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Todología con bigote
Niños Robados

Dicen los que conocen eso que no hay mayor tragedia para una persona que perder a un hijo. Es algo que yo espero no experimentar jamás y que, precisamente por eso, encuentro difícil de describir con palabras, quizá porque las palabras para describirlo no se han conseguido inventar. Y ya no sólo para conseguir entender, siquiera mínimamente, lo que puede sufrir una persona a la que la vida castigó con tal pérdida, sino para poder situarme en el corazón de aquellos a quienes, encima, eso les pasó porque otra persona decidió arrebatárselo.

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Un Rato demasiado largo

Una cosa que me maravilla es la facilidad que tiene la gente de montar un mito alrededor de una persona. En el caso de Rodrigo Rato, le quedó tras ocho años en el gobierno una fama de economista competente y de ministro serio que le sirvió, entre otras cosas, para que le nombraran presidente del Fondo Monetario Internacional, más conocido como el supermercado de los recortes. Duró allí lo justito y salió escopetado poco antes de que estallara una crisis que, al parecer, le debió pillar leyendo el Diez Minutos, ya que ni se había coscado de lo que venía. Lo colocaron luego en la presidencia de la mayor caja de ahorros de España, en parte por esa pátina de buen gestor y en parte para sacárselo de encima ante un posible relevo en la cúpula de un PP por entonces en horas bajas. Debió de ser la única vez en la que la señora condesa y el hombre de la letra jeroglífica se pusieron de acuerdo en algo. Hoy Rodrigo Rato, alias señor Momentito (como decían los de Gomaespuma en una frase que al final ha sido premonitoria), ha anunciado su dimisión del cargo al enterarse, o eso dicen, que el Estado inyectará entre 7 y 10 mil millones del dinero de todos en tratar de sanear una caja que hacía aguas por todas partes. Otra teoría, ésta oficiosa, es que le han invitado a irse visto el desastre que ha armado en la otrora superpoderosa institución; ya ven ustedes las maledicencias que se difunden sobre el überministro.

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Borbo-borboniza-cion!

(Dijcleime: estoy con un teclado americano en un portatil: no hay tildes, no hay enies, no hay ganas de ponerse a buscarlas. Fin del dijcleime)

Para alguien que trabaja y vive del sistema politico no hay nada que acojone mas que un conflicto institucional, aunque le toque solo colateralmente. Dentro de este excelso grupo no estan solamente los politicos con cargo, sino tambien sus partidos, las instituciones que directamente dependen de ellos, incluyendo patronal y centrales sindicales y, desde luego, bastantes mas periodistas de lo que seria deseable.

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Cómo cargarse el Bundestag, por Heribert Prantl

Un polémico proyecto para reformar el reglamento del Bundestag está ahora en lo alto de la discusión política alemana. Por su interés, reproduzco aquí, traducido, el texto del jefe de nacional del Sueddeutsche Zeitung, Heribert Prantl:


Cómo se destroza al BundestagHeribert Prantl

El Parlamento se llama Parlamento porque allí se conversa, porque allí se ha de conversar; tanto, tan inteligentemente, tan disputadamente y tan convincentemente como sea posible. El Parlamento es, según la letra y el espíritu de la Constitución, el lugar más libre que puede imaginarse. En ninguna parte está la libertad de expresión tan protegida como allí, en tanto que los diputados van allí precisamente para conversar. El nuevo reglamento que se planea es el libro de instrucciones para cargarse al Bundestag.

La libertad de palabra de los diputados libres podría terminar del todo. Exactamente eso quieren imponer los líderes de los grupos a sus parlamentarios: el que quiera a toda costa explicar por qué vota lo que vota, deberá hacerlo en el futuro por escrito, justo antes de la votación y en tan pocas líneas como sea posible. Y el presidente del Bundestag deberá en el futuro imposibilitar, en la práctica, dar la palabra a un diputado que quiera expresar una opinión distinta a la de su grupo.

Si los diputados realmente deciden eso, entonces decidirán su propia incapacitación, pues convertirán al líder de su grupo en un tutor. También se podría organizar al Parlamento igual de fácilmente y de forma mucho más barata si se convierte a los respectivos jefes de grupo o al presidente del Parlamento en depositantes de votos.

El derecho a tomar la palabra es el corazón del estatus constitucional del diputado. Éste puede, y así lo confirmó el Tribunal Constitucional en 1959, en un caso extremo incluso hablar contra la voluntad de sus compañeros de grupo. Habría que escribir esta frase en letras enormes sobre la entrada del Bundestag: Los parlamentarios se llaman así porque pueden hablar.

Pueden encontrar el original aquí.

¿Y ahora qué le digo?

Tuve hace años una discusión, amistosa pero ciertamente frontal, con un compañero de carrera procedente de otra ciudad andaluza. Por aquel entonces (principios de los noventa) otra crisis se cebaba con el país y el paro volvía a resultar un problema, aunque desde luego ni mucho menos tan grave como hoy día. El PSOE estaba ya en las últimas y el cambio en el gobierno era previsible, aunque tardaría un par de años más en producirse.

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Son los mismos

Son los mismos que se quejan por los guiñoles franceses metiéndose con Contador y Nadal, que son los mismos que piden libertad de expresión por el follón de las caricaturas de Mahoma, que son los mismos que encuentran estupendo que a Javier Krahe se le procese por cocinar un Cristo, que son los mismos que hacen chistes de catalanes, de Lepe y del Barsa, que son los mismos que cuando se meten con su tierra, su ciudad o su equipo de fútbol amenazan con hostias (sin consagrar), que son los mismos que hacen humor con las torres gemelas o el tsunami de Indonesia, que son los mismos que afirman que “no se puede hacer humor” con ETA o con el 11-M, que son los mismos que siguen a @masaenfurecida porque da caña, que son los mismos que dejan de seguir a @masaenfurecida porque les da caña.

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El despertar de la memoria

El segundo juicio a Baltasar Garzón, acusado de prevaricación por declararse competente para abrir una investigación sobre los crímenes del franquismo, dejando aparte sus consideraciones jurídicas y la perversidad que tiene el que sea el juez el único encausado por este asunto, ha tenido una buena consecuencia: por primera vez en más de siete décadas, las personas afectadas por dichos crímenes (al menos las que quedan vivas) han podido ser escuchadas ante un tribunal. Por una vez, tras una vida entera de absoluto ostracismo, las víctimas del fascismo han tenido un micrófono “oficial” ante el que han podido contar sus casos. Y todos1 hemos podido leer, ver y oír a esa gente que sólo pedía una cosa: saber dónde están sus desaparecidos.

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Con crisis o sin ella, no perdamos las buenas costumbres...

… ¡FELIZ DÍA DE LA MARMOTA!

The Artist

De vez en cuando, ese cadáver con patas que es La Remington de Joe Gillis resucita cuando alguna película lo merece. Ha llegado el momento.

Por encima de las posibilidades... ¿de quién?

FRANCISCO PASTOR GUZMÁN, lector de El País, les envía esta carta que suscribo completamente.


Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, nos pide a los españoles “un esfuerzo más”. Alberto Fabra Part, presidente de la Generalitat Valenciana, dice que los valencianos “vivíamos por encima de nuestras posibilidades”.

Trabajo desde hace 14 años en I+D y desde hace 10 años lo compatibilizo con unas horas semanales de profesor en la universidad. Me esforcé de niño y adolescente en intentar aprender, sacar buenas notas y pasarlo bien. Me esforcé en la universidad para sacar la carrera y pasarlo bien. Me esforcé luego dando clases particulares y continúo ahora esforzándome en mis dos trabajos. Hace 10 años, junto a mi pareja, compramos un piso que entraba dentro de nuestras posibilidades. Ahora, tras 10 años de esfuerzo, hemos ahorrado el dinero suficiente para pagar lo que nos queda de hipoteca. Llevo años esforzándome y nunca he vivido por encima de mis posibilidades. Podía permitirme coches más caros pero no los he comprado, nunca he pedido un crédito para irme de vacaciones, reformé mi piso cuando tuve dinero para hacerlo. Me esfuerzo en educar a mis hijos lo mejor posible, los llevo a la escuela pública y me esfuerzo en la asociación de padres para ayudar a mejorarla. Cuando mis hijos enferman los llevo a la sanidad pública y si me queda jarabe en casa le digo al médico que no me haga una receta que no necesito.

Ahora estoy a punto de quedarme sin trabajo gracias a los que han vivido “por encima de nuestras posibilidades”. Ahora me piden “un esfuerzo más”. Yo siempre he pagado puntualmente la hipoteca y lo sigo haciendo así que no he hundido a la banca. Yo no he hecho bajar la Bolsa, no he hundido los mercados, no he inflado la economía, no he especulado con la vivienda, no he organizado carreras de coches en mi ciudad, no necesito un aeropuerto sin aviones, no tengo yate para ver la salida de la Copa América, no he ido nunca a ver la ópera en el Palau de les Arts. Yo no he deteriorado la escuela ni la sanidad públicas, no he tenido becas ni subvenciones, no he cobrado nunca el paro ni he provocado déficit al Estado, la autonomía ni la Seguridad Social. Yo no conozco a Moody’s, Fitch ni Standard & Poor’s pero sí conozco a los que vivieron por encima de mis posibilidades. Yo no les voté, a mí no me representan.

Soraya, el esfuerzo se lo pides a ellos.

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