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Todología con bigote
Otis B. Driftwood: ¿Y aquí de qué se habla?
¿Y aquí de qué se habla?

Aviso a los lectores: Esto que hay debajo es un metapost, es decir, una nota en la que, básicamente, hablo de mí y de lo que escribo, incluso de por qué lo escribo. Es larga y probablemente poco interesante, pero me apetecía hacerla como ejercicio de con(s)ciencia.


A finales de 2008 Delia Rodríguez me engañó vilmente para que me metiera en Twitter, ya saben, ese servicio que formalmente se llama “de microblogging” y que en realidad es la barra de bar más grande del mundo. Por aquel entonces me sentía bastante escéptico con este tipo de herramientas y, francamente, no creía que fuese a durar mucho en aquel chisme que ya entonces parecía una olla de grillos. Yo escribía, junto con un grupo de amigos que todavía conservo —sorprendentemente—, en una web similar, Jaiku, que permitía textos algo más largos y la formación de grupos. No pasó demasiado tiempo hasta que todos acabamos pasándonos a la conversación global y dejando lo particular para el correo electrónico o los chats privados. Jaiku acabó devorado, primero, y desmantelado, después, por el gigante Google, que todavía intenta abrirse un hueco en las redes sociales con su herramienta Plus. Pero, sin duda, el rey del mambo en este tipo de productos sigue siendo, probablemente por bastante tiempo todavía, Twitter.

Han pasado cinco años y ahí sigo, con seis mil seguidores (que no son muchos, pero no están mal teniendo en cuenta que mantengo un perfil relativamente bajo), casi ciento cincuenta mil andanadas (entre tuits y retuits), fama de twitterrágico y tan “apretujao” como el camarote donde se alojaba quien da título a este cuaderno. A base de noticias, políticas en su mayoría (ya saben), dispersión de memes, juegos de palabras, estados de ánimo, microcríticas del ser y la nada (sobre todo de la nada) y, en definitiva, diarreas mentales de ciento cuarenta caracteres, he transitado junto a un grupo de impepinables por los senderos que marca el dichoso pajarito. Durante todo ese tiempo he podido observar tendencias, cambios de opinión, auténticas peleas y alguna que otra pareja forjada a través del contrapunto y las ideas complementarias. En ocasiones actor, pero la mayor parte del tiempo espectador, he sido testigo del triunfo absoluto de gente que sin Twitter habría permanecido, probablemente, en el fondo del pozo de la ignorancia comunal. En algunos casos hemos ganado todos con ese triunfo, que nos ha permitido descubrir marejadas de ingenio e inteligencia. En otros… bueno, salir de la irrelevancia no te saca siempre de la mediocridad. Ustedes seguro que tienen varios nombres en mente.

Una de las consecuencias (¿negativas?) que tiene mi presencia en Twitter es que precisamente este cuaderno se queda un poco desangelado. Aparte de las reseñas de libros (habrá más a final de año) y alguna que otra anotación de lo político-social, lo cierto es que el ritmo de publicación ha decrecido desde un punto de partida que ya de por sí era magro. Pero me gusta el cuaderno, me sigue gustando porque hay veces en que el vitriolo se desborda y una cadena de tuits ni es suficiente ni permite expresar con detalle (léase: a lo bestia) los distintos cambios de humor y cabreos que surcan mi cabeza en el día a día. Incluso así, las notas son más escasas y también más cortas… porque otra consecuencia de tuiter, véase arriba, es haber descubierto a multitud de gente que tiene ideas muy parecidas a las tuyas (y también contrarias) y, sobre todo, es capaz de expresarlas en un blog, una columna digital, una fotografía o incluso un post de consumo rápido tipo Tumblr, con menos retahíla y más exactitud que quien esto escribe. Que no es que me considere malo… simplemente hay quien ya ha dicho, seguramente mejor, lo que uno quería decir, así que para qué repetirlo.

Al igual que en el cuaderno, mi cuenta de Twitter no tiene temática establecida. En su día eso fue una queja (liviana) de algunos lectores de este blog, pero he de decir que no me considero experto de nada, sino un simple observador de lo que puedo. Y es por eso que tanto el cuaderno como el Twitter son un baúl en donde cabe casi cualquier cosa; me gusta así, me gusta intentar alcanzar lugares mentales de cualquier tipo en vez de limitarme a encarrilar los textos por una senda determinada. Probablemente va en detrimento de la calidad, seguro que limita la continuidad, pero es un componente de libertad al que no quise renunciar nunca, tampoco ahora. Sin embargo, sí es cierto que hay unos cuantos temas que se repiten con más frecuencia, por lo que quizá sea cierto que ambas cosas (blog y twitter), con el paso de los años, han acabado definiéndose. Así que, a la pregunta que titula el post, y que realmente nadie me ha hecho con esa exactitud jamás, podríamos responder de muchas maneras:

  • Se habla de política: Sin duda, es el tema principal. No está buscado, ni siquiera lo hago conscientemente, pero descubrí hace muchos años que la política es uno de mis temas favoritos y también el que más me cabrea (¿vendrán unidas las dos cosas?). Lo más habitual es ir repasando las noticias del día que van publicando los principales medios (que, aunque nos pese, siguen siendo todavía los que disponen de más fuentes y más dinero para ello); los exclusivamente digitales, cada vez en mayor crecimiento; lo que otros tuiteros van descubriendo en sus propias prospecciones por la red y, en un porcentaje cada vez más alto, lo que publica un grupo creciente de co-tuiteros que, gracias a su seriedad y detalle en el manejo de sus respectivos campos, se han colocado como fuentes de autoridad, en muchas ocasiones por encima de los propios medios de comunicación. No es algo sencillo al principio, pero con la práctica se aprende sobre todo a filtrar, a intentar confirmar noticias “dudosas” o “demasiado buenas/malas para ser ciertas” y a leer en diagonal siendo capaces de observar los puntos relevantes de la información. Fascina, aunque no sorprende ya, que prácticamente todas las noticias siguen una estructura parecida a la hora de ubicar lo más destacable, por lo que la vista y el cerebro se dirigen a esas ubicaciones de forma casi automática. El repaso de las noticias suele ir acompañado por comentarios de cosecha propia, dependiendo del nivel de cabreo que produzcan… intento no perder el sentido del humor, y creo que lo consigo casi todas las veces, aunque de vez en cuando se me escapa cada cosa que haría mirar al cielo al mismísimo Tourette.
  • Se habla de fútbol: En España el fútbol y la política suelen ir, por desgracia, muy ligados. Es por eso que lo anterior provoca, inevitablemente, este punto. Pero es que además me gusta el fútbol y todo el circo que se monta alrededor de éste. No soy un fan irredento y raramente me verán comentar partidos, pero el Betis tiene presencia casi obligada en mi timeline, que aprovecho también para meterme con gente a la que sigo que, estos sí, son futboleros de pijama y orinal y cuyos cabreos con su equipo me provocan mil risas en domingo. Mi hashtag favorito es #ligademierda, que aparece cuando Madrid y Barsa ganan o empatan sus partidos, manteniendo o ampliando la distancia con sus posibles competidores… que, en los últimos años, suelen ser uno o ninguno.
  • Se habla de periodismo: En paralelo a los dos temas anteriores, se habla y mucho de periodismo. Quienes me conocen o me han leído aquí desde hace cierto tiempo sabrán de mi vocación frustrada de periodista, una profesión tan valiosa que deberíamos cuidar a diario, pero tan maltratada por sus propios protagonistas que se ha colocado en el punto más bajo de las menos valoradas. Tanto este cuaderno como la cuenta de Twitter pretenden, dentro de lo limitado de mi alcance, pelear como lector por periodismo de calidad, necesariamente enfrentado al poder. Por eso, si miran mi lista de seguidos, encontrarán muchos periodistas dentro. Aquellos a los que valoro y que constatan, día tras día, que eso es posible… y jodidísimo de aguantar. Es una lucha contra molinos de viento, pero que por eso mismo ha de ser continua.
  • Se habla de cine, de música, de libros, de arte: Sí, pero en menor medida. De cine, casi exclusivamente cuando alguna película me ha gustado. Si me apetece hacer una reseña explicando por qué, la hago en La Remington. De libros algo parecido, aunque lo suelo reservar para la colección de reseñas. Como la “actitud Boyero” es algo que detesto, me resulta a mí mismo llamativo que me contenga a la hora de poner a parir expresiones culturales, sobre todo sabiendo que a otros que me leen sí les han podido gustar. Eso y, quizá, el haber conocido y congeniado con bastante gente del mundo de la cultura, aprendiendo todo el trabajo que aquello arrastra consigo, me han hecho volverme más conservador a la hora de tirar por tierra el esfuerzo de alguien que sé que ha hecho todo lo posible. Aún así, también puedo soltar alaridos de indignación cuando pienso que en una película o en un libro me están tomando el pelo. Y se hace saber en consecuencia.
  • Se habla de tele: Extrañamente más que del punto anterior. Puntualicemos: televisión casi no veo; española, en un 95% cuando estoy en mi país y el resto a través de las webs que lo permiten. Alemana, casi nunca. Hablemos de series, que sí, y muchas, pero, quizá porque mi forma de verlas no es una emisión de TV, he pasado a considerarlas como propias de otro medio. La paradoja es que cuando veo tele, tuiteo mucho de tele; tanto, que es muy normal que de tanto en tanto la API de Twitter considere que necesite un rato de descanso y me impide continuar; es ese momento en el que me planteo en voz alta “¿de verdad hablo (escribo) tanto?”. Pero da igual, porque en ese momento no hay nadie que pueda oír mis gritos (ni mis juramentos en arameo sobre la familia natural y política del creador de Twitter). En estos años se ha establecido, casi como rito, “retransmitir” algunos eventos que me encantan como cumbres de lo hortera, a saber: Los premios Goya, los Oscars, Eurovisión y los recuentos electorales (esto no es tele, pero lo meto aquí por continuidad). Si en mi timeline existen los momentos auténticamente vitriólicos, seguramente están incluidos ahí.
  • Se habla del habla: En la cuenta de Twitter (en el blog menos, pero como concesión a la simplicidad) se habla en español, inglés, alemán, algo de francés, algo de italiano, catalán en todas sus variantes, gallego, andaluz de la costa e interior y sevillano profundo. Como puse en su día en la bio: “Si algo no se entiende, HABER ESTUDIAO”. Y sí, creo que hemos llegado a ese punto en el que Internet permite que el idioma no resulte un obstáculo para entenderse entre personas que realmente quieren comunicarse. Por eso, la intolerancia —absurda— ante la libre expresión de tu interlocutor no tiene cabida en mi cuenta. Y por eso se encontrarán innumerables juegos de palabras, expresiones locales, expresiones inventadas, frases fonéticas e incluso gritos monovocálicos. Si se pierden, contextualicen.
  • Se habla de lo personal: Podría eludir esta pregunta diciendo que todo lo de arriba es personal, pero sería una bacalá decirlo. Aquí he puesto muy pocos, poquísimos posts sobre mi vida privada, y éste, a pesar del tema que trata, podría ser uno de ellos. En Twitter algo más, pero sin exagerar. Realmente no me siento cómodo contando mi vida privada —de hecho, me resulta incluso incómodo cuando los demás cuentan la suya—, aunque a veces compartir un estado de ánimo sí me ayuda a expresar mejor mi actitud en ese preciso momento. En una versión anterior de este blog contaba que todos teníamos un nivel de exhibicionismo (que mi colega Ramón Nogueras seguramente definiría como narcisista) y buscábamos vías de escape para éste, de formas más o menos disimuladas, según la persona. Seguramente un cuaderno como éste y un post como éste formen parte de ese exhibicionismo, pero no creo que fuese capaz de ir más allá.
  • Se habla con insultos: muy poco, y creo que nunca a nadie que no se lo mereciera de verdad. En general no pierdo el tiempo contestando a imbéciles que no argumentan, y hasta el insulto requiere cierta dedicación.
  • Se habla de sexo: Siempre que se puede. Y de tetas, por lo general de dos en dos.

Y así podríamos seguir, desgranando tema por tema, buscando detallitos en cada sitio que no aparecen en esta lista, encontrando (muchas) contradicciones con lo escrito allí y lo expresado aquí. Aunque, eso sí, espero e intento cada día ser consecuente. Al menos más consecuente que cuando dije, hace cinco años, que lo de Twitter me parecía una chorrada mayúscula.
Y mientras tanto, la “lianta” de Delia se dejó el microblogging a un lado y se puso a escribir sobre memes, con rotundo éxito. ¡Está claro que en algún sitio me desvié de las baldosas amarillas!

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