título
Todología con bigote
Despertar

Las seis y media y entras al tren con cara soñolienta que no oculta tus nervios. Te sientas frente a mí y cruzas las piernas mientras te reclinas sobre la ventanilla por la que ya asoman los rayos de finales de marzo y las fumarolas de niebla cuando se derrite la escarcha de los campos. Tu expresión es tensa, la mirada baila, se pierde en el infinito, regresa brevemente, cierras los ojos pretendiendo dormir pero apenas puedes mantenerlos unos segundos antes de volver a abrirlo. El sueño no va a darte tregua y cambias constantemente de postura manteniendo el ríctus pensativo de la boca. Sacas el móvil del bolso, lo miras, lo bajas, lo vuelves a mirar, lo vuelves a bajar, le enchufas los auriculares y te los colocas intentando abandonarte a la música de alguien que, obviamente, no está consiguiendo hacerte más llevadero el viaje. Te los arrancas de un tirón que quiere ser disimulado, aunque la propia firmeza de tu gesto lo rechaza. Te cruzas y descruzas de nuevo, la vista a la pantalla del teléfono, la vista a la ventana, la vista hacia mí. Suspiras y cierras los ojos por segunda vez, pero antes de que puedas siquiera intentar la proeza de dormirte, el tren se para. Hay un fallo en la máquina y debemos abandonarla en esta estación y cambiar al de enfrente. Un dios mío se te escapa mientras aprietas el teléfono de tal manera que parece que quieras hacerle saltar la pantalla en mil pedazos. Salimos del tren.

En el nuevo coche los viajeros casi calcan sus posiciones de partida; tú también decides colocarte de nuevo frente a mí, seguramente para terminar de contarme tu silenciosa historia. Pasan cinco minutos, seguramente para ti eternos, antes de que prosigamos el camino. Apenas empezamos a movernos das un respingo que te coloca en posición de alerta desde la punta de los pies. Echas mano al bolso y vuelves a sacar ese teléfono objeto de tus odios. Miras la pantalla y, por primera vez en todo aquel amanecer, sonríes. Tecleas algo sobre él, ahora con tal suavidad que parece que estés reconstruyendo los añicos imaginarios en los que convertiste al aparato apenas una ráfaga de tiempo antes. Ahora lo posas sobre tu bolso, sobre tu regazo, vuelves a colocarte los auriculares y, a través de los rayos de un sol que ya inunda el vagón, te oigo cantar.

No sé quién eres. Pero sé adónde vas.

comments powered by Disqus

 ||—|| 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo la Licencia ColorIuris especificada aquí. El resto son propiedad de sus respectivos autores. El diseño de la página es obra de Jorge Portillo. Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir). Alojamiento provisto por Libro de notas. Gestionado con Textpattern. La caricatura de Groucho Marx es creación de Al Hirschfeld, publicada por George J. Goodstadt. Si quiere saber quién visita este cuaderno y desde dónde, pinche aquí.