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Todología con bigote
En préstamo

Ante la galopante falta de ideas que me acosa hoy y el resto de la pantalla en blanco (bueno, en blanco, salpicada por miles de ventanas, que lo mismo va a ser eso. Eso y el dolor de cuello, que ya saben ustedes que me tiene locajo desde hace unos cuantos días, porque eso de tener la cabeza en el ajuste contrario al de “niña del exorcista” es una gaita tremenda; mira, ahora que lo pienso, no estaría mal como disfraz de jalogüín, el de niña del exorcista tocando una gaita… otra alternativa sería ir de Fraga tocando la gaita. O bien de gaita sexy, gaita con los tubos al aire y la bolsa de piel de camella forrada de tafetán. O bueno, de tafetán no, que se arruga, como aprendimos en “El Jovencito Frankenstein”, que también daría para un disfraz bastante apañao para el día de tus muertos, perdón, de los muertos en general, porque los muertos son muy comunistas, ¿saben? Los muertos son de todos, porque al final acaban mezclados con la tierra y se supone que la tierra es de todos; al menos, hasta que la recalifican, que entonces es del cuñao de la mujer del hermano del amigo del compañero de frontenis del constructor. Ir de constructor putilla podría ser igualmente un buen disfraz para jalogüín, aunque en este caso le pegaría más el traje a un concejal de urbanismo. Y hablando de urbanismo y de jalogüín, para miedo de verdad el que dan algunos edificios públicos, especialmente esos parques de cemento y baldosas, sin árboles ni bancos donde estar cómodos… ¿habrá algún disfraz de parque intraurbano buscón?) he decidido dejarles una simple nota que toma prestada un fragmento al azar de una página al azar de uno cualquiera de los libros que tengo acumulados en la pila de pendientes. No mencionaré al libro ni al autor; es más coherente así.

Pero... ¿de qué tamaño es ese ratón?

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Y, sin embargo, te quise

Yo me crié con la televisión, aunque ahora casi no la vea (con excepción de las series vía internet), pero mi infancia fueron muchas horas delante de la pantalla y, por mi edad, me tocó absorber como prepúber y púber lo más granado de la caja tonta española durante los años ochenta. Mis primeros recuerdos eran, sobre todo, cortinillas de programas nocturnos previos a que me mandasen a la cama. Que yo creo que era más bien un asunto de horas que de contenidos: los dos rombos no siempre significaban la patada en dirección al cuarto. Así, alguna que otra noche me dejaban ver Benny Hill o Starsky y Hutch, y los capítulos de Mazinger Z que pasaron por RTVE antes de que la UCD la suprimiera me los tragué con mis primos sin pestañear. En ninguno de los casos entendía necesariamente todo lo que sucedía en la pantalla, pero las imágenes perviven en la memoria.

Consultorio, 27 de octubre

Estimado señor Driftwood: tengo un amigo de un amigo que es demasiado vergonzoso para escribirle directamente, así que me ha pedido que lo haga. Resulta que con toda la movida que ha habido hoy en Madrid, con los registros, los detenidos y tal, ahora necesito necesita pasar desapercibido por un tiempo, así que, aprovechando que es el Jalogüín ese, me le gustaría que me le aconsejara qué disfraz sería el apropiado para que no me le reconozcan por la calle. Comprenderá que no le facilite su nombre, porque soy un político muy conocido y que ahora mismo no sabe donde meterme METERSE. Porque claro, resulta que uno de los regidores que han detenido era mi su mano derecha y tengo tiene ahora a toda la prensa buscándole para que me se explique. Esto es un follón de tres pares y he de esconderme como sea está un poco confuso. ¿Podría darme ideas? Para mi amigo, digo. El amigo de mi amigo, quiero decir. Le quedo muy agradecido, Tomasín señor Gómez Invictus T-Bone CLODOALDO

Preferentemente no

Una cosita que me ocurrió hace algún tiempo: por razones que no vienen al caso, tuvimos que descifrar entre mi santa y yo un contrato bancario de unas pocas páginas en el que se describe un depósito a plazo con una cierta retribución y del que se devuelve al final una parte en acciones. Nos hemos tirado un rato bien largo, dos personas “con estudios” para entender qué, cómo, cuándo y cuánto se devolvía en cada caso, además de en qué condiciones y con qué porcentaje se retribuía. Eso en un contrato más o menos claro y que, estoy seguro, no es de los productos financieros más complicados.

Ideas sueltas #27

Ciento cincuenta y cuatro
La vida del Buscón llamado Francisco Nicolás de Tormes, y de sus fortunas y adversidades. Cada día los medios nos crean un pedacito más del personaje que va a acabar suplantando a la persona. Los escenarios ya los construyeron, ahora andan colocándole a los secundarios y pronto, imagino, nos proporcionarán el hilo completo de la historia. El problema que le veo es que está todo muy bien encajado. Demasiado bien, de hecho; tanto, que no me quito de la cabeza el que pueda haber gato encerrado tras toda esta novela de pícaros. Y un gato bien gordo.

Celtiberia con bigote: Ni para ti ni para mí

Lo siguiente que van a leer me lo contó uno de mis follogüers tuiteros hace tiempo. A petición suya he obviado el nombre del pueblo, pero les aseguro que mi fuente es fiable. El suceso va de procesiones (religiosas, se entiende), surgió la anécdota a raíz de una conversación sobre ese caché social que da en mi ciudad natal (Sevilla) ser hermano mayor o miembro de la junta de gobierno de una cofradía, y nos muestra como la Celtiberia provoca que los eventos religiosos, deportivos o políticos tengan rasgos muy, muy parecidos.

Preguntándome (XX)

¿Qué pasará con este cuaderno cuando acabe el año?
Y esta me la llevo preguntando ya desde hace varias semanas.

El cronista Benavides

Había un chiste más viejo que las camisas de Gary Cooper sobre un señor llamado Benavides que se jactaba de conocer a todo el mundo. Tanto es así que sale un día con el Papa al balcón del Vaticano y, desde la plaza, alguien que está observando con prismáticos le comenta al de al lado “no sé quién será ese señor de blanco con boina, pero el de al lado fijo que es Benavides”. Este personaje, aparentemente de ficción, es sin embargo muy real y se encuentra presente en todo periódico y tertulia de radio o televisión digna de ese nombre. Por comodidad, lo llamaremos “el cronista Benavides”.

Libros 2014: Reseñas de la 3 a la 8

Batería de mini-reseñas para continuar con los libros leídos este año. Aunque en este caso habría de decir “tebeos” (o cómics, o novelas gráficas, o como quieran ustedes llamarlos), ya que todas menos una pertenecen a este género. Como siempre, en su sección.

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