositor a quien sólo conocía por su escalofriante acompañamiento musical en “2001: Una Odisea en el Espacio”, de Kubrick. Aparecía su nombre en aquellos títulos blancos sobre fondo negro del final, junto a Khachaturian y los Strauss, y en mi ignorancia lo situaba en aquel “ex témpore” (perdón si el latinajo está mal escrito) en el que moran los inmortales del pentagrama. Kubrick lo recuperó para ciertos pasajes de su obra póstuma, “Eyes Wide Shut”, y un documental producido en honor del director británico me mostró que Ligeti aún respiraba el aire del siglo XX.

Ahora Ligeti ha muerto y yo me quedé en su “Lux Aeterna”, en el que Kubrick hizo sonar entre la silenciosa negrura del espacio, por lo que desde este momento, todo lo que descubra de este compositor estará enclavado en la categoría de mítico.

Por ello, prefiero comenzar yendo más allá de “2001” con este emotivo (y maravilloso) texto que me he encontrado en El Florido Byte:

Fábula del tiempo suspendido : György Ligeti : 1923-2006

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