título
Todología con bigote
Reseña: "Adolfo Suárez, ambición y destino", de Gregorio Morán

Gregorio Morán es seguramente el periodista que más a fondo ha investigado sobre la vida política del difunto expresidente Adolfo Suárez. Ya lo hizo por primera vez poco después de que Suárez ganase las elecciones de 1977 y en 2008, ya cuando el Alzheimer tenía apartado a político del resto del mundo, decidió abordar una biografía aún más exhaustiva que abarcase también los años del CDS, su última aventura en la primera línea de batalla. El resultado es este libro, que podría, debería considerarse el canon biográfico del expresidente. Al menos parece el único donde el biógrafo mantuvo una prudencial distancia con el biografiado que le permite añadir un punto o dos más de objetividad frente a otros textos.

El volumen comprende tres partes, cada una en sí narrada de forma lineal pero que no están dispuestas cronológicamente. La primera, principalmente derivada de su libro del 79, abarca el período que va desde la muerte de Franco hasta el golpe de estado de 1981 y es sin duda la más jugosa. Aunque la historia se haya contado de mil maneras y desde mil ángulos distintos (hasta la lectura de este libro, mi versión preferida, sin duda, era la de José Oneto), la narración de Morán es minuciosa y el trabajo de documentación es tan denso que llega a agotar al propio lector, a pesar de que Morán es de todo menos aburrido. Especialmente jugosa es la parte en la que relata el ejercicio de prestidigitación de Torcuato Fernández-Miranda para conseguir introducir a Suárez en la terna de candidatos a presidente del Gobierno, a petición del Rey para que no hubiera problemas en designarlo. Ese truco, que no desvelaré pero que el propio Morán cuenta en una divertida entrevista para Jotdown, da pie también a una gloriosa anécdota cuando el autor visita a Fernández-Miranda para darle la oportunidad de leer el manuscrito (y que aparece también en la entrevista citada). La gestación y autodestrucción de UCD ocupa casi la mitad de esta primera parte y resulta una disección impecable del juego de fuerzas dentro de una formación creada con un propósito y con la semilla de su implosión ya desde el principio.

La segunda parte, que comprende la entrada de Suárez en la política dentro del franquismo y esboza ligeramente su juventud en Ávila y el nacimiento de su ambición, o casi, es la menos interesante. Titulada “La Cucaña”, en realidad describe el funcionamiento del escalafón de mando en aquella época y de los mecanismos para medrar dentro de un sistema de familias con poder, siempre bajo la égida del caudillo. Al contrario que en la primera parte, donde casi todo el relato está perfectamente documentado y engrasado, en ésta la narración se se basa, más que en datos, en ir atando cabos1 a partir de unas circunstancias concretas y unos personajes secundarios que acabarán aupando por acción o por defecto a un Suárez con muchas ganas de ser alguien. Sí que tiene, sin embargo, un trasfondo sólido, y es sostener el retrato previo del político como alguien sin mucha formación y con grandes carencias intelectuales, pero con una astucia y decisión a prueba de bomba. Así, observaremos su ascenso hacia la dirección de RTVE y, más adelante, la secretaría del Movimiento, su cargo previo a la presidencia por designación real.

En la tercera parte hemos vuelto a 1981, el golpe de Estado ya es historia (o casi…) y Calvo Sotelo es presidente, mientras que Suárez ha de retroceder a un segundo plano, pero no se queda quieto, sino que prepara un nuevo partido de corte puramente “suarista” partiendo de una base electoral que quedaba en el centro y de sus más fieles escuderos en la etapa ucedea. Lo llamará CDS y permanecerá en él durante diez años, hasta su retirada definitiva de la política. Aunque esta sección es la más corta de todas (nota: aquí tiene este lector una decepción, pues Morán en la introducción al libro hace mucho hincapié en ella como la diferencia principal con su texto de 1979), contiene detalles muy significativos de cómo Suárez, con la ambición intacta, empieza a perder esa astucia legendaria con decisiones más que dudosas en el carácter de “bisagra” del CDS (algunas se demostrarían desastrosas), que, junto con la indefinición del partido y la implicación en él personajes de poco fiar, acabarían por completo con su vida de político.

No va más allá el libro y no sé si es porque Suárez, fuera de la política, perdió el interés como personaje público o, sencillamente, por no hacer sangre con el animal moribundo, pero casi se agradece, porque la lectura le deja a uno un cierto amargor, que también está contenido entre sus páginas. Morán intenta en lo posible ser ecuánime y tanto las virtudes como los defectos de Suárez están tratados con precisión quirúrgica, pero no ocurre así con el resto de personajes que comparten la narración, sobre los que no ahorra cinismo ni calificativos, a veces con insistencia. Aunque la narración es brillante —el autor lo es—, da la sensación de que le faltaba una revisión más o dos al manuscrito, porque hay veces en que repite cosas que acaba de decir en la página anterior (nombres, cargos, posiciones o epítetos) y otras que fía a la memoria, y se nota. Pero estos momentos son minoría en un libro que abruma, literalmente, y que requiere de vez en cuando dejarlo por un rato para asimilar todo ese torrente de información. Igualmente van metidas críticas, algunas muy ácidas, a otras biografías sobre el personaje, que no obstante emplea también como fuentes, pero con contraste y escepticismo. Morán, aun desencantadísimo con el desenlace y posteriores efectos de la Transición, algo acentuado en los veinte años transcurridos entre ambas biografías, desprende una nada disimulada admiración por Suárez, con todos sus defectos y oscuridades, y a pesar del carácter crítico de esta biografía, Suárez es de los dos o tres personajes a los que rescata sin dudar de aquel período, y quizá por eso la sección en la que habla de los años del CDS está, en opinión de quien esto escribe, impregnada de perplejidad, incluso de tristeza. Una tristeza contagiosa en la que, por la brusquedad del final, no da tiempo a recrearse.

El libro de Morán es un texto necesario, no diré que imprescindible, pero sí muy ilustrativo tanto de un personaje como de una época que dejaron efectos perdurables, no siempre ni por fuerza buenos.


1 Se nota, por ejemplo, en que este tercio del libro es más corto y tiene muchísimas menos referencias.

comments powered by Disqus

 ||—|| 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo la Licencia ColorIuris especificada aquí. El resto son propiedad de sus respectivos autores. El diseño de la página es obra de Jorge Portillo. Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir). Alojamiento provisto por Libro de notas. Gestionado con Textpattern. La caricatura de Groucho Marx es creación de Al Hirschfeld, publicada por George J. Goodstadt. Si quiere saber quién visita este cuaderno y desde dónde, pinche aquí.