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Todología con bigote
Elogio de la tortilla
(A Marina)


Si hay algo que ha revolucionado las redes sociales este último año ha sido la tortilla de patatas. Y no es para menos: las agrias disputas entre concebollistas y sincebollistas han demostrado que, por encima de todo, este plato nacional ¡qué digo! transnacional levanta pasiones, despierta viejas y soterradas rencillas, divide familias, causa divorcios y es núcleo de incontables secretos que descansan bajo las tumbas. Por eso es un plato que merece todo tipo de elogios y alabanzas, cantos responsoriales e incluso alguna ópera que está por escribir y debería escribirse.

Ideas Sueltas #33

Ciento ochenta y nueve
Se me queda el cerebro del revés al ver las reacciones de humor (sí, yo también las he tenido) ante la noticia del tipo que ha estrellado el coche contra la sede del PP. Imagino que es porque las bombonas no estallaron y, aparte de daños materiales en la entrada del edificio de Génova, no ha habido que lamentar ningún tipo de víctimas. Que, parece que nos saltamos este detallito, de haber estallado se habrían llevado por delante, con toda seguridad, a recepcionistas y guardas de seguridad antes que a cualquier baranda del partido. Y no puedo evitar preguntarme cuál habría sido la reacción en las redes o en la calle si el supuesto tarao hubiese conseguido su objetivo, porque no soy capaz de imaginar una respuesta definitiva. Y también me pregunto si el presentar al perpetrador como esquizofrénico no es sino un escudo frente a “la plebe”, por si acaso a alguien le da ideas. Y preguntas como estas me hacen preguntarme, a la vez, si se ha degradado tanto el ambiente como para creer posible que eso pueda pasar.

Una muesca que faltaba

Por razones logísticas no puedo escribir un post hoy si no es desde el móvil. Así que aprovecho la coyuntura para hacer algo en el cuaderno que no había hecho hasta ahora (desde una tablet sí lo hice una vez) y, dada la incomodidad de la interfaz, será necesariamente breve. Y es que les iba a contar el chiste del perro Mistetas, que probablemente no lo conocen, pero realmente no son horas.

Madrid, ladrillo visto

Hay algo místico en llegar a una gran ciudad, sobre todo si es por tren o por carretera. El aumento paulatino de la densidad de los edificios conforme te vas acercando a las entradas de la urbe, difusas entre enjambres de naves industriales y centros comerciales, sin distinguir una raya concreta que te indique que “a partir de aquí” comienza la civilización o el caos, según se vaya viendo.

Frasier

Hoy búsquenme en La Remington, que me he puesto a hablar (y hablar, y hablar) de la serie protagonizada por Kelsey Grammer.

The art of fúmbo

Cuando estaba en mi último año del instituto tenía un compañero, un año mayor que yo, que era árbitro de fútbol provincial los fines de semana. Lo suyo era auténtica vocación, algo que en el arbitraje debe de ser lo habitual, porque si no no me lo explico: le pagaban una cantidad simbólica (creo que no llegaba a mil pesetas, 6 euros, por partido), le daban en el mejor de los casos un bocadillo como “dieta” y en ocasiones tenía que pagarse él mismo el desplazamiento. Pero la señal más clara de que arbitrar era una pasión que le escapaba a toda lógica eran las barbaridades que me contaba de algunos encuentros, que incluían, aparte de los insultos inherentes al cargo por parte de las aficiones, amenazas nada veladas de palizas, huidas de algún campo de albero bajo una lluvia de pedradas e incluso algún amago de tirarle al arroyo.

Epístola a los barajenses

En el principio fue la puerta de embarque. Y el verbo. Concretamente el verbo esperar, predicado siete horas.

*****

La transformación de la zona comercial de Barajas no la ha vuelto más luminosa; aunque, sin duda, hay muchos más puntos de luz, artificial y molesta. Ahora la han plagado de pantallas electrónicas donde los anuncios en video silencioso rodean desde arriba a los asientos de los agotados viajeros, vigilándolos desde cuatro metros y medio de altura. Un poco más allá, una tienda de ropa exhibe en su entrada otro panel, éste hasta el suelo, en el que una seductora modelo no deja de mirar y sonreír a los paseantes. Sólo falta la voz en off de “Blade Runner que anunciaba, entre el smog y la densa lluvia ácida de Los Ángeles en permanente noche, nuevas oportunidades en las colonias del mundo exterior. No es exactamente lo mismo, pero se aproxima bastante. Menos mal que dentro no llueve, aún.

Preguntándome (XXIII)

¿Qué tiempo hará mañana?[*]

[*] Es que salgo de viaje. ¡A veces me hago preguntas mundanas!

Hoy podríamos hablar de Venezuela...

… pero antes, permítanme un inciso para hablarles de una nueva ley de seguridad ciudadana, también conocida por su denominación punk, ley mordaza, que convertirá en sospechoso a cualquiera que grabe con una cámara los abusos policiales en una manifestación (por ejemplo). O que, a punto de o tras recibir un golpe de porra de los servidores de la ley y el orden, automáticamente se vea con una multa casi impagable por soltarle un espontáneo y merecido exabrupto al porrero o porrista. Y lo mejor de todo: que en un caso o en el otro el criterio del agente de la autoridad para imponerle dicha sanción (civil y, por lo tanto, fuera de todo proceso debido) es completamente arbitrario.

Aniversario

Me llega un correo de Tuiter diciendo que mi cuenta en ese servicio cumple seis años (yo juro que sólo entré a mirar), y eso me ha recordado otro aniversario aún más importante, el de este Cuaderno que ustedes leen ahora mismo. Fíjense si es importante que se me olvida toditos los años, porque El Cuaderno de Otis B. Driftwood, que es como se llama desde un principio, comenzó un cuatro de diciembre del año 2002, cuando apenas llevaba unos meses recorridos de mi primera etapa alemana y tanto el frío como los disgustos me impulsaron a poner barrabasadas por escrito.

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