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Todología con bigote
De personas extraordinariamente normales

He presenciado una cosa curiosa al venir para Santiago. Por esas casualidades de la vida, en el mismo avión viajaban dos personales de lujo: los actores Luis Tosar y Ricardo Darín. Entraron poco después de iniciarse el embarque y se sentaron en las filas delanteras, con lo que las personas que embarcaron después (es decir, prácticamente todo el pasaje), pasaron delante de ellos y no pocas se fijaron en los ilustres pasajeros. Ya desde el principio fue divertido porque la gente miraba, dudaba (poco, su identidad era indudable) y continuaba su camino con esa sonrisilla entre traviesa y nerviosa que ponemos en situaciones semejantes.

Como suele pasar en los vuelos a Galicia (nota mental: investigar esto), viajaban bastantes mayores, sobre todo señoras, y en esas una de ellas, al pasar ante los actores y amigos y tras un momento de vacilación, se detuvo y pidió hacerse con ellos una foto. A partir de ahí, lo pueden suponer, se abrió la veda de risas y peticiones. Lógicamente, las prisas del embarque no podían permitir atender a todas, pero ambos aceptaron de buen grado los deseos de sus fans y más de una (y uno) se marchó a su asiento con la foto en su teléfono, como un trofeo.

Mientras eso pasaba, dos mujeres, jovencísimas, pijísimas, peripuestísimas, maqueadísimas, y sobre todo plastísimas de lo suyo miraban y comentaban con displicencia la situación, con frases sacadas del “Manual De Las Que Están Por Encima De Todo Eso” (sea lo que sea Eso), típicamente “ay, no sé por qué la gente se pone de esa manera, si son personas normaaaaales”, “de verdad, cómo es la gente con los famosos” y otros hitos del vueltadetodismo, mientras buscaban y rebuscaban en sus bolsos los garobios y fildurcios1 que se habían comprado en su última visita. No fueron las frases, sino el tono lo que me irritó profundamente.

Pues mirad, muchachas, no. No son personas normales. O no exactamente.
No lo son porque mucha gente las admira por lo que hacen, por su trabajo, por sus éxitos, por su cercanía, vaya usted a saber…, por eso se emocionan cuando les tienen cerca y consideran que su día está completo por haberles podido saludar o por llevarse una foto de recuerdo. Algo que uno normalmente no se encuentra todos los días, porque la vida en general es monótona. Vosotras igual sí, no lo sé. O igual os da lo mismo porque tendréis vuestros propios ídolos, que no tendrán nada que ver con los de esas señoras.

Y yo a esas señoras las vi pasar desde mi fila seis cuando terminaron y venían felices, sonrientes, como si para ellas el día ya no fuese capaz de mejorar; desde luego su impresión del vuelo ya sería totalmente diferente. A mí, como simple observador de lo que ocurría, me alegraron el viaje sólo con eso. Y todo por un simple gesto por parte de dos personas que se han ganado la admiración desde el trabajo que hacen y que devuelven con agradecimiento esa admiración posando junto a sus fans, a pesar de las estrecheces y las prisas de un avión a punto de despegar. Así que, para ser personas normales, son ciertamente extraordinarias.

1 Ref. Jan y Forges, respectivamente.

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