título
Todología con bigote
Realidades reconstruidas

Aunque no he podido participar directamente en las #MarchasDignidad22M que desde muchísimos puntos de España se han dirigido hasta Madrid, he estado siguiéndolas por internet para comprobar las distintas formas de cobertura que se les iban dando, tanto desde las redes sociales como a través de los medios de comunicación. Y ha sido extraño.

Durante la mañana, la prensa tradicional, absorbida con el circo montado con Adolfo Suárez, ha colocado informaciones sobre las marchas —cuando lo han hecho— muy abajo en sus homes de las ediciones digitales. La consigna principal ha sido silenciarlas, como si no ocurriera nada, a pesar de que mucha gente lleva marchando a pie desde hace varios días. En algunos casos ha habido auténticas canalladas, como limitarse a “informar” de que iba a ser complicado circular por Madrid debido a ellas, haciéndose eco de una nota de prensa de delegación del Gobierno. Esto ocurrió en El País, perpetrado por un esbirro llamado Javier Barroso, al que debería darle vergüenza identificarse siquiera como periodista. Fue la nota más amarga de la mañana, sin haber mirado —por razones obvias— en medios como ABC o LA Razón.

Llegaron las marchas a Madrid y empezó a juntarse tanta gente que, al final, la realidad superó a la ficción que los medios —algunos, los más poderosos— se habían empeñado en construir a medida; si no al dictado del que manda, probablemente sí con el fin de ganar puntos frente a éste. En cualquier caso, poco a poco esos mismos medios comprendieron que ya no tiene sentido silenciar algo que resuena estruendosamente y comenzaron a seguir la noticia, con reporteros en el lugar, streaming en directo e, incluso, alguna que otra columna de opinión. Durante tres horas y media las marchas, manifestaciones y concentración final transcurrieron de forma pacífica y sin incidentes, a pesar de las nada veladas amenazas desde la Delegación del Gobierno, manejada con mano de jierro por la hostiócrata favorita del pijerío gaviotero, una señora con extremada facilidad para decretar el porrazo y tentetieso.

Al final, pasó lo que se temía: cargas de antidisturbios, piedras que vuelan (y, por lo que me cuentan de varias fuentes fiables, exactamente en ese orden), infiltrados poco o mal disimulados, policías y manifestantes heridos (probablemente menos de los que cuentan en el primer caso, probablemente más de lo que nos informan en el segundo; no es raro, es lo habitual cuando se controlan los medios) y, al cabo, titulares para los telediarios exactamente como desean aquellos que mañana después de misa clamarán por la “mayoría silenciosa” que no sale a manifestarse. Quiero pensar que esta vez no les va a funcionar igual de bien. Aquí ya no hay cuatro perroflautas, veinte extremistas o cuarenta antisistemas, como no hablemos de aquellos que se encuentran en el gobierno, manejando a distancia las porras y los gases lacrimógenos. Aquí se han juntado varias mareas de gente de toda condición e ideas, pero con no pocos objetivos comunes y —si se me permite— bastante saludables para mantener una democracia cada vez más frágil. Desde el gobierno se siguen aprobando, o intentando aprobar, leyes que limitan tanto la forma, el momento y el lugar de manifestarse como la capacidad de documentar y presentar a otros ciudadanos y al resto del mundo las formas utilizadas por los ocupantes del poder. Lo hemos dicho varias veces: tomar por sentadas las libertades y los derechos es la forma más sencilla y directa de que nos los arrebaten. Y por eso las marchas, y por eso la respuesta, violenta, manipuladora, mentirosa y despreciable, por parte de las Cifuentes, Victorias, Gonzáleces, Fernándeces, Gallardones y Sorayas del averno. Con la colaboración directa e interesada, no me cansaré de repetirlo, de prensa, radios y televisiones. Aquellos mismos que no han abierto sus informativos con un plano cenital de las manifestaciones pacíficas, sino otros cerrados y bien editados de los oportunos disturbios. Ya que no pudieron construir su ficción, dedican todas sus fuerzas a intentar reconstruir nuestra realidad. Excepto que esta vez hay mucha menos gente dispuesta a consentírselo.

Una observación, eso sí: en mayo hay elecciones, bastante más importantes de lo que parecen; luego no habrá otras hasta un año después, y nueve meses más tarde las decisivas. No es demasiado tiempo, aunque se nos esté haciendo eterno, pero lo importante es esto: las protestas, las manifestaciones, las concentraciones y toda la indignación hay que acabar canalizándolas en un voto dentro de una urna. Creo que es necesario recordarlo, porque cada voto cuenta. Por eso: el 25 de mayo, para empezar, no me remoloneen.


No puedo terminar sin un comentario, ya que hablamos de realidades y ficciones, acerca del surrealista despegue del mundo real del PSOE, especialmente de su candidata a las elecciones europeas, Elena Valenciano, en un encuentro con los autodenominados —ejem, tos— ActivistasPES.

Si pinchan en los tres enlaces verán que en ninguno de esos timelines (a esta hora, 23:12 del sábado 22 de marzo) hay una sola referencia, ni un comentario, ni un tuit, ni NADA, absolutamente NADA, acerca de lo que ha ocurrido hoy en Madrid, a pesar de que ellos como partido jamás han sido capaces de aglutinar a tantísima gente por una idea. En lugar de eso, lo más relevante que parece que ha pasado para Valenciano y su equipo de “activistas” —ay, otra tos— es esto (pinchen en el tuit para ver la foto que le acompaña y comprenderán la idiotez).

Pues eso, que las elecciones son el 25 de mayo… luego llegará el 26, tras haberse pegado su enésimo hostión, y se estarán otro año preguntándose que cómo ha podido ocurrir. Jamás había visto tan desnortado a este partido.

comments powered by Disqus

 ||—|| 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo la Licencia ColorIuris especificada aquí. El resto son propiedad de sus respectivos autores. El diseño de la página es obra de Jorge Portillo. Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir). Alojamiento provisto por Libro de notas. Gestionado con Textpattern. La caricatura de Groucho Marx es creación de Al Hirschfeld, publicada por George J. Goodstadt. Si quiere saber quién visita este cuaderno y desde dónde, pinche aquí.