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Todología con bigote
Anuncios Breves (6)

Ofrezco
Varón de mediana edad pero todavía en situación de merecer se ofrece para inauguraciones de todo tipo, no importa el tamaño ni la espectacularidad del objeto a inaugurar. Se aporta tijera y cinta propia, así como fotógrafo freelance muy complaciente. Barba asquerosa y aspecto repelusero incluidos en el precio, coche oficial a negociar, según evento. Ref. ARCARDE. (vía Salvador Sierra)

Tranquilo, Jordi

Una de las grandes trolas de la política española de los últimos cuarenta años ha sido la de hacer creer al personal que Convergència Democrática de Catalunya es un partido nacionalista, es decir, una formación cuyo último fin es aspirar a una Catalunya independiente o, en todo caso, confederada con el resto de España. En realidad, y a las acciones de este partido me remito, jamás ha sido así. Lo que no quita que usasen el nacionalismo como un arma ciertamente poderosa para asentar y consolidar su poder e influencia, tanto en la autonomía catalana como en el gobierno central. Durante un cuarto de siglo los convergentes, con Jordi Pujol a la cabeza, consiguieron mimetizar la nación catalana en los símbolos y los dirigentes del partido, hasta el punto de que en el resto de España se identificaba a “los catalanes” por las palabras y obras del molt honorable y su séquito

Reseña: "Commodore, A Company On The Edge", de Brian Bagnall

Antes de la era del PC, antes de la explosión de gigantes como HP, Dell o Apple, antes incluso del omnipresente Windows de Microsoft, la mayor compañía de ordenadores del mundo se llamó Commodore. Y su fundador, un estadounidense de origen polaco llamado Jack Tramiel, empezó reparando máquinas de escribir y vendiendo calculadoras y construyó un imperio sin tener ni idea de informática o electrónica; sólo con una engrasadísima intuición sobre lo que podría funcionar en el mercado y una agresividad a prueba de bomba, Tramiel hizo de Commodore el símbolo americano por excelencia del microordenador personal, al ser el primero que decidió producir y vender masivamente un aparato que, por entonces, poca gente tenía idea de para qué podría servir.

Paseítos: Landsberg am Lech
Ideas sueltas #19

Ciento ocho
El ARCARDE de Sevilla, er Juaninnasio Soido, se ha sacado una ordenanza de la manga que prohíbe hacer casi cualquier tipo de ruidos por la calle, dentro de un bar o incluso fuera de él. Eso sí, a los plastas de las bandas semanasanteras que ensayan tarde sí, tarde también durante diez meses al año, a esos los deja francos para que sigan desafinando a gusto mientras uno intenta dormir la siesta. Y es que nada más peligroso hay Sevilla que cuando el ARCARDE se aburre y le da por inventarse papeles. Lo próximo será multar al Sol por incumplir las normativas antiincendios.

Celtiberia con bigote: Casi preferimos el dinero, eh...

Volvemos a Galicia, concretamente a la localidad de Poio (inserte su chiste con patacas aquí), en donde que se demuestra que no hacer lista de bodas conlleva ciertos riesgos:


Asfaltados como regalo de boda en Poio
El PP denuncia que se asfaltan caminos a parejas que se casan en el Ayuntamiento

Preguntándome (XIII)

¿Estamos a punto de que nos visite una tercera guerra mundial, o en realidad la tenemos desde hace décadas atrincherada en el cuarto de las escobas?

La pucheros

Llamar “pucherazo” a lo que ha hecho Cospedal no es del todo exacto. Con este término nos referimos normalmente a la manipulación de los resultados electorales una vez escrutados. La adición o supresión de votos, los conteos sin control y otras técnicas más elaboradas son ejemplos de pucherazo, palabra que por lo que leo procede de la Restauración Borbónica del siglo XIX y la época del turnismo. En los municipios controlados por caciques se guardaban votos fraudulentos en pucheros, que luego iban a parar a la urna según fuera conveniente.

Panchazos

Primero léanse estos dos tuits de abajo y reflexionen unos segundos sobre ellos:

Ideas sueltas #18

Ciento una
Qué bajonazo lo de Álex Angulo y qué sorprendente comprobar la unanimidad sobre la calidad de su trabajo. Sé que me van a sacudir por decir esto, pero lamentablemente no hay demasiados actores buenos en España, aunque desconozco el motivo. Álex Angulo poseía una naturalidad pasmosa, tal que incluso sus personajes más marcianos, como el padre Berriartúa de El Día de la Bestia, se antojaban perfectamente reales. Mi personaje favorito fue ese agobiadísimo y “apenao” Blas Castellote de la serie Periodistas, quizá el único realmente creíble de todo el reparto por la normalidad que representaba. Se lo llevó un accidente de tráfico, y ahora siento que la profesión de actor en España se ha quedado cojísima.

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