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Todología con bigote
Niebla

Del final del otoño me gustan sobre todo esas mañanas en las que la niebla, que no termina de caer y se queda flotando enredada entre las ramas peladas, parece la última sábana que se te queda pegada antes de arrancar el día.

A veces no hay manera de despegársela.

Ideas sueltas #30

Ciento setenta y tres
Rajoy sacrifica un peón para ver si consigue remontar una partida que tiene casi perdida. Era eso o encontrarse con una ministra implicada judicialmente —ahora sí— en el caso Gürtel en pleno pleno1 del Congreso sobre regeneración democrática. Esta vez ni siquiera le ha salvado su ascendiente en el partido, y el apoyo del Fiscal General al auto del juez Ruz ha sido la bandera roja necesaria para cortar el último hilo que sostenía a la ministra. Que no la han dimitido por torpe, ni por incompetente, ni por inútil, ni siquiera por corrupta. La han dimitido… porque la han trincado, ni más ni menos. Y sí, aquí dimitir es verbo forzosamente transitivo, diga lo que diga la RAE.

Aforismo calmante

Escribir bajo el efecto de los analgésicos es casi tan productivo como pintar paisajes con acuarela blanca.

Neuschwanstein (Noi-shvánsh-tain)

A mí me gustaría contarles que en esta época del año lugares como el castillo de Neuschwanstein disfrutan de una bien ganada paz ambiental tras varios meses de trasiego continuo y abarrotado de turistas. Y que a mediados de noviembre uno puede disfrutar, casi místicamente, de la majestuosa naturaleza que rodea a la construcción decimonónica.

El obispo-mopa

Regresando al tema de antier, y por si no pudiesen sus eminencias (un día habremos de averiguar a qué eminencia se le ocurrió tratar de eminencia a un cura) hacer un ridículo más espantoso, aparece hoy la fotito de los obispos de Graná haciendo la babosa sobre el mármol de la catedral —que, suponemos, fue convenientemente fregado y desinfectado antes, aunque no sabemos si también después— a modo de postración para pedir perdón por sus conscientes ignorancias. Una imagen patética a la vez que inservible, especialmente para víctimas y familiares.

La máquina está rota

En el caso del desahucio de Carmen, la señora de ochenta y cinco años cuya imagen desconsolada ha llegado incluso a la prensa extranjera, hay tantas cosas mal que no sé por dónde empezar a romperlas. Un tipo que pide un préstamo poniendo como aval el piso de su anciana madre, sin decírselo. El préstamo lo contrata con un particular al que no le duelen prendas en aceptar semejante garantía. El interés, de acuerdo con las cifras que se dan en la prensa, se podía considerar como usura (sacada del Código Penal por un gobierno del PSOE, por cierto). Se ejecutó la hipoteca y apareció una docena de policías en siete lecheras para sacar a la mujer de la casa en la que ha vivido durante cincuenta años. Para cerrar el drama, el Rayo Vallecano (la señora vivía en el barrio de Vallecas) anuncia que pagarán a Carmen el alquiler de un piso durante lo que le reste de vida, en un gesto que ciertamente les honra, pero que a la vez plantea una foto terrible: la de una administración incapaz de resolver estas situaciones —de hecho, incluso propiciándolas—, abocando a las personas a depender de la caridad de quien tenga a bien ofrecerla.

Preguntándome (XXII)

¿Qué arrastra al pueblo a adorar a gente que lo desprecia?

¿El principio, por fin?

Pasé ocho años en un colegio “de curas” (concertado, sí) que no era especialmente meapilas, en el sentido de que estaba en la media del gremio, pero no por encima. Tenía un profesor en la EGB que estudió interno en otro colegio de la misma congregación, a finales de los años cincuenta. De vez en cuando nos contaba batallitas de cuando los curas les cascaban a porrazo limpio por cosas como salirte de la fila de clase para beber agua u olvidarte de comulgar al asistir a misa (obligatoria, por supuesto). Eran los años de apogeo del nacionalcatolicismo y los desmanes asotanados recibían apoyo claro tanto de las familias de los niños como del Estado que los mantenía1. Todo fuera por la gloria eterna del caudillo, ya saben.

El gran circo cayetánico

La duquesa está en las últimas y ya está montado el gran carnaval frente al palacio de las Dueñas en Sevilla. Ya están los plumillas preparados para dar las últimas horas y entrevistar a las plañideras de guardia, los fotógrafos con el teleobjetivo en ristre, los tertulianos con la nariz afilada para convencernos de que los parásitos somos los demás y los diarios monarquistas con las portadas frescas y pimpantes, las necrológicas actualizadas y a sus columñazos de plantilla registrando la Espasa para encontrar el elogio más original y floreado.

Celtiberia con bigote: Y de postre, castañas

Reconozco que esta sección no sería lo mismo sin La Voz de Galicia y sus sabrosos titulares. Si no fuera por ellos (y, en general, por la gallega idiosincrasia que construye la parte celta de estas notas) probablemente las historias de las que aquí nos hacemos eco provocarían menor levantamiento de cejas y, con seguridad, mucho menos asombro. La frase “pero qué me estás contando” es la que más se me viene a la cabeza cada vez que leo las secciones locales de dicho diario.

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