título
Todología con bigote
Libertad de prensa

Lo malo es tener que celebrar un día internacional de la libertad de prensa, pero resulta que es hoy, y en él se reivindica —se supone— la profesión de informador, se denuncia la censura, la detención de periodistas, los asesinatos de reporteros… en definitiva, todo aquello que impide que el ciudadano pueda acceder a la información y conocer la verdad.

En otros países.

Porque siempre es en otros países, claro. Sorprendentemente, cuando las instituciones y organismos oficiales “celebran” (es un decir) esta jornada, es para denunciar las cosas que suceden más allá de sus propias fronteras. Cuanto más lejos, mejor. Y se descuida la denuncia de los sordos —porque se silencian— pero constantes ataques a la libertad de prensa y, en general, a la libertad de expresión en territorio propio.

Pasa en España. En Estepaís hay asociaciones como FAPE cuya función desconozco más allá de discursitos, participaciones en saraos con canapés y croquetas y, de vez en cuando, algún comunicado para quejarse de que algún periodista enseña los tobillos más de lo debido. Se supone que defiende a la prensa, pero en realidad está más dedicada a defender a sus patronos y le preocupa más que un showman haga un falso documental sobre el 23-F que el que sus medios asociados (y paganinis, imagino) publiquen a diario propaganda, notas gubernamentales o directamente mentiras, disfrazadas como información veraz. No digamos ya cuando a los creadores de verdaderas noticias, esto es, los periodistas que todavía pueden dignificar la profesión —y que no son ni mucho menos todos los de carnet— van viendo cómo su libertad de informar se está recortando poquito a poco. Un día con la obligación de llevar un chaleco para que un antidisturbios no le sacuda si exhibe una cámara. Otro día con el veto, directo o tácito, del vocero de turno del gobierno a una rueda de prensa. Otro con la obligación desde su empresa de acudir a comparecencias sin preguntas o, aún peor, a pactar las preguntas que se pueden hacer, a veces limitadas a una o dos. Otro más con la expulsión del medio en el que han trabajado toda su vida porque, de repente, alguien decide cambiar la línea editorial para obtener favores políticos. Y prácticamente todos ellos obligados a recortar nombres, frases o párrafos enteros porque podrían incomodar a alguno de los grandes anunciantes o accionistas del medio en cuestión. O al gobierno. O a la iglesia, que es lo mismo que incomodar al gobierno.

De la libertad de prensa sin cortapisas se deriva la libertad de expresión, pues allá donde haya abusos podrá haber un periodista para informar de ellos. Y sobre ambas libertades —indudablemente con otras más, pero jamás sin ellas— se sustentan la libertad y la democracia plenas. En un país donde ahora mismo te pueden detener y mandar a la Audiencia Nacional simplemente por ser simpatizante de algo que ya casi no existe (y el texto enlazado es propagandístico a más no poder), donde pueden denunciarte y arruinarte por ofender públicamente a una religión (básicamente a la católica) o al jefe del Estado; donde te pueden sacudir un porrazo por sacar una cámara para documentar un abuso policial, y que encima sea culpa tuya; donde la independencia periodística sólo existe si tienes dinero para pagártela ; donde, en fin, poquito a poco se van poniendo ladrillos en el muro de una nueva censura gubernamental que amenaza con cegarnos a la verdad antes de que podamos reaccionar a tiempo; en un país como ése, digo, de nombre España, está muy bien que en una jornada como ésta nos fijemos en los periodistas encarcelados o asesinados, en los medios clausurados o bombardeados y en todo aquello que viole las libertades en el extranjero. Pero también convendría que levantemos las alfombras de casa, porque allí hay acumulada cantidad de mierda que, por higiene mental y democrática, necesita salir a la luz. Algo que a asociaciones como FAPE, por ejemplo, o a los columnistas mamporreros del régimen, que inexplicablemente siguen con sitio en todos los medios de comunicación, parece que tanta prisa no les corre.

Hay que partir desde dentro, no vaya a ser que pronto la única manera de saber qué pasa de verdad en casa sea preguntándole al vecino.

comments powered by Disqus

 ||—|| 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo la Licencia ColorIuris especificada aquí. El resto son propiedad de sus respectivos autores. El diseño de la página es obra de Jorge Portillo. Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir). Alojamiento provisto por Libro de notas. Gestionado con Textpattern. La caricatura de Groucho Marx es creación de Al Hirschfeld, publicada por George J. Goodstadt. Si quiere saber quién visita este cuaderno y desde dónde, pinche aquí.